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Opinión | El indignado burgués

Pobres cabezas de turco

Pobres cabezas de turco

Pobres cabezas de turco

Es muy corriente que para generar simpatías del público algunos recurran al papel de víctimas, incluso cuando son, o pueden ser, más culpables que el asesino del Zodiaco. En los juicios de Nuremberg, contra los responsables de los crímenes nazis, hubo verdugos que trataron de conmover al tribunal representando un conmovedor rol de mártires del sistema. En algún caso hasta coló. Así es el género humano, más animales que los tigres dientes de sable pero al mismo tiempo crédulos y compasivos.

En esta lista de los que se consideran chivos expiatorios o cabezas de turco para dar pena al personal, van desde políticos a señores supuestamente particulares. Los pobres chivos eran una ofrenda a la divinidad y se les rebanaba el gaznate a mayor gloria de los dioses, para perdonar los pecados de los humanos. Ellos sí que eran objeto de admiración, porque con su sacrificio salvaban a la humanidad del castigo divino. Algunos de los supuestos chivos actuales tienen un morro que se lo pisan.

Veamos. En el número uno de las víctimas hay que situar al ínclito Mazón y mira que tengo pocas ganas de escribir del personaje, pero no hay forma.

Mazón es la víctima por antonomasia. Da igual cuál fuera el resultado de su sobremesa ventorrera (que ya es mala suerte quedar ligado a ese nombre, no podía haber ido al restaurante Casa Paco o La Gran Muralla), los culpables son todos los demás, menos él. Creerá que por mucho repetirlo alguien va a caer del burro. Se dice que en las prisiones nadie se confiesa autor de ningún delito. Pues eso.

Una víctima de libro que ha renunciado a su puesto no por mentir, ni por quedarse de juerga mientras la gente se ahogaba, sino por responsabilidad. ¿Cuála?, me pregunto, en lenguaje cheli. La verdad es que siendo tan cabal, tan comunicativo, tan veraz, no sé por qué ha renunciado al momio.

Así ha anunciado Carlos Mazón su dimisión

Así ha anunciado Carlos Mazón su dimisión / Europa Press

En el número dos yo situaría al emérito, al que todos hemos abandonado debajo de un puente, en la miseria más absoluta y sin pensión de jubilación a pesar de los cuarenta años de servicio. Su hijo, un desagradecido; su nuera, una bruja y los españoles unos desmemoriados. Reconoce un error: haber aceptado un regalito de los jeques. Na, una miseria de cien millones. Él se conformaba con una caja de bombones, pero ya se sabe cómo son estos árabes. Por no desairarlos…

El novio de todos los novios es otro de los que claman por la injusticia a la que están siendo sometidos. Un señor particular que tuvo la mala suerte de vivir con la presidenta madrileña y hacer unos negocietes particulares, sin querer dejar entrar en sus beneficios a la hacienda pública. Unos duros que no van a ninguna parte y que financian al malvado Sánchez. Una persecución atroz por un olvido contable y unas facturas inventadas, que para eso existe la contabilidad creativa.

Ha declarado que tiene dos opciones: o irse del país o suicidarse. Vale, con la segunda acción no me meto, está en su derecho. Para la primera, y por si acaso, yo le retiraría el pasaporte, no vaya a ser que tengamos caso Roldán II.

El Rey Juan Carlos I aterriza en España tras el revuelo con sus memorias

El Rey Juan Carlos I aterriza en España tras el revuelo con sus memorias / Europa Press

Pero no es culpable, no, el malo es el fiscal general que se enteró del asunto cuando sólo lo sabían los vivos y los muertos y después de que el jefe de gabinete de su novia se empeñara en retorcer escandalosamente su confesión de culpabilidad a la voz de "mentir no es delito".

Por cierto, ¿a ningún juez, repeinado o calvorota o como sea, se le ha ocurrido que esa actividad del gabinete ayusil, pagada por los madrileños para servir a fines particulares, sí debería ser malversación de fondos públicos? Lo digo por lo de Begoña.

No podía faltar en la lista de víctimas el flamante ganador del premio de novela Universo Mundial o como se llame. Lo que antes era un galardón a la literatura, con todos los peros que podamos ponerle, y ahora es una oda a famosetes iletrados, ha recaído, ¡oh sorpresa! en un tertuliano fustigador.

Hay quienes comen chopped y quienes se relamen con las angulas, y no forzosamente a los entusiastas de uno les gustan las otras, pero creerse víctima de la conspiración de unos intelectuales envidiosos de su galanura y facilidad de pluma, pues hombre. No se reconoció en su momento a Corin Tellado ni a Marcial Lafuente Estefanía e hicieron muchísimos más méritos que el susodicho para ascender al Parnaso.

Cabezas de turco, pobres víctimas obligadas a cargar con la culpa de otros, sin nada que reprocharse más allá de tener un corazón que no les cabe en el pecho. Llevan clavada la corona del martirio, como San Lorenzo, asado a la parrilla, o San Sebastián, erizado de saetas (y no de las de Semana Santa, que tampoco dejan de ser una tortura despiadada).

El género humano no les merece, por eso nos arrepentiremos más pronto o más tarde de haber sido injustos con ellos. Yo ya me estoy arrepintiendo de lo que he escrito, pero soy muy vago para corregirme. Benditos sean.

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