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Opinión | Tribuna

Ni vencerán ni convencerán, ni nada de nada

La visita de Vito Quiles desata la tensión en la UA: seguidores ultras y estudiantes progresistas se enfrentan en el campus

La visita de Vito Quiles desata la tensión en la UA: seguidores ultras y estudiantes progresistas se enfrentan en el campus / Jose Navarro

Anduvo y anda el patio un poco alborotado con eso de haber tenido en la Universidad a un pretencioso “youtuber”, que ha venido a darnos lecciones no sé bien de qué (tampoco creo que él lo tenga muy claro). Pues mal empieza. A la Universidad se viene a aprender, a escuchar y a debatir con respeto, educación y humildad. Solo sé que no sé nada. A eso vamos al campus el alumnado y el claustro de profesorado; porque aparte de la docencia (misión principal de la universidad y muchas veces minusvalorada) también se viene a investigar. Esto es, se estudia y se aprende porque lo primero que enseña la Universidad es que de aprender no termina uno nunca. Por eso, atención y precaución extrema con quien viene a “aleccionar” sin tener la humildad de saberse un ignorante.

Pero ahí no queda la cosa, si solo fuera que un fatuo presuntuoso quisiera dárselas de salvapatrias erudito la cosa podría ser una anécdota, un asunto menor; pues, por desgracia en la Universidad (en la Alicante y en todas) no faltan pedantes petimetres de esta guisa. Todos somos pecadores. Yo el primero.

Lo que llama poderosamente la atención (y no para mal sino para peor) es que aún no habiendo sido invitado y -consiguientemente imagino- sin los oportunos permisos no se hiciera valer el Estado de Derecho, la Ley, y el manido Orden Público ante este desafuero. Pero no el Orden Público en su malentendida manifestación de porrazos policiales -que también los hubo en el campus, tristemente- sino en su verdadera dimensión de “Orden” como “Paz Social”, fundamento de nuestra convivencia. Esta es, la convivencia pacífica, la que realmente se amenaza y peligra cuando se tolera, por ejemplo, por las Fuerzas del Orden -seguro bienintencionadamente- espectáculos tan poco edificantes como al que asistimos hace unos días. Así lejos impedir el riesgo, haciendo el acto impracticable desde la primera pequeña concentración, lo terminaron -a mi humilde juicio- promocionando al dividir a unos y a otros en “a favor” o “en contra”; en vez de mandar a todo el mundo -el primero al “influencer” devenido en politicastro- a la Biblioteca o al Aula, o la Cafetería, que ahí también se aprende mucho en la Universidad. Tanta Ley de Seguridad Ciudadana, con sus desproporcionadas sanciones -todo sea dicho-, para que, tristemente, los únicos identificados fueran quienes -sensatamente y sin dejarse seducir por soeces cantos de sirenos y banderas al viento-, accedían a la Facultad de Derecho para asistir a sus clases y ejercitar su derecho a la educación… En todo caso, tampoco sé yo mucho de cómo atajar la “rebelión de las masas”. Y, siendo honestos y para poner las cosas en su justa medida, aunque había gente era más bien poca en relación con las más de cincuenta mil almas que cada día vienen y van del campus de la UA. De cualquier modo, el Orden Público, bien entendido, no debería traducirse en otra cosa que en el ejercicio normal y efectivo de nuestros derechos fundamentales, constitucionalmente reconocidos y garantizados.

Tensión en la Universidad de Alicante por la visita de Vito Quiles

Tensión en la Universidad de Alicante por la visita de Vito Quiles / Rafa Arjones

Y hay aquí una clave importante, que no debemos perder de vista. El ejercicio de los derechos reconocidos nunca es absoluto. No somos “soberanos”, sino “ciudadanos”. Y esto vale también para la reunión y la libertad de expresión. Así el ejercicio de nuestros derechos debe inicialmente atenerse siempre a los poco conocidos pero esenciales “límites intrínsecos”, que les son inherentes en el Estado constitucional Social y Democrático de Derecho. Esto es, muy resumidamente, que un coche sirve para ir por la carretera pero, por su propia naturaleza de coche, no vale para volar ni para trayectos bajo el mar, ni mucho menos para ir atropellando a gente por los pasos de cebra.

La reunión y la libertad de expresión (en sus límites intrínsecos) deben primero ejercitarse siempre de buena fe -cosa que parecía faltarle a nuestro visitante indeseado, que de antemano sabía que venía a “liarla” cuanto más parda mejor-, como vemos, lamentablemente, que ha ido sucediendo por los diferentes campus universitarios que mancilla con su tour.

Y segundo, estos derechos -la reunión y, especialmente, la libertad de expresión- deben ejercerse para, precisamente, expresarse, pero no servir de pretexto para insultar sin tasa, sembrar el odio y promover discordia; apelando a la violencia y, en su caso, a los puños tabernarios. Que fue lo que lamentablemente pasó, pues así, de esta forma tan poco constitucional y para nada edificante, se pretendía ejercer estos derechos por el “figura” viral y sus adláteres. Poco de ejercicio de un derecho, por tanto. Y para más desdoro se pretendía ultrajar a estos derechos basilares para la democracia y la convivencia junto a la Facultad de Derecho y, además, en la Plaza de Europa, lugar, este último, de reconocimiento a la concordia de los pueblos y, por tanto, de rechazo y condena radical a la guerra y la violencia, que eso es también el proyecto europeo, que a algunos tanto les escuece.

La Democracia, la Sociedad y la Universidad están llenas de matices y le sobran la polarización y los polarizadores con mensajes vacíos, consignas facilongas y tiktoks. La próxima vez que venga alguien a la UA, que venga con un libro bajo el brazo, en vez de con un “vídeo”. Que venga con una libreta y boli, en vez de con un teléfono móvil. Que venga a debatir y no a dividir. Que, en vez de envuelto en una bandera, venga con la mente abierta. Porque así en la Universidad, y espero y deseo que en el conjunto de nuestra Sociedad, ni vencerán ni convencerán, ni nada de nada.

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