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Opinión | Tribuna

Educar para convivir: hacia una comunidad libre de acoso escolar

¿Qué acciones debemos llevar a cabo los adultos frente a una situación de ‘bullying’?

Redacción

Prevenir el acoso escolar es, quizá, uno de los mayores retos de cualquier colegio. No se trata solo de reaccionar cuando hay un conflicto, sino de educar cada día para convivir. De construir una cultura donde el respeto, la empatía y la cooperación sean visibles en cada aula, en cada pasillo y en cada conversación.

El profesor Dan Olweus, pionero en la investigación sobre el bullying, lo resumió bien: “La prevención efectiva requiere programas estructurados que involucren a toda la comunidad educativa”. Y es que, cuando todo el colegio se implica, el bienestar aumenta y las conductas de riesgo disminuyen.

La prevención efectiva requiere programas estructurados que involucren a toda la comunidad educativa

Dan Olweus

— Profesor pionero en la investigación sobre el bullying

Los datos hablan por sí solos. Según el informe de la UNESCO Detrás de los números: poner fin a la violencia y al acoso escolar (2019), los alumnos que sufren acoso presentan mayores niveles de ansiedad, depresión y baja autoestima, además de un rendimiento académico más bajo. Por eso es esencial actuar con visión de conjunto y estrategias bien definidas.

El primer paso de todo buen colegio es tener protocolos claros y equipos que trabajen coordinados. Detectar señales de alerta, escuchar con sensibilidad y actuar con rapidez y respeto son gestos que marcan la diferencia. En mi experiencia, cuando el profesorado, los orientadores y el personal de apoyo colaboran de forma estructurada, se logra intervenir con más eficacia y acompañar mejor a los alumnos. Las sesiones de tutoría y los programas de educación emocional son también herramientas clave para fortalecer la convivencia desde edades tempranas.

Una pancarta contra el acoso escolar

Una pancarta contra el acoso escolar / AXEL ÁLVAREZ

El papel de los estudiantes es igualmente decisivo. Los programas de apoyo entre iguales (peer support) enseñan a mirar a los demás con empatía, a no callar ante una injusticia, a pedir ayuda cuando alguien lo necesita. He podido comprobar que iniciativas como la figura del alumno acompañante o las campañas de sensibilización lideradas por los propios estudiantes generan un impacto muy positivo. A veces, un simple gesto —escuchar sin juzgar, acompañar, pedir ayuda a un adulto— puede cambiar por completo una situación de riesgo.

Las familias, por su parte, son un pilar fundamental. Hablar en casa sobre el respeto, la empatía o el uso responsable de las redes sociales refuerza el mensaje de la escuela. Los niños deben saber que no están solos y que hablar siempre es un acto de valentía.

El acoso escolar se combate restaurando vínculos. Y eso solo es posible cuando colegio, familias y alumnado caminan juntos. Esta “triangulación educativa” es el verdadero corazón de la prevención. Educar para convivir protege a quienes sufren, pero también forma a toda la comunidad en valores, resiliencia y respeto. Porque solo en entornos seguros y justos los niños pueden crecer plenamente.

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