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Opinión | Crónicas lucentinas

Mar Galindo

Mar Galindo

Esquerra Unida - L' Alacantí

El HLA Alicante y el efecto Faraday

Mar Galindo es profesora de la Universidad de Alicante y doctora en Lingüística Aplicada

La afición del Lucentum anima a su equipo en el Centro de Tecnificación de Alicante en un partido.

La afición del Lucentum anima a su equipo en el Centro de Tecnificación de Alicante en un partido. / Áxel Álvarez

Decía Isaac Newton (este menuda perla era, que diría Rosalía…) que si somos capaces de ver un poco más lejos es porque estamos subidos a hombros de gigantes. Generaciones de científicos han corroborado que no es posible hacer investigación y avance del conocimiento sin tomar en consideración todo lo descubierto antes, así que no resulta extraño que el propio Einstein tuviera en su despacho el retrato de Newton junto al de Michael Faraday.

¿No conocen a Faraday? Ese gran químico londinense que hacía experimentos con monedas y pilas hace cien años y sentaría las bases de la investigación electromagnética. No les daré más detalles de sus descubrimientos, pero el efecto que lleva su nombre se refiere al poder de los campos magnéticos en la polarización de la luz al atravesar un determinado material. Para quienes somos de Letras, todo se explica siempre mejor con una metáfora. Así que, aunque siempre les cuento el baloncesto con metáforas científicas, creo que hoy es un buen día para hacerlo al revés.

¿Creen que nuestro equipo juega igual dentro o fuera de casa? O, en otras palabras, ¿jugar en el Pedro Ferrándiz marca la diferencia para el HLA Alicante? Imaginemos que el Lucentum es la luz (esta metáfora se veía venir, desde luego). Esa luz tiene unas vibraciones, unas direcciones de juego, que se encuentran con un material (el equipo rival, en este caso) al que atraviesa (para llegar a la canasta, por ejemplo).

Lo que demostró Faraday es que ese encuentro de la luz con un material estaba fuertemente influido por los campos magnéticos en que se situara, que podían alterar la dirección de polarización. Pensando que el Centro de Tecnificación es nuestro campo magnético… cuanto más fuerte sea la presión que hagamos, mayor será la capacidad de esa luz de girar al encontrarse con un material. Es como si Faraday viera a Kevin Larsen driblar a los defensas para llegar al aro.

Jordan Walker, en el Centro de Tecnificación, durante el partido contra Zamora.

Jordan Walker, en el Centro de Tecnificación, durante el partido contra Zamora. / Héctor Fuentes

Lo que él dice es que cuanto mayor sea el campo magnético del Ferrándiz, mayor será la capacidad de esa luz de polarizarse, cambiar de dirección en su contacto con un material especial. Cuanta más presión hagamos en el campo, más capacidad imprimiremos al equipo de sortear al contrario cambiando la dirección de juego.

¿Qué les parece? ¿Creen que el Centro de Tecnificación tiene su propio efecto Faraday, que realmente marca la diferencia cuando el equipo juega en casa…? ¿Puede la afición alterar el campo magnético del Ferrándiz para movilizar esa luz lucentina en todas las direcciones posibles al atravesar al rival? Si quieren comprobarlo por ustedes mismos, les espero el domingo por la mañana en el partido contra Alega Cantabria. Viendo cómo han jugado los hombres de Perelló en las últimas jornadas, les garantizo que será un encuentro magnético.

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