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Opinión | Crítica | Teatro

Con un cierto encanto

Imagen de la obra "Mihura, el último comediógrafo".

Imagen de la obra "Mihura, el último comediógrafo". / Jesús Ugalde

"Mihura, el último comediógrafo"

★★½

De Andrés Perea

Dirección: Beatriz Jaén

Don Miguel lo cuenta: "Iba a nacer en Madrid. No estaba inventado todavía y me esperé". Sigue contando su vida y vemos algunos episodios con Miguel siendo joven. Cualquier lector maduro recordará aquella revista humorística, La Codorniz, que fundó en 1941 y que, en diferentes etapas, llegó hasta 1978, año en el que servidor colaboraba en dicha publicación. Mihura, el último comediógrafo, de Andrés Perea, le rinde homenaje, y el interés reside, con su cierto encanto, en la inspiración y aparición de Tres sombreros de copa, de 1932 y estrenada en 1952 por el Teatro Español Universitario, tras tropezar con la incomprensión.

David Castillo, Paloma Córdoba, Esperanza Elipe, Ariana Martínez, Rulo Pardo, Kevin de la Rosa y Álvaro Siankope están dirigidos por Beatriz Jaén en el hábil espacio de Pablo Menor, y se administra bien la complejidad de esta celebración teatral. Tributo al oficio y teatro dentro del teatro. El espíritu de esa obra crítica al mundo burgués y se apoya en lo ilógico de la realidad cotidiana. Mihura estuvo de gira con una compañía de variedades que después le motivó escribirla. Las acentuaciones no resultan muy convincentes, aunque no todo es así y el conjunto actoral funciona. "Todo está en la comedia. No hay que forzar", dice don Miguel.

La obra se ha repuesto muchas veces y es la más recordaba. Miguel Mihura ofreció lo mejor de sí mismo con su absurdo lógico, la trasposición de ideas y el aparente sinsentido, burlándose de los tópicos, las convenciones sociales y los lugares comunes. La ternura y la melancolía se fusionan en su inteligente humor. La dislocación, la vaciedad de las frases hechas… Todo puede ser de otra manera sin querer por ello que las cosas dejen de ser tal como son. Y el sueño inverosímil se ve realizado. Así era este ácrata de derechas. Tuvo que "prostituirse" para poder vivir de un teatro más comercial, aunque imponiendo su sello. No del todo. Amores y desencanto, como se pudo ver en el Principal de Alicante.

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