Opinión | Espejo
En el tiempo de las mariposas invisibles

Conmemoración del 25-N en Alicante, en una imagen de 2024. / Rafa Arjones
Hoy, 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, quiero aprovechar mi columna semanal para reivindicar un libro al que la historia de la literatura no le ha hecho la justicia que merece. Ese libro cuenta la historia de las hermanas Mirabal, asesinadas por el dictador Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana entre 1930 y 1961.
Patria, María Teresa y Minerva Mirabal fueron brutalmente asesinadas por el régimen dictatorial, ahorcadas con un pañuelo de seda. Dedé, la única superviviente, dedicó su vida —hasta su fallecimiento en 2014— a desmontar la versión oficial que aseguraba que sus hermanas habían muerto en un accidente de coche. Luchó incansablemente para demostrar que fueron asesinadas por pertenecer al movimiento revolucionario 14 de Junio y, sobre todo, por atreverse a desafiar la dictadura siendo mujeres.
En el tiempo de las mariposas, escrito por Julia Álvarez, nacida en Nueva York en 1950 pero hija de padres dominicanos, recoge con excelente pluma la historia de las cuatro hermanas cuya memoria sostiene la conmemoración del 25 de noviembre. A mí me regalaron este libro en la adolescencia, cuando devoraba libros más que caramelos. Hoy, desde un reposo obligatorio que me impide participar físicamente en la manifestación, vuelvo a él con emoción y con un profundo sentido de responsabilidad. Mi cuerpo no me permite estar presente, pero sí alzar la voz.
Quiero rendir homenaje a todas las hermanas Mirabal y, especialmente, a Dedé, que —aunque no fue asesinada— luchó al igual que ellas y dedicó todas sus energías a que la verdad saliera a la luz. Gracias a su tenacidad, millones de personas en el mundo conmemoran este día, aunque en Europa muchos aún desconocen su historia, pese a que el eco de su tragedia ha quedado reflejado incluso en otras obras literarias que retratan el régimen de Trujillo, como La fiesta del chivo, del Nobel Mario Vargas Llosa.

Una protesta con motivo del 25-N, en Alicante / RAFA ARJONES
Por eso, hoy, igual que Dedé, quiero alzar la voz por aquellas mujeres con discapacidad invisibles, que solo recientemente han empezado a aparecer en las estadísticas gracias al trabajo de CERMI Mujeres, que ha puesto el foco en estas realidades ocultas. Las mujeres con discapacidad, al ser dependientes, tenemos mayores dificultades para denunciar todo tipo de violencia, especialmente la violencia de género. Apenas existen centros de protección accesibles y, cuando la violencia sucede intramuros, somos dependientes de quienes nos asisten —a menudo hombres—. Esa dependencia facilita la violencia económica, emocional o física, silenciada hasta volverse invisible. Una violencia que ni siquiera figura en las estadísticas.
Hoy quiero aportar mi granito de arena, como Dedé lo hizo por sus hermanas, alzando la voz por todas las mujeres en situación de vulnerabilidad y dependencia que sufren violencia por el simple hecho de ser mujeres y depender física o económicamente de quienes las maltratan. Desde este reposo obligado tras mis caídas recientes, reivindico una vez más la erradicación de la violencia contra todas las mujeres, especialmente contra las más vulnerables. Un grupo al que pertenece quien les habla.
Y lo hago, además, en una semana en la que, si todo ocurre como está previsto, el Partido Popular que gobierna esta Comunidad se lanzará a los brazos de la ultraderecha, aceptando un negacionismo intolerable respecto a la violencia de género y a los derechos de las mujeres. Todo vale a cambio de una presidencia, incluso ceder principios fundamentales para la protección de los derechos de todas las mujeres. Al Partido Popular habría que recordarle aquello de: dime con quién andas y te diré quién eres, o por mis hechos me conoceréis, especialmente este jueves en la investidura de Pérez Llorca, en la que mi voto como diputada, por primera vez, será telemático, pues mis circunstancias personales me impiden acudir al hemiciclo a votar NO, alto y claro, como el resto de mis compañeros.
Así como la historia ha puesto en su lugar a las hermanas Mirabal con la conmemoración universal del 25 de noviembre, también pondrá en su sitio a este gobierno de ultraderecha, que sacrifica los derechos de las mujeres en nombre del poder. Puede que hoy no sea el tiempo de las mariposas, sino el tiempo de las tristes gaviotas; pero confío en que pronto renacerán las rosas, las socialistas, y con ellas, los derechos de todas las mujeres, especialmente las más vulnerables e invisibles. Aquellas de las que ni siquiera se habla.
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