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Opinión | Opinions des d’Elx

Los plenos municipales recuerdan, cada vez más, al día de la marmota

Votación en el pleno de Elche

Votación en el pleno de Elche / Áxel Álvarez

Este pasado lunes, el Ayuntamiento ha celebrado pleno ordinario. Al igual que viene pasando en los últimos meses, llama la atención el repetitivo debate que, sobre determinados temas, se produce entre gobierno y oposición. Hablar, debatir y, sobre todo, descalificar (el y tú más) es una constante en todo el actual mandato. Resolver, de verdad y no sólo en sentido figurado, es otra cosa.

Hay algunos temas importantes para Elx que son fijos para debatir, otros lo son sólo fijos discontinuos y el resto, temporales. Aunque, como en el día de la marmota, muchos de ellos son los que se repiten permanentemente y acaparan los debates plenarios en estos casi dos años y medio del actual mandato. Y, lo peor, es lo que queda, ya que gran parte de ellos no están resueltos, sólo prometidos o, en el mejor de los casos, iniciando, tardía y muy lentamente, su largo proceso administrativo.

Es lo que tiene haber lanzado tantas promesas electorales, y no haberles hecho el correspondiente seguimiento una vez alcanzado el poder. Por no hablar de lo que ha supuesto confiar en la palabra de un presidente de la Generalitat, como lo ha sido el señor Mazón, de infausta memoria, que estaba preocupado de otros temas más personales que de cumplir con su palabra en los temas importantes que nos prometió para Elx.

Ese desinterés, y el miedo a recordárselo, ha provocado que Elx se haya quedado en muchos asuntos sin perspectivas de concreción en el resto de mandato. Es un tiempo perdido imposible de recuperar. Todo el mundo reconoce que, de la célebre triada de grandes promesas, Tram, Clarisas y Ronda Sur, nada se verá en esta legislatura. Tampoco de acabar las obras en el Hospital General, Centro de Salud en Torrellano, Conservatorio, Palacio de Congresos, desdoblamiento de la carretera de Santa Pola, etc., por no hacer la relación demasiado larga.

Un nivel de ineficacia difícilmente comparable. Si ya veníamos de años anteriores, en los que se prometía mucho y se hacía poco, ahora, cuando llegaron los «eficaces», según sus propias palabras, el nivel de despreocupación por Elx ha subido enteros. Qué poco están aportando a este municipio las gestiones de los equipos de gobierno PP-Vox a nivel local, y el Consell desde la Generalitat.

Incluso en uno de esos temas clásicos de los recientes plenos (también en el último), el de la residencia de mayores de Altabix, las soluciones tardan en llegar. Y eso que la situación allí es vergonzosa e inadmisible desde hace años. Ahora, por fin, parece que se desbloquea su salida, y digo parece porque, aunque se avanza en ello, aun no se puede decir que esté asegurada del todo.

El alcalde de Elche, Pablo Ruz, se mostró muy tenso toda la sesión plenaria

El alcalde de Elche, Pablo Ruz, se mostró muy tenso toda la sesión plenaria / Áxel Álvarez

Y este tema ha dado lugar a una lamentable batalla de protagonismo en el pleno, con descalificaciones personales incluidas, con un afán desmedido por ponerse medallas de algo que está sin terminar y que, en todo caso, no augura ninguna buena novedad. Se ha optado por licitar otro concurso para que una empresa privada siga gestionando aquello. De las promesas de que se podría revertir y pasar a la gestión pública, si te he visto no me acuerdo. Y ello a pesar de la mala experiencia sufrida. Se opta por lo más cómodo, no por lo mejor.

Lo acontecido con este tema no tiene perdón. La despreocupación de los anteriores responsables, en el Botànic y a nivel local, es injustificable y así algunos, no todos, lo hemos venido denunciando. Ahora bien, no puede decirse que los que luego llegaron, PP-Vox, hayan tenido mucha prisa en buscar soluciones. Si la residencia estaba en precario, desde el 2022, como dijo el alcalde, también habría que decir que ya lleva así más tiempo con los gobiernos de derecha que con los anteriores, y aún no se ha acabado la tramitación. Así que menos medallas para repartir y más exigencia de trabajo para resolver problemas.

En este tema, como está pasando cada vez más en los plenos, hemos visto intervenciones muy acaloradas del alcalde Ruz. Es sorprendente la renuncia que ha hecho a ejercer ese papel institucional que parecía prometer después de asegurarse la Alcaldía. No se ve la necesidad, ni la conveniencia, de que el alcalde esté metido en casi todos los «fregaos» dialécticos que se producen, y con unas intervenciones propias y ajenas, demasiado crispadas que no llaman, precisamente, al debate serio y sosegado que cabría esperar en todos, pero especialmente en la máxima autoridad. Él sabrá por qué lo hace. ¿Un exceso de protagonismo, tal vez?

Mientras tanto, se van confirmando algunos de los peores presagios en promesas realizadas. El tranvía anunciado se quedará en un autobús, tuneado de tranvía para que dé el pego, que no necesitará de catenarias ni raíles propios, como cualquier otro bus. Será lo que prometió traer el anterior Ayuntamiento y que tanto criticó Ruz en su momento. Y con varios años de retraso sobre aquella propuesta, como casi todo últimamente, y eso si llega a verse algún día. La semana pasada se firmó el convenio con la Generalitat. Un incumplimiento flagrante sobre lo prometido.

En cambio, sí hay que señalar un acierto del alcalde: ha reconocido que fue un error proponer el nombre de la reina emérita Doña Sofía para el pabellón adaptado. Su obsesión por poner nombres de la realeza o religiosos por doquier le jugó una mala pasada. Mucho mejor los nombres de deportistas ilicitanas con discapacidad que triunfan en sus especialidades. Que cunda el ejemplo. n

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