Opinión | Ver, oír y gritar
Apuntes afilados antes de Navidad

Las luces de Navidad inundan Alicante / Alex Domínguez
Una bonita, entrañable y nostálgica comedia, casi un pretexto para que dos populares actores hicieran un magnífico trabajo. Pepe Sacristán y Concha Velasco en aquella obra del gran Marsillach, Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?. Sale a colación porque una de sus irónicas frases afirma que "solo es Navidad cuando quiere el Corte Inglés".
Pues se ve que ya ha querido desde hace días, mucho antes de lo que señala el calendario, y no es atribuir la responsabilidad a nadie. Porque todo el mundo funciona igual. El afán desmedido para romper la monotonía, como ocurre con otras cosas anualmente, da lugar a esos entusiasmos, a llenar las calles. A vender y comprar.
Nada nuevo bajo el sol. A nivel general, mandan las tradiciones de una clase u otra con los objetivos que cada cual pretenda. El guion se repite una y otra vez sin grandes cambios. No hacen faltan. Todos vuelven a realizar las mismas costumbres y a no salirse del redil, que es pecado y está prohibido por las autoridades competentes o incompetentes, según la visión particular de quien esto lea, suponiendo que sea así.
La ilusión puede tener motivos religiosos o darse por la perspectiva de reunirse y y de proclamar "felices fiestas"
En cualquier caso, esta especie de experimento sociológico vuelve a servirse desde el punto de vista de la cultura popular. O sea, la temporada navideña está en marcha con las típicas decoraciones hasta el 6 de enero. La vía pública echa humo y se engalana con iluminación y adornos en una competición a ver qué ciudad obtiene el primer premio.
El alcalde navideño de Vigo entiende mucho de estas cuestiones y siempre quiere saltar más alto. Ganar si es posible con sus doce millones de luces led en 460 calles y plazas. Este señor ha convertido la población gallega en un referente nacional por la ambientación que da cobijo a propios y extraños. Le hace feliz y le gustaría que esa idea efímera y superficial de la felicidad pueda ser compartida para que las penas y las sombras se ahoguen un poco en medio del ruido y en el clásico alcohol de estas fechas.
El brillo y el alborozo aparentes o la proliferación de buenos deseos cabalgan a su aire. El personal más adicto bebe decibelios a granel y se coloca la máscara de la risa como mandan los cánones. Otros llevan la cara contraria y la tristeza y la melancolía imponen su ley. Pues sí. Vender y comprar. La maquinaria funciona y los ciudadanos forman parte de ella. ¿Es mejor ser persona o simple cliente de ese mecanismo de compraventa en sesión continua? Consumismo, depredación, polución, masificación…

Los ángeles gigantes vuelven a Alicante por Navidad / Pilar Cortés
Conviven lo sagrado y lo secular. La modernidad y la despersonalización. Y predomina, en efecto, el fuerte impulso consumista. Brota la nostalgia y la idealización de tiempos pasados, y la esperanza de un futuro más favorable, que mucho pedir es dadas las circunstancias del entorno nacional e internacional. ¿Hasta cuándo? Vaya usted a saber.
El personal prepara los próximos festejos con comidas compartidas y entrega de regalos. El rito anual se reitera porque toca, y los lazos sociales quizá mejoren el bienestar psicológico. O lo empeoran o tal vez se quede igual. Ni sí ni no. Todo lo contrario. Encuentros entre individuos de diferentes creencias y posturas políticas que se aparcan en el garaje, en beneficio de una unión transitoria si es que no aparece alguna chispa hostil. Besos, abrazos y buenas palabras extraídas del correspondiente manual de ejemplar conducta. ¿Este paisaje, apetitoso o no, fue distinto en épocas anteriores?
El turismo masivo es una fuente de riqueza, pero genera protestas por el impacto del exceso de visitantes en la vida urbana
La ilusión puede tener motivos religiosos o darse por la perspectiva de reunirse y de proclamar "felices fiestas". Por decir lo que consta en acta. Algunos, mirándose al espejo, se lo dicen a sí mismos para estar muy alegres, brindar con gaseosa y tocar la zambomba provistos del gorro de Santa Claus. Que la salud mental no decaiga.
Cultívense la solidaridad y el humanitarismo permanentemente. Que la gente sobreviva en un panorama mercantilista que impulsa, decíamos antes, un consumo masivo de bienes y servicios. A rascarse el bolsillo compulsivamente si algo hay en él. En suma, publicidad, escaparates y productos que nunca dan la felicidad auténtica, sino presión y estrés. Estas maneras y esos códigos duran el resto del año. Y ahora se acrecientan.
Respecto a Alicante, he ahí el inmenso belén, el más grande del planeta en la plaza del Ayuntamiento de Barcala, quien se cuelga un par de medallas en el pecho. La peatonalizada avenida de la Constitución alberga un largo plató fotográfico con elevado árbol. Esa brillantez contrasta con la oscuridad justo al lado, donde el edificio del cine Ideal se hunde en la miseria sin posibilidad de volver a ser lo que era o algo parecido. Aún revolotean algunos fantasmas en su lamentable interior. El Marlon Brando de Rebelión a bordo; el Johnny Weissmuller de Tarzán el Temerario; aquel Robert Taylor de Ivanhoe, o Bogart y Audrey Herpburn, que residen en Sabrina.

Alex Domínguez
No todo es oro lo que reluce en ciertas realidades. No podemos mirar al techo ante la suciedad, la mala gestión de residuos o los desafíos relacionados con la desigualdad económica en ciertos barrios alicantinos. No importa eso hoy ni importará demasiado mañana. Además, el turismo masivo es una fuerte de riqueza, sí. Pero genera protestas por el impacto del exceso de visitantes en la vida urbana, un problema de otras ciudades igualmente. ¿Y qué? Dinamizar el comercio y la hostelería es el propósito número uno.
Al margen de lo anterior, aunque en relación con la calentura reinante, la reciente manifestación del PP en Madrid vuelve a acoger el odio y los desvaríos patrocinados por los cabecillas de un grupo, colega de la derecha judicial, obsesionado con Pedro Sánchez y que denuncia la "mafia" del sanchismo. O sea, el partido más corrupto de España, actualmente "pringado" en Almería, protesta contra el vecino que tiene muy localizado donde estuvieron sus errores. El presidente "tirano", asegura la ultraderecha que blanquea el franquismo gustosamente. La tiranía consiste en haber implementado avances sociales o en el refuerzo del estado de bienestar tras años de recortes. Queda por hacer, queda. La cuestión está en que la pesadilla antes de Navidad transita en diversos frentes con el constante aplauso de los entusiastas seguidores.
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