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Gratuita propuesta

El crédito, el musical.

El crédito, el musical. / Teatro Principal de Alicante

El crédito. El musical

★★½

De: Jordi Galcerán

Música y dirección: Rubén Yuste

Ahora en formato musical para exprimir el éxito que tuvo El crédito, comedia que ya vimos en este Principal de Alicante con Carlos Hipólito y Luis Merlo. En ese intento de que la música enriquezca la obra, sin perder la esencia, y de estirar el triunfo, vuelve el exitoso autor barcelonés Jordi Galcerán en esta producción con las canciones de Rubén Yuste, director a su vez de la representación con la idea de exponernos la vulnerabilidad humana mediante la solicitud de un préstamo en una sucursal bancaria. Así funciona este mundo económico y financiero. El insolvente solicitante chantajea al banquero para que le conceda 3000 euros, y la imposible amenaza desencadena las chispas con la versátil pareja de intérpretes, Juan Carlos Martín y Naím Thomas. Buscan la credibilidad, poco creíble, por cierto, haciendo uso de los contratiempos y del enredo, y los golpes de efecto saltan de la chistera con giros imprevistos y trucos.

Ambos actores sienten y transmiten las argucias con capacidad y soltura, y la complejidad interpretativa queda bien resuelta con la precisa dirección de Rubén Yuste en el espacio escénico de Luis Crespo con diseño de iluminación de Olga García, que subraya el asunto. He ahí el hombre en crisis y el sujeto implacable. El humillado quiere humillar y el triunfador puede ser el perdedor. Galcerán administra temáticas actuales como motor de partida, y lo hace en cada texto con la renovación de algunos recursos de la tradicional comedia española.

Muy pocos no habrán ido jamás a pedir ayuda bancaria. Eso sí, lo que parece una solución es el comienzo de un problema. Y los espectadores del coliseo alicantino pudieron comprobarlo. «Nunca antes te lo habían cantado», se apunta. En esta ocasión se cuenta lo que ya sabíamos y los dos cantan pegadizos y funcionales temas que pueden romper la continuidad dramática de algún modo. Los minutos pesan progresivamente con un estiramiento artificial y una incredulidad que va en aumento hasta el final.

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