Opinión | Una mirada a mi ciudad
Sobre el pabellón de deportes inclusivos

El pabellón de deportes inclusivos, en una imagen de hace unas semanas, con operarios con los últimos retoques. / Áxel Álvarez
Por fin terminan las obras del pabellón de deportes inclusivos, uno de los proyectos de arquitectura más interesantes de los ejecutados últimamente en nuestra ciudad. Superada su tardanza debida a una optimista planificación y a una falta de mano de obra (que comienza a ser un problema en nuestro país) parece que ya se ha firmado el acta de recepción de la obra. El proyecto nace de un concurso que ganaron los arquitectos Rojo y Fernández-Shaw. Luis Rojo es catedrático de Proyectos en la Escuela de Madrid y tiene montado un estudio de arquitectura con su mujer, Begoña Fernández-Shaw.
El pabellón va encaminado a la práctica de los deportes inclusivos. Podemos preguntarnos: ¿qué es esto de la inclusividad? Les recomiendo una novela, Lectura fácil, de Cristina Morales, escrita, según ella, en lenguaje inclusivo y que relata la vida de cuatro mujeres con discapacidad intelectual que conviven en un piso tutelado por la Generalitat. Me resulta una de las novelas más innovadoras que he leído últimamente. Pero volviendo al pabellón hay que decir que está dirigido hacia la práctica del deporte inclusivo, que intenta reforzar las prácticas deportivas de personas con discapacidad para lograr una mejor integración social.
Vamos a intentar un análisis arquitectónico-urbanístico de esta nueva obra y comenzaré por decir que me produce impresiones opuestas; mientras que la arquitectura es de muy alta calidad, el urbanismo que la rodea es deplorable. El edificio se enclava en una parcela triangular de difícil solución, habiendo logrado una inserción correcta. La parcela, con importantes desniveles, permite una entrada principal a nivel superior del graderío y una entrada en el lado opuesto a nivel de las pistas. Los espacios residuales se están ajardinando. En su unión con la ciudad se encuentra un estupendo jardín, que a mi modo de ver debería unirse con el recinto deportivo eliminando el vial que los separa. Es interesante señalar la falta total de aparcamientos en esta importante dotación, que convierte en obligatorio su acceso a través del transporte público. Además, resultaría necesario reordenar el tráfico de la zona que queda colapsado por la glorieta de l’Aljub y que resulta caótico en su orden.

Obras del pabellón de deportes inclusivo. / Matías Segarra
Sobre el entorno, podemos decir que el barrio del cementerio necesita de una vez una intervención pública decidida que consiga poner en marcha ese Plan de Reforma Interior que lleva atascado desde hace varias décadas. El barrio, que resulta ideal para vivienda social, necesitaría una mejora de planeamiento, acompañado de una gestión bien ejecutada. Podría declararse como zona de infravivienda y solicitar ayudas estatales para su ejecución. La realización de un hito tan importante como el pabellón puede animar a la solución de este barrio.
En cuanto al pabellón en sí mismo, podemos hablar de tres elementos que configuran su aspecto. El primero de ellos es la planta que se me antoja clásica, con un graderío elevado de hormigón que bajo su inclinación deja espacio suficiente para situar las dependencias de entrenamiento, así como vestuarios y servicios. Dispone además de un ingenioso conjunto de gradas retráctiles que pueden extenderse para grandes eventos, duplicando su capacidad. Los accesos a las dependencias se realizan con holgados pasillos y puertas de dimensiones mayores de lo normal, permitiendo el recorrido de personas discapacitadas. Me planteo si deberíamos comenzar a realizar todos los edificios públicos con esta nueva escala.
En segundo lugar cabe hablar de la estructura que da soporte a la cubierta. Esta apoya en cuatro enormes pilares de hormigón que sustentan cuatro grandes vigas de acero que a su vez sustenta un entramado de vigas de madera laminada. Hacia el exterior el pabellón dispone de un voladizo continuo constituido por los mismos materiales. La estructura soporta un conjunto de paneles de policarbonato que cuenta con microplacas de energía solar. Estos paneles proyectan luz natural tamizada por toda la superficie en la que se disputan las competiciones logrando una cautivante iluminación homogénea.
Por último, podemos hablar de un frontis de acero y madera que de un modo unitario envuelve al edificio. Además, cuenta con una piel intermedia de policarbonato y grandes ventanales que dispensan una magnífica luz interior y permiten la ventilación del pabellón. Entre las instalaciones cabe destacar el uso de energía geotérmica y electricidad solar para reducir su gasto energético.
Lo que mas destacaría del edificio es la atmósfera que se crea en el interior y que resulta brillante gracias a la doble entrada de luz a través de la piel del edificio y de la cubierta. En fin, como conclusión, creo sinceramente que con la realización de esta obra el conjunto de las buenas arquitecturas de nuestra ciudad ha mejorado.
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