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Lo que duele transforma y libera

Escena de ’Café con aroma de mujer’ con William Levy y Laura Londoño.

Escena de ’Café con aroma de mujer’ con William Levy y Laura Londoño. / Telecinco

Seguramente, cuando leáis el nombre de Laura Londoño, muchas personas no sabréis a quién me refiero. Ella es la protagonista de Café con aroma de mujer, la telenovela de Netflix que se grabó durante la pandemia y que actualizó la trama del clásico de los 90 del director Fernando Gaitán, creador también de la archiconocida Yo soy Betty, la fea.

En este tiempo de reposo y parón obligatorio he vuelto a reencontrarme con esas amigas incondicionales que nunca fallan: las telenovelas. Por suerte, gracias a las plataformas, he podido ver prácticamente todos los trabajos de esta gran actriz.

Manes, una producción bogotana actual que retrata con crudeza y belleza la realidad de la juventud, me ha encandilado por su guion, por la destreza y magnífica interpretación de su elenco, y por cómo Laura destaca —indiscutiblemente— como protagonista. Es una miniserie de tres temporadas, de 20 capítulos en total, que recomiendo encarecidamente si eres fan del universo audiovisual latino.

También he tenido la suerte de ver el proyecto que ella misma reconoce como el que más la marcó: la telenovela La ley del corazón. Es, sin duda, una de las mejores que he visto nunca. Tiene segunda temporada, y creo que incluso supera a la primera. Ella dice que, en esa serie, “se interpreta a sí misma”: una mujer fuerte, segura, inteligente, feminista y defensora de los derechos de todas las personas. Quizá por eso me fascina tanto: la telenovela, la actriz, pero sobre todo la persona que se descubre en sus entrevistas. Hay algo de ella que se parece mucho a mí.

Ella cuenta que la maternidad la transformó.

En mi caso, la transformación ha llegado por la caída: para recordarme quién soy, quién quiero ser y cómo posicionarme en la vida. Ese ha sido el gran aprendizaje de una de las semanas más difíciles que recuerdo, donde me han dicho —sin entrar en detalles— que mis dolores de cadera van para largo. Y aun así estoy contenta de poder frenar, sentir y vivir.

Os recomiendo ver todas sus producciones. Valen muchísimo la pena. Gracias a la nueva versión de Café con aroma de mujer, dentro de no mucho —después de haber obtenido mi doctorado ante un tribunal hace 10 años— se publicará mi tesis, porque las telenovelas latinoamericanas, en formato renovado, vuelven a instalarse con fuerza en nuestro día a día. Y a mí me permiten ser un poco más feliz.

Como titulaban en una entrevista que le hicieron a Laura en Marie Claire Colombia, “lo que duele transforma y libera”. Eso mismo siento que me está ocurriendo a mí.

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Además, ha participado en una serie emocionante y sorprendente en Netflix llamada La huésped, que también recomiendo. Y tiene una pequeña aparición en la versión cinematográfica de uno de mis libros preferidos en el mundo, El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, paisano suyo.

Por todo ello, y porque somos muy similares en edad y en formas de pensar, quiero darle las gracias a ella y a sus trabajos por su compañía en este tiempo. Pero también quiero reivindicar mi pasión desenfrenada de este último mes por ese maravilloso país llamado Colombia, que ojalá algún día pueda conocer.

Mi amiga Cris, que ha estado allí de vacaciones, me permitió acompañarla en la distancia. Me hizo un regalo precioso: una foto del Museo Nacional de Bogotá donde, en la sección dedicada a la agronomía del país, había un stand sobre dos telenovelas fundamentales: Café con aroma de mujer —la primera versión, por supuesto— y Azúcar, que tengo pendiente, como homenaje a la importancia que ambas tuvieron para mostrar al mundo esa tierra inmensa y compleja.

De hecho, la finca donde se grabó Café con aroma de mujer se ha convertido en un hotel abierto al público, con visitas guiadas para conocer las locaciones de la serie.

Laura, no solo somos tocayas de nombre, sino también de perspectiva vital. Tú ganaste MasterChef Celebrity España hace muy poco tiempo y fuiste la primera extranjera en lograrlo. Yo espero algún día pisar tu país y vivir presencialmente esas sensaciones que, gracias a mi amiga, he sentido desde la distancia.

Gracias, Laura Londoño, por tu compañía y tu saber hacer interpretando personajes poderosos que me ayudan en este proceso de redescubrimiento y recuperación.

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