Opinión | En la barra del Café Época
Un paseo en barca, eso es lo que fue el debate del Estado de la Ciudad

Una imagen de la primera jornada, en el turno de intervención de los presidentes de distrito, en el Debate de Política General de Elche 2025. / Áxel Álvarez
Una de las frases que uno escucha con más alegría en la vida es cuando tras someterte a una intervención quirúrgica, el cirujano te dice que ha ido todo bien, ¡hijo de mi vida!, que entre lo que te queda en el cuerpo de la anestesia y la inmensa alegría de haber salido vivo de este trance, te tienen que coger entre dos celadores, un enfermero y el vendedor de la ONCE de la puerta del Hospital para que no te comas a besos al cirujano. Pues esa misma sensación, es la que ha tenido que experimentar el alcalde tras finalizar el institucional debate del estado de la ciudad, del que, tras dos días de análisis, intervenciones, palmaditas en la espalda, alguna propuesta y despropósitos varios, sale del mismo intacto y más bonito que un San Luis, y eso sin tener en cuenta el episodio incomprensible de su presencia en el Palau para aplaudir en pie durante dos minutos a Mazón, lo cual tiene su mérito, no crean.
Y es que este tipo de debates los carga el diablo, es como comprar unas de las cajas sorpresas de productos devueltos de Amazon, si tienes suerte, por treinta euros te puedes hacer con un ipad o un móvil, un chollo, o como le ha pasado a mi hermano Javi, que dentro de la caja se ha encontrado un par de calcetines con rombos y un hula-hoop eléctrico para perder barriga, un despropósito. El Debate del Estado de la Ciudad se ideó como un instrumento de participación de los agentes sociales, vecinales, profesionales y representantes políticos que propiciara un análisis de la situación actual de la ciudad y sirviera de cauce público e institucional para conocer y comprender sus debilidades y fortalezas a través de una visión global y objetiva, además de ser una plataforma propositiva de medidas que sirvieran en el futuro para mejorar la vida de los ciudadanos y la gestión municipal, a la vez que promovieran la modernización y adaptación de la ciudad a los nuevos retos y desafíos que puedan venir.
Pues bien, como pasa muchas veces en la vida, de lo ideado a la realidad va un trecho, de tal forma que en el debate ni participan todos los agentes sociales, como por ejemplo los sindicatos que ni están ni se les espera ya que nadie les invita, ni sirve para los fines que se supone deben cumplir, prueba de ello es que el salón de plenos estaba más vacío de vecinos que un gimnasio el día de Año Nuevo, lo que demuestra el poco interés que despierta en la ciudadanía este tipo de debates.
Resumiendo en un plis plas las dos jornadas enteras de debate, decir que: para el equipo de gobierno, la ciudad está mejor que nunca, lo están haciendo todo fenomenal, un lujo; para la oposición, la ciudad está mucho peor que cuando ellos la dejaron de gobernar, ¡no tiene comparación!, el equipo de gobierno lo está haciendo todo mal, un desastre; para los representantes de los distritos, casi todo está muy pero que muy bien, ¡cómo se nota que gobiernan los nuestros!; para el equipo de gobierno, si hay algo que no funciona, no lo duden, la culpa es de la oposición que está amargada y frustrada y que es más mala que el jarabe de ricino; para la oposición, si las cosas van tan mal como van, la culpa es del equipo de gobierno y del alcalde, por «gastaoret, incoherente, e incumplidor»; para los representantes de los distritos, la Ciudad funciona pero que muy bien aunque hay pequeñas cosas que se pueden mejorar, minucias sin mayor importancia, eso parece poner aquí en el papel que estoy leyendo; para el equipo de gobierno, la culpa de no hacer las cosas mejor que como las hacemos, que ya es difícil, la tiene la oposición que trabajan menos que el sastre de Tarzán; para la oposición lo poco que ha hecho el equipo de gobierno son proyectos heredados de ellos, que nadie les engañe, que estos solo ponen macetas, plataformas únicas y luces de navidad, como si esto fuera Vigo o sus alrededores, pero de las grandes inversiones prometidas: el Tram, las Clarisas, la finalización de la ronda sur, etc., de eso nada de nada; para los representantes de distrito, Elche es jauja y las paredes de turrón, todo ello debido a la gran gestión del actual equipo de gobierno, que esperemos que duren muchos años más al frente del gobierno municipal, a la vez que algunos de ellos se preguntaban si al acabar había merienda, con mona y chocolate.
Este es un resumen muy resumido de lo acontecido, pero que compendia a grandes rasgos el espíritu de cuanto sucedió, pocas propuestas, muchas descalificaciones y palmaditas en la espalda de autocomplacencia al equipo de gobierno por parte de los representantes de los distritos. Y es que las cosas como son, hay que reconocer el mérito al alcalde y al equipo de asesores que tiene, que para eso son más que en la guerra, que elaboraron un Reglamento Orgánico Municipal a la carta y al interés de los que gobiernan, que facilita este tipo de debates, donde uno echa de menos las famosas plataformas que cuando gobernaba la izquierda eran muy activas y reivindicativas, me refiero a toda la serie de Salvem lo que haga falta: el palmeral, el mercado, el hondo, los mantecados o el turrón de novia.
De todo lo dicho, que fue mucho, me llamó la atención una frase lapidaria que el alcalde les lanzó a la oposición: «Ustedes han perdido la calle», y eso de ser cierto es tela marinera, ya que si los partidos de izquierda pierden la calle, el apoyo social y el ímpetu reivindicativo, han perdido su eje vertebrador, y por lo visto en el debate, no sé si es verdad lo que dice el alcalde, que puede ser una realidad, una ilusión o una maldad, vayan ustedes a saber, pero lo que sí se pudo vislumbrar es una pérdida de músculo social y asociativo que canalice la crítica y la reivindicación con el loable propósito de mejorar y progresar como ciudad frente a la gestión municipal, pues no se equivoquen, sin crítica propositiva no se puede avanzar. Si nos quedamos con lo visto en el debate, mucho trabajo tiene por delante la oposición para arrebatar el relato al Alcalde y al equipo de gobierno, ya que motivos para ello existen y oportunidades se le brindan y brindarán, ya que existe otra realidad más allá del salón de plenos y de los consejos de distrito, por lo que ¡a la faena! que cada vez queda menos tiempo para enfrentarse a la cruda y fría realidad de las urnas.
El debate pasó plácidamente sin marejadas ni marejadillas ni mar de fondo y la ciudad, bien gracias, hasta el año que viene o al otro, cuando el Reglamento Orgánico lo diga, y ahora el alcalde a dedicarse a lo que toca, que no es otra cosa que inaugurar belenes, dar abrazos, cantar villancicos, volver a dar abrazos, tocar la zambomba, degustar turrón y peladillas, plantar macetas de navidad en la glorieta, abrazar al que las planta y a una señora que pasaba con su perro y a disfrutar del espíritu luminoso de la navidad, que para eso se han gastado lo que no está escrito en luces, adornos y coronas.
Como dijo John Lennon, «La vida es eso que pasa mientras estamos haciendo otros planes».
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