Opinión
Cojonudo, ¿el qué?

Mensajes a Mazon.
Desconozco el motivo por el que la exconsellera de Emergencias de la Comunidad Valenciana Salomé Pradas decidió ocultar durante más de un año a la jueza instructora encargada de la investigación de la muerte de 230 personas los mensajes que intercambió con Carlos Mazón el día de la Gran Riada del 24. Aunque es evidente que su ocultación responde a su estrategia judicial, o por lo menos a lo que ella cree que puede ser menos perjudicial para su futuro penal, de haberse sabido el contenido de estos mensajes mucho antes los familiares de las víctimas de la dana habrían podido dar un paso más en su proceso de conocimiento de la verdad y, por tanto, tratar de sobrellevar, si es que se puede llamar así, el dolor durante el resto de su vida y, al mismo tiempo, de haberse conocido el contenido de estos mensajes con anterioridad, o mejor dicho, la ausencia voluntaria de respuesta ante las llamadas de auxilio de Salomé Pradas, que obviamente se veía incapaz de dar una respuesta organizativa y técnica de la catástrofe a la que se tuvo que enfrentar, la dimisión del expresidente de la Generalitat se hubiese producido mucho antes.
Con la exhibición de estos mensajes Pradas da un paso atrás en el intento de su reivindicación personal ante la sociedad valenciana. El motivo es muy claro: no querer hacer públicos hasta fechas recientes estos mensajes forma parte del burdo intento del Partido Popular y los máximos responsables el 29 de octubre de 2024 por pretender hacer creer a la población española que el Gobierno de España tuvo alguna responsabilidad en la catarata de ineptitudes y negligencias del Consell valenciano.

Salomé Pradas, Carlos Mazón y Alberto Núñez Feijoó, en la visita del líder del PP al centro de Emergencias. / Efe/Kai Fösterling
Al contrario de lo que pretendió hacernos creer durante un año Carlos Mazón y el Partido Popular, Mazón estuvo informado de lo que pasó toda la tarde. Aunque intentara cortar cualquier clase de comunicación con el exterior del restaurante El Ventorro (desconozco el motivo) no pudo evitar que los mensajes de Salomé Pradas llegaran a su teléfono, ni que insistentes llamadas perdidas, también de Pradas, quedaran reflejadas en su terminal telefónico. No entiendo el motivo de que su asesor y ayudante para todo, José Manuel Cuenca, exjefe de gabinete de Carlos Mazón, tuviese la prerrogativa de impedir a Salomé Pradas ponerse en contacto con Mazón la tarde más importante de la historia de la Comunidad Valenciana.
Sólo Cuenca sabía dónde estaba Mazón y fue el único que pudo comunicarse con él a partir de las 3 de la tarde. Un poco raro sí que es. En cualquier caso, que en una situación de extremo peligro para la ciudadanía un miembro del Consell de la Generalitat no sea capaz de contactar con la máxima autoridad porque hay una persona intermedia que lo impide, o porque esa máxima autoridad se desentiende de sus funciones porque cree tener otras cosas más importantes que hacer, demuestra en manos de quién ha estado la Generalitat desde que se celebraron las últimas elecciones autonómicas.
También han quedado en entredicho las declaraciones en su día del, de momento, presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, afirmando el 30 de octubre de 2024 que la tarde de la gran riada estuvo en todo momento informado por Carlos Mazón. Qué manera de mentir tan descarada. Es imposible que Feijóo hablase con Mazón porque nadie fue capaz de hacerlo, ni siquiera la responsable de Emergencias cuando ya se sabía que había personas fallecidas y cientos de personas atrapadas con el agua al cuello. Incluso en el improbable caso de que consiguiese hablar con Mazón no se sabe de qué pudieron hablar ya que Mazón estuvo ocupado desde las 3 de la tarde hasta aproximadamente las 7:30 en otros menesteres, hora en la que parece dejó de ser José Manuel Cuenca quien controlase sus comunicaciones.
Sobre las 13:30 del 29 de octubre de 2024 Carlos Mazón respondió, antes de su apagón informativo, con la expresión “cojonudo” a un mensaje de Salomé Pradas en el que explicaba la difícil situación que ya se estaba produciendo en el sur de la ciudad de Valencia, a unos kilómetros del centro de la capital. Pocos días después, sabiendo lo que hizo Carlos Mazón aquella tarde, el Partido Popular se inventó una miserable e indignante campaña. Sabiendo lo que ya sabían, es decir, la verdad que la jueza de Catarroja encargada de la instrucción ha ido poco a poco desgranando, el PP continuó con su campaña falsa de echar la culpa a Pedro Sánchez y a su Gobierno.
A la ignominia del comportamiento de Mazón el día 29 de octubre se une el hecho de haber intentado echar la culpa de su propia negligencia al Estado. Una doble causa de reprobación con poca eficacia. La jueza instructora ha ido deshaciendo, poco a poco, el ovillo de mentiras del Partido Popular.
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