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Antonio J. Rodríguez Soler

El esperpento como forma de gobierno

Las explicaciones de la no dimisión del concejal VOX en Elche Samuel Ruiz: "Ha sido un malentendido"

Las explicaciones de la no dimisión del concejal VOX en Elche Samuel Ruiz: "Ha sido un malentendido" / Áxel Álvarez

Lo que ha sucedido estos días en el Ayuntamiento de Elche no puede despacharse como una anécdota más. La dimisión anunciada —y desmentida poco después— del concejal de Vox Samuel Ruiz vuelve a poner sobre la mesa un modo de gobernar marcado por la improvisación, el silencio y una sorprendente fragilidad interna en el bipartito que dirige Pablo Ruz.

El episodio, contado con frialdad, roza lo increíble: Ruiz presenta su renuncia un viernes alegando motivos profesionales; el Gobierno convoca de inmediato un pleno extraordinario para formalizarla; pasan las horas sin una sola explicación pública; y, finalmente, el concejal decide quedarse y lo justifica con unas difusas «muestras de cariño». Todo esto en mitad de la negociación de los presupuestos municipales. Es difícil pedir un guion más confuso, más alejado de lo que se espera de un Ayuntamiento de la magnitud de Elche.

Pero quizá más llamativo que la propia secuencia de hechos fue el silencio del alcalde. Durante más de dos días, con el revuelo político instalado en cada rincón del consistorio, Pablo Ruz optó por no aparecer. Ni una declaración, ni una comparecencia, ni una mínima aclaración. El gobierno reunió y desconvocó un pleno mientras el desconcierto crecía dentro y fuera de la Casa Consistorial.

Este episodio no irrumpe en un vacío político. Llega tras más de dos años y medio de tensiones internas: cuatro crisis de gobierno, dos dimisiones en el PP, otras dos en Vox, presupuestos encallados, deuda al alza y un manejo del gasto cada vez más cuestionado. Todo ello dibuja un escenario muy distinto al de la supuesta estabilidad con la que el bipartito intenta presentarse.

No es casual que esta dimisión frustrada estalle en el momento decisivo de las cuentas municipales. El propio Ruiz ha reconocido que su marcha estaba ligada al desarrollo de la negociación presupuestaria. Dicho de otro modo: la renuncia como palanca de presión. Una forma de operar que desnaturaliza la función pública y rebaja la calidad institucional.

El PSOE ha centrado su respuesta en lo que considera el núcleo del problema: la falta de liderazgo del alcalde, la ausencia de un proyecto de ciudad y las consecuencias de esta inestabilidad permanente en el día a día de los servicios públicos. Porque detrás de cada crisis política hay inversiones que se posponen, decisiones que no se toman y necesidades ciudadanas que siguen acumulándose.

Elche no puede permitirse un gobierno que funcione a golpe de sobresalto. Necesita planificación, acuerdos y claridad. Necesita un alcalde que dé explicaciones cuando su equipo entra en crisis, no que desaparezca del foco hasta que pase el temporal.

Lo ocurrido con Samuel Ruiz no es un simple desliz. Es un síntoma más de un modo de gobernar que ha convertido la política municipal en un espectáculo constante. Y cuando la política se convierte en espectáculo, quienes acaban pagando el precio son, como siempre, los ciudadanos.

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