Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Esto no es un cuaderno

Un cuento cuántico

Las explicaciones de la no dimisión del concejal VOX en Elche Samuel Ruiz: "Ha sido un malentendido"

Las explicaciones de la no dimisión del concejal VOX en Elche Samuel Ruiz: "Ha sido un malentendido" / Áxel Álvarez

"Porque estás que te vas, y te vas, y te vas, y te vas, y te vas, y te vas, y no te has ido".

No me amenaces (1967), canción del mexicano José Alfredo Jiménez.

El físico austriaco-irlandés Erwin Schrödinger propuso en 1935 un experimento mental que se ha convertido en la paradoja más famosa de la física cuántica. Ideó a un gato una caja hermética con una sustancia radiactiva, un contador geiger conectado a un martillo y un frasco de veneno. Si un átomo de la sustancia radiactiva se desintegrara, el medidor lo detectaría y activaría el martillo, que rompería el frasquito y el felino moriría. La mecánica cuántica propone, porque es así de caprichosa e inaprensible, que las partículas pueden estar en múltiples estados a la vez, por lo que en este caso el átomo en cuestión se sitúa en una superposición de desintegrado y no desintegrado. Por lo tanto, el gato estaría vivo y muerto al mismo tiempo hasta que alguien abra la caja y lo compruebe, destruyendo la magia (y esperemos que liberando al gato de tan cruel ocurrencia).

Eso sucede en el prodigioso submundo cuántico, en el que todo es y no es a la vez, es esto y lo otro e incluso aquello simultáneamente. Pero en ocasiones esa paradoja se traslada al tangible y perceptible plano físico real. Así, hemos tenido en los últimos días una demostración empírica de que había gato encerrado en la política local ilicitana. Porque ha acontecido que, en un momento determinado, un miembro del equipo del bipartito estaba fuera y dentro del Ayuntamiento a la vez. Hasta que el alcalde, Pablo Ruz, con la resolución que le caracteriza, ha abierto la caja y ha puesto en evidencia que seguía vivo dentro del gobierno.

El concejal de Vox Samuel Ruiz presentó su renuncia al escaño el pasado día 5, alegando motivos profesionales, dos semanas antes de la aprobación de los presupuestos para 2026. Cuentas que estaban pendientes de cerrar precisamente por las líneas rojas, verdes y azules que había trazado el propio edil (entre ellas no aumentar la deuda municipal). Ruiz se había destapado últimamente como un socio díscolo, propinando dolorosos puyazos al alcalde y al PP en los plenos, y según cuentan también se había distanciado de la portavoz, Aurora Rodil, por su supuesto seguidismo (cuando no peloteo) al presidente de la Corporación y su grupo.

Así que cuando el alcalde tuvo conocimiento de que Ruiz había presentado su renuncia le faltó tiempo para convocar un pleno extraordinario para este pasado viernes, en el que aprobar a toda prisa la baja del edil y proceder posteriormente a incorporar a la siguiente en la lista, presumiblemente próxima a Rodil. Miel sobre hojuelas, pensó Ruz, que veía así expedito el camino presupuestario. Sin embargo, el dimisionario virtual afirmó que se vio sorprendido en su buena fe por la jugarreta del alcalde, con quien asegura que había pactado irse después de la aprobación del presupuesto en el pleno del día 19. Tan contrariado estaba que decidió dar marcha atrás, y donde dijo me voy dijo sigo, me salgo pero vuelvo a entrar sin haberme salido. Cuántico total.

Afirma el responsable de Promoción Económica que todos en el equipo de gobierno van a arreglarlo para que pueda dedicarle más tiempo a su actividad profesional y a su familia. Y claro, con esa predisposición de sus camaradas y el cariño que ha recibido, se ha visto impelido a seguir haciendo piña tropical en el bipartito. Y dar el visto bueno al presupuesto, faltaría más, aunque con pocos logros de peso para Vox: una nueva oficina antiokupación (30.000 euros), menos ayudas sociales y a cooperación (nada de dar a dinero a proyectos raros como la transversalidad del higo feminista, aclaró Rodil), endurecimiento del empadronamiento de inmigrantes... Vamos, lo típico de la formación ultra.

Descontento del PSOE con las concesiones de Ruz a Vox

M. Alarcón

En cambio los tres ediles de Abascal se han tenido que envainar una de sus líneas rojas gordas: han apoyado una previsión de préstamos de 32 millones, seis más de los contemplados en el anterior proyecto presupuestario, que ya consideraban una cifra muy elevada. Pero ante esta nueva entente, besos, abrazos, pelillos a la mar y pleno extra desconvocado. Ruiz vuelve a ser un socio aplicado (aunque lo de Vaquerizo lo sigue teniendo atragantado). ¡Albricias!

La oposición, sin embargo, reparó en este fenómeno y sin esperar a que se definiera el estado superposicional del edil de Vox (dimitido o no dimitido), sacó sus propias conclusiones y situó la controversia en un plano metafísico. Los portavoces socialista, Héctor Díez, y compromisaria, Esther Díez, coincidieron en el espacio-tiempo y tacharon el evento de circo y de evidente caos en el equipo de gobierno. Cuestión de entropía, apostillaron.

Solventados estos sobresaltos, con la implosión Vox resuelta de momento y los presupuestos encarrillados, Pablo Ruz ya puede dedicarse a vivir con intensidad uno de sus momentos preferidos del año. Porque estamos ya plenamente inmersos en la jubilosa y fulgente celebración del Adviento, que aunque algunos ilicitanos no sepan qué es, disfrutan igualmente de la profusión de lucecitas de colores y de la sigilosa pero implacable invasión de símbolos navideños foráneos.

Un asalto sin cuartel a nuestras más arraigadas tradiciones encabezada por el creciente ejército de soldados cascanueces, que van ocupando lugares estratégicos de calles, plazas, comercios, árboles y hogares, a los sones marciales del mortificante All I want for Christmas is you de Mariah Carey. Mientras, nos asaltan a cada paso los panetones de distintos sabores y aditamentos, y los seudoturrones de los más inverosímiles sabores, dulces y salados (falta, sin embargo el del gusto a bocadillo de tonyineta i anxovetes; un déficit a corregir para 2026).

Todo ello sucede mientras los tradicionales y familiares villancicos a los sones de la pandereta y la zambomba (y no digamos la botella de anís) se baten en retirada junto con los mantecados, los almendrados y los polvorones, ante la imparable embestida del ejército invasor transfronterizo. Incluso lo más auténtico que nos va quedando, el espectacular belén de la Glorieta, se ha rendido a la inteligencia artificial y este año sus vistosas pero hasta ahora inertes figuras han cobrado vida y movimiento en internet. Aunque sin salirse del recinto, por el momento.

El alcalde ilicitano, guardián de las tradiciones y garante de los usos y costumbres más acendrados, es consciente de ello. Por tal motivo, cuentan personas ajenas totalmente al asunto pero usuarias del bus a las pedanías, que recientemente propuso a su equipo incorporar al denso programa de estas semanas una nueva actividad para reivindicar el carácter intrínsecamente consustancial a la consuetudinariedad pascual ilicitana.

De ahí que pensó en que los miembros de la Corporación municipal ofrecieran un recital de tradicionales villancicos españoles (nada del burrito sabanero), arreglados para la ocasión por él mismo, con acompañamiento al piano, dirección artística y escénica, luminotecnia y sonido a cargo de la misma persona. Así que aprovechó uno de los escasos momentos sin reels ni otras ocupaciones inherentes al cargo para organizar un ensayo en L’Escorxador. Al que, todo hay que decirlo, la oposición acudió a regañadientes ("¡Otro despilfarro más!", se le oyó musitar a la socialista Patricia Maciá). Qué le va a hacer, son así, incluso en Navidad.

Una vez dado el tono, los concejales del PP se arrancaron: "En el portal del belén / hay estrellas, sol y luna, / y en este Ayuntamiento fetén / un alcalde que carbura. / Ilicitanos venid / ilicitanos llegad / y al joven Ruz aplaudid / porque es bueno de verdad". Los de Vox, una vez recompuesto el trío vocal, entonaron: "Ay del chiquirruzín, chiquirruzín, chiquirruzín, / que no le salían las cuentas. / Ay del chiquirruzín, chiquirruzín, / queridín, que ahora ya tiene rentas".

Los socialistas eligieron algo más laico: "Oh, blanca Navidad, sueño / con despilfarro alrededor. / El bipartito es un truño / en el que no hay ni paz y ni amor". La compromisaria Esther Díez recuperó para su intervención un villancico publicado en 1917 en la prensa local: "Esta noche es Noche Buena / y mañana Navidá. / Si duraren els que manen / ¡recristo quina ensalà!".

No hubo forma de enderezar el ensayo y al final no habrá villancicos municipales. Por suerte. Bon Nadal.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents