Opinión | Una mirada a mi ciudad
Sostenibilidad en la arquitectura y la ciudad

El Hort dels Pontos en Elche, que se ha convertido en un ejemplo de proyecto de rehabilitación sostenible, en una visita guiada hace unos meses. / MATÍAS SEGARRA
La sostenibilidad es un concepto nuevo que ha venido para quedarse y que en el mundo del urbanismo no existía. La variable fundamental para definir la calidad de un barrio o unas viviendas era el de «habitabilidad». Para hacer habitables las viviendas se dictaron normas de diverso tipo, de tal manera que hoy para diseñar una vivienda las «Normas de Habitabilidad» resultan de estricta aplicación. En el campo del Urbanismo los conceptos de habitabilidad se asociaron a unos estándares de aplicación a todos los barrios que definían edificabilidades máximas, superficies exigibles de zonas verdes o dimensionamiento de dotaciones para poder situar edificios escolares o asistenciales. Con todo esto se pensaba que el barrio era «habitable».
Hoy, además de que los barrios resulten habitables, queremos que sean sostenibles. Aunque hay que decir que este concepto en el campo de la arquitectura significaba otra cosa. Ya Vitrubio, el primer arquitecto que escribió un tratado, dijo que la arquitectura debía contener «firmitas, utilitas y venustas». Esto es, la arquitectura debía sostenerse y ser firme en primer lugar, después debía ser útil y por fin debía ser bella. Pero el nuevo concepto de sostenibilidad no hace referencia a la sostenibilidad vitrubiana que se le exigía a todo edificio. Este concepto novedoso nos llegó desde la política, entendiendo que lo que resultaba necesario que se sostuviera no era la edificación sino el planeta. Fue Gro Harlem Brutland, política noruega, la que en su informe para las Naciones Unidas titulado «Nuestro Futuro Común» introdujo el concepto de «Desarrollo Sostenible» basándose en la idea de que solo era deseable un desarrollo que permitiera satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para lograr las suyas propias.
La idea era muy buena, pero el concepto era poco operativo. Pronto los estudiosos del medioambiente encontraron una variable más fácilmente cuantificable: la «Huella Ecológica». Este concepto expresa para cada consumidor medio de un país la superficie de tierra en hectáreas que hacen falta para satisfacer sus necesidades. Así nos enteramos de que un norteamericano precisa de una superficie de 9,5 hectáreas para mantener su nivel de consumo, mientras que un habitante del Congo solo necesita 0,5. España, por cierto, ocupa un lugar intermedio. La evidencia es que sumados los habitantes por zonas y multiplicados por sus necesidades resulta una superficie que excede a la del planeta. Es decir, estamos consumiendo por encima de lo que el planeta nos puede dar.
Ahora bien, lo cierto es que el concepto que ha acabado imponiéndose es el de sostenibilidad. Y para darle mayor profundidad se ha reforzado con otra idea expresada en «Tres Ecologías» por el filósofo Félix Guattari. Este juicio amplía el campo hasta contener la sostenibilidad económica y social, además de la ya aludida sostenibilidad ambiental.
Hoy el concepto de sostenibilidad comienza a introducirse con fuerza en el urbanismo y la arquitectura. Estas ideas nos han llevado a definir un nuevo tipo de barrio: el «ecobarrio». Estos ecobarrios desarrollan la idea de un barrio pensado para que su impacto sobre el medioambiente sea mínimo y que además avance en la autonomía energética. Los ecobarrios están pensados para disminuir la huella ecológica planteándose en un futuro el intento de devolver la llamada deuda ecológica. En estos barrios comienza una nueva demanda en aumento por las viviendas y edificios sostenibles. Creo además que esa tendencia debe ser impulsada por la Administración y básicamente se puede hacer a través de los impuestos verdes, esto es reduciendo los impuestos que gravan los edificios en función de su grado de sostenibilidad. «Ecofrienly» dicen hoy los modernos de estos futuros barrios.
Hoy ya se exige a todo edificio (como a las lavadoras) una calificación energética que identifique su grado de eficiencia. Incluso en todo contrato de compraventa es obligatorio incorporar dicho certificado. De momento esto sirve para poco porque cualquier vivienda antigua y parte de las modernas resultan ineficientes. Leo un dato: de los 28 millones de viviendas que conforman nuestro parque inmobiliario un 80 % son de baja eficiencia energética.
Además de la certificación energética comienza a realizarse en nuevos edificios el «Certificado de Sostenibilidad». Los requisitos para que un edificio disponga de una buena sostenibilidad son un bajo consumo en calefacción y refrigeración, una baja demanda de energía y una participación en energías renovables. Hoy todo edificio público debería contar con un certificado de sostenibilidad. En fin, con todo esto comenzamos una nueva etapa de la arquitectura y el urbanismo en la que además de la habitabilidad será requerida la sostenibilidad.
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