Opinión
Una escueta reflexión

Los partidos políticos reaccionan al discurso de Navidad del Rey / Europa Press
Una vez finalizadas las fiestas navideñas, en las que nos hemos deseado todos lo mejor, pero la realidad es que todo sigue igual, es momento de hacer una reflexión sobre lo que hemos celebrado, así como sobre las promesas de los políticos.
El motivo por el que conmemoramos el nacimiento de Jesús a la entrada del invierno no tiene ningún fundamento ni figura en textos sagrados. Según el evangelio de Lucas, 2,8: «Había en la misma comarca algunos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño…». Por este escueto relato es de suponer que Jesús tuvo que nacer lejos del riguroso frío invernal, ya que los pastores «dormían al raso».
El origen radica en la fiesta pagana que los romanos celebraban a la entrada del invierno, llamada «Saturnales». La gente se divertía, comía, bebía y, en lenguaje de hoy día, se desmadraba. Como quiera que los cristianos llevaban muy mal renunciar a esas celebraciones, el papa Julio I fijó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, quizá para que los cristianos tuviesen también sus festejos paralelamente a los romanos.
Una vez aclarado, a grandes rasgos, el motivo por el que se celebra la Navidad a la entrada del invierno, pongamos los pies en la tierra y veamos cómo van las cosas por aquí.
El prestigio de los políticos sigue decreciendo a marchas forzadas; se ve que no se percatan de la situación tan grave que atraviesan muchos conciudadanos. En tiempos de bonanza económica nadie lleva cuentas; casi todo el mundo trabaja, alimenta a sus hijos y paga su casa. Pero ahora no es igual: la gente mira con lupa lo que hace el de al lado. De ahí que la clase política sea escrupulosamente examinada.
Ya es escandaloso que los cargos políticos de este país perciban emolumentos muy por encima de la media nacional. Un alcalde, un diputado provincial, autonómico o nacional puede doblar los ingresos de un médico, de un magistrado o de un general de las Fuerzas Armadas. Pero, si encima el cargo político hace trampa, ya es el colmo de la desfachatez.
Sin embargo, tampoco sería justo criminalizar a todos los políticos. Los hay muy honestos y con verdadera vocación de servicio; precisamente por ello se debe pasar por el cedazo a todos los que aspiren a un cargo y separar la paja del grano. No cabe duda de que España necesita una regeneración de la clase política y la creación de un código deontológico de conducta. También se debe regular la permanencia en los puestos de responsabilidad, ya que la política no debe convertirse en una profesión de por vida.
En cuanto al mensaje televisado del Rey, siento tener que discrepar, respetuosamente, con algunas de las peticiones de Su Majestad. La unidad a la que hace mención es otra falta de visión de la realidad. El separatismo, cada vez más virulento, pulula por varias regiones españolas sin que haya nadie que le pare los pies a estos líderes lunáticos que, con sus quiméricas intenciones, están tratando de descomponer el país dividiendo a los españoles.
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