Opinión | El indignado burgués
Juanfran

Alex Domínguez
Me cae bien Juanfran Pérez Llorca, pero no se asusten, eso no quiere decir nada. De hecho, hay muchas ranas chapoteando en el estanque de políticos que me caían bien y al final se revelaron como unos cantamañanas. De los presidentes de la Generalitat Valenciana, y los he conocido a todos, ninguno me ha caído especialmente mal, aunque algunos fueran de esos de ni un mal gesto ni una buena acción. O sea, que me agraden no significa mucho y, me temo, les he dado estacazos como panes, aunque me cayeran bien, cuando hacían algo mal. Duro oficio éste.
A ver, tampoco le conozco tanto, pero siempre que le he tenido cerca me ha parecido persona mesurada. De esas a las que comprarías un coche usado, que es una pregunta que siempre me he planteado ante cualquier político emergente. No insistiré en que me han vendido autos sin ruedas ni motor más a menudo de lo que me gustaría reconocer. Eso sí, la pintura y el brillo de la carrocería eran excelentes.
La otra tarde, en el Club Información, mencionó como sus puntos fuertes el diálogo y la conciliación. Es fundamental cuando eres alcalde tener mano izquierda, porque las grandes piruetas se hacen en el Circo del Sol, no en el de Cuatretondeta. Un alcalde de un pueblo mediano o pequeño duraría nada y menos con artificios o juegos de manos. Esas fantasías pueden tener sentido en ciudades grandes o en la política autonómica o estatal, donde el contacto con el ciudadano es escaso o directamente inexistente, pero en tu pueblo Pepito no se va a dejar engañar por Juanito el de la Eduvigis. Ahí nos conocemos todos.
Si Juanfran consigue no olvidar al alcalde de pueblo que aún es, tendríamos mucho adelantado. Cosa diferente es que pueda torear con el ganado encerrado en los chiqueros, que tiene dos cuernos afilados y más peligro que Islero, el que mató a Manolete. Y no me refiero a la oposición, que es, de momento, como el manso de Saltillo. Entre los suyos tiene el enemigo, incluyendo a Vox, que son sus amiguitos del alma hasta que dejen de serlo, por no hablar de compañeros de partido con ganas de ascender a la mesa de los mayores, los aliados circunstanciales que dejarán de serlo en cuanto comience la batalla de las listas y los excompañeros de partido —o compañeros a secas, me pierdo— que se han reunido en torno a Camps.
Estoy seguro de que las Morant y compañía le preocupan cero y los Compromís tienen bastante con no rajarse entre ellos, porque no es que en la coalición haya corrientes internas, es que cada uno es una sensibilidad diferente y radicalmente opuesta al resto.
He apuntado algunos de sus principios de la conferencia del otro día. Ya se sabe lo de Marx, Groucho: «Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros», pero a mí esos me gustan. A saber: política útil para el ciudadano, aceptar ideas vengan de donde vengan, diálogo en busca de acuerdos, defensa de la provincia menospreciada hasta ahora por la autonomía y el Estado, rechazo de los bloqueos y simplificación de los trámites administrativos.
Suena bien, aunque hay tantos de esos principios que no están al alcance de su mano que me valen como dogma de fe, incluso como reserva moral ante los impíos, pero no como programa de gobierno. En última instancia va a depender de la ultraderecha hasta para comprar bolígrafos, y me temo que ellos tienen muy claro cuáles son sus proveedores y el color de la tinta.
Es bueno buscar acuerdos, pero ¿con quién? ¿Con un partido socialista que lo único a lo que puede aferrarse es a la dana y a lo peligroso que es un gobierno PP-Vox? ¿Con Vox, que cuanto más desgaste al PP mejor para sus intereses? ¿Con Compromís, cuyo portavoz saldrá en muchos programas de Ferreras, vale, pero que manda en la coalición lo que la Tomasa en los títeres?
Bien está aceptar ideas vengan de quien vengan, ¿incluso si es Camps el que pide un congreso extraordinario inmediato en el que aspira a ser candidato? ¿O de los damnificados por la dana que quieren que Mazón deje el escaño? Difícil está maridar grandes principios con una realidad retorcida y bastante poco benévola. La marea de siglas y el puñetero sistema electoral, por no hablar de los nacionalismos, auguran un futuro imposible para los moderados y dan un peso excesivo a los extremismos. En este panorama los principios sirven para lo que sirven, o sea, para caer bien a un ingenuo como yo.
Hay cosas que sí se pueden intentar, aunque sean populistas y destinadas al fracaso. Habló de tirar abajo los muros de la burocracia para acercar la Administración a los ciudadanos. Vale. Si no lo hubiera escuchado ochenta mil veces, me sorprendería, pero de Galdós para acá todos lo han dicho y ninguno lo ha hecho. ¿Por qué eso sí que está atado y bien atado? Probablemente. En España hay dos colectivos que son impermeables a cualquier regulación: los funcionarios y los jueces. Nosotros somos irremovibles y cualquier político es interino, dicen con razón. Y así.
Y bueno, lo de Alicante menospreciada por el Gobierno central, lo compro, pero ¿por el autonómico? ¿No mandaban ellos allí? ¿Me he perdido algo? Feliz año y que sea lo que los hados quieran.
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