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Tempus Navitatis

Tempus Navitatis

Tempus Navitatis

Anochece. El tímido sol se hunde en la raya del horizonte prácticamente opacado por la grisura de un cielo a punto de descargar lluvia en este primer día de invierno. En el interior de la Basílica admiro la majestad del templo, y la melancólica observación me sume en un concentrado mutismo, en la simplicidad inalterable de una fe remota que nadie ha podido arrebatarme.

Entre todas las actividades que se ofrecen en esta ciudad, hay una que contagia especial ilusión: el concierto de Navidad a cargo de la Capella, Escolanía y Coro juvenil del Misteri, un acto ya consolidado y emblemático en la programación de una Basílica que se vistió de gala para disfrutar de esa tarde inolvidable. El templo se transformó en espacio mágico con la ambientación lumínica oportuna. Espléndido y entrañable brindis musical que dio comienzo, ahora sí, a la Navidad. Magnífica previa, lujo para la ciudad y oportunidad para sumergirse en uno mismo.

La música es parte primordial de la Navidad. El ambiente se engrosa deliciosamente con el sonar de villancicos, de tiernas melodías y cantos varios. Su finalidad: el «anuncio». Anuncio del evento importante que pretende provocar una reacción emocional en los receptores. La «Buena Nueva» de la llegada del Mesías envuelta en música que nos aleja durante un rato de todo el emponzoñado ambiente exterior. Sonidos y mensajes que no por sabidos caducan en el tiempo y ofrecen la grandeza de recordarnos ese acontecimiento reiterativo como un evento único y excepcional.

Abrumadora la asistencia de público, con lleno hasta los balcones, disparando todas las expectativas.

A las seis de la tarde, tras la presentación inspiradora de una joven integrante del coro juvenil que introdujo al concierto dando la bienvenida al espacio sagrado donde la oración se iba a hacer música para celebrar con júbilo la Navidad, haciendo un sucinto recorrido por el repertorio, se atenuaron las luces. Ecos gregorianos, música de Guillaume Du Fay, canción tradicional inglesa y pieza de Williams. Villancicos populares ilicitanos, homenaje a los Reyes Magos de Ariel Ramírez. Cómo no, la magnífica composición de Rutter; populares... Repertorio compuesto por obras de trazos clásicos conocidos y villancicos navideños para dar un toque festivo. Selección «ad hoc» de música amable celebrando el nacimiento de Jesús, fomentando la unidad familiar y comunitaria y evocando sentimientos de paz, alegría y esperanza.

El que les escribe se situó entre el público, unidos todos por una vinculación emocional y cultural sostenida en las costumbres y la tradición. Rostros conocidos del ámbito político, social y cultural de la sociedad ilicitana se dieron cita para vivir el tiempo de Adviento y la Navidad con espíritu de esperanza y fraternidad haciendo de la música un auténtico camino de encuentro.

Con la dirección elocuente y elástica de Javier Gonzálvez, músicos invitados, grupos y coro transportaron a un mundo de ternezas, de ensueños, demostrando desde el mismo comienzo rigor expositivo, afinación, empaste y espectro sonoro bien trabajado, con ese repertorio en la línea de un concierto que cautivó a todos los presentes por ese recorrido sonoro emocional que nos transportó por siglos, geografías y costumbres. Fragmentos que sonaron incisivos y pianísimos muy contrastados, entregándose los coros a fondo dando muestra de versatilidad y la vibrante alegría comunitaria que correspondía, como merecía la ocasión y el público. Cantos solo interrumpidos por los suspiros de la atmósfera de paz creada.

Concierto amable que ofreció eso tan esencial que es la emoción, esa emoción que le transporta a uno a otra dimensión distinta de la realidad mundana conectando con la nostalgia y la tradición. Abstraído de las arideces de la vida, atrapado en tan encantadora red emocional. Nos transportó a tiempos más felices, interrumpiendo la ansiedad, evocando recuerdos de la infancia... Tarde inolvidable que combinó la tradición navideña con la grandeza de la música universal. Se «sintió» en el ánimo de todos la cuestión de la fe ante la razón y, como suele suceder, para esto no pueden aplicarse baremos de análisis normales. Todo quedó inmerso en un ambiente especial, en un magnetismo que hizo ese tiempo... diferente. Amplificador del bienestar y la reflexión propias de estas fechas con el consabido disfrute nostálgico en una atmósfera de sueños y magia. Recordando la muerte de los seres queridos, dejando a un lado este mundo lleno de trapicheos que ha convertido el alma en objeto de comercio, y la burla y la duda que han reemplazado a la certeza. Se pudo alejar uno de ese puñado de incertidumbres y la angustia del hombre consigo mismo.

El concierto fue un éxito. Elevó los espíritus, y así se reflejó con la cerrada salva de aplausos, merecida, en reconocimiento del trabajo de niños, mayores y músicos invitados, demostrando estos su agradecimiento con la recompensa de la despedida con el icónico «Adeste Fideles»...

Una experiencia musical llena de sorpresas y momentos especiales que invitó a la reflexión, sintiendo toda la magia imbuido por esas melodías terapéuticas. Disfruté del valor histórico del espacio escénico y la belleza de esas notas envuelto en un hálito de bienestar.

Les deseo todo lo mejor en esta entrañable Navidad y para el próximo nuevo año.

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