Opinión | El indignado burgués
Regreso al pasado y recuerdos al futuro

President Donald Trump listens to a question during a news conference at Mar-a-Lago, Saturday, Jan. 3, 2026, in Palm Beach, Fla., as Secretary of State Marco Rubio watches. (AP Photo/Alex Brandon) / Alex Brandon / AP
Hay años que son ni fu ni fa y otros donde no se da abasto. El 25 nos ha salido pródigo en noticias, porque con Trump y Putin es un no parar y, por si faltara algo, un presidente de la Generalitat de aquí dimite sin decir que dimite y otro accede al cargo de forma burocrática, sin motivar ni a propios ni ajenos, ni generar ni polvo ni remolino. A lo mejor, dado el nivel de ruido ya existente, es preferible un poco de silencio. Veremos qué nos depara el 26, ojalá un poco de tranquilidad (que viene de tranca como señalaba indefectiblemente mi padre).
La semana pasada aproveché las Navidades para acudir a la hemeroteca de Madrid a consultar microfilms de periódicos más que olvidados. Es verdad que el continente, la maquetación de la época y la redacción de las noticias, son como del Cuaternario, visto con la perspectiva periodística de hoy, pero el contenido es bastante parecido: cada día tiene su afán y suceden acontecimientos semejantes.
Lo clavó Machado cuando su Juan de Mairena hacía salir a la pizarra al alumno a escribir: «Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa». Y cuando le pedía que lo pusiera en lenguaje poético, escribía: «Lo que pasa en la calle». Me he marcado entre mis propósitos volver a leerlo entero y no a trozos. A ver si lo cumplo y no como la mayoría de los «buenistas» propósitos de fin de año.
Es curioso que para conocer lo que el día a día brindaba a sus contemporáneos, muchas veces no haya que fijarse en las noticias, centradas en grandes temas y figuras de relumbrón, hoy ya olvidadas. Es mucho más directa la vía de consultar la publicidad, porque ahí sí que estaban presentes los intereses de los ciudadanos o, al menos, lo que las empresas buscaban que consumieran.
Los callos en los pies, las hemorroides y la calvicie debían ser un problema notable, a juzgar por la multitud de anuncios de remedios milagrosos que pueblan las páginas de los periódicos de 1926, pero en el resto se publicitan cosas parecidas a las de hoy: las últimas tendencias de la moda, los perfumes, las pastas de dientes, los automóviles y la tecnología más vanguardista, que en aquellos años podía ser una voluminosa máquina de escribir Hispano Olivetti o una máquina de coser Singer. En vez de clínicas para aumentar los senos existían remedios como las «pilules orientales» y Parera vendía esencia de cocaína como elixir para una seducción irresistible, que es un veneno semejante, hoy permitido quizá mañana prohibido, al de algunos mantras de los populismos fachosos.
Ha pasado un siglo, pero te puedes imaginar que sus eventos consuetudinarios eran bastante parecidos a los de hoy, quitando la evolución de los chismes técnicos, que hacen más fácil el trabajo doméstico y los científicos que prolongan nuestra calidad de vida.
En el 26 algunos dirían que, como ahora, en España mandaba un dictador, Primo de Rivera, y hubo un alzamiento militar con cerebro civil que fracasó. Se trataba de echar a Primo, que un general se pusiera al mando y en unas semanas cediera el poder a los civiles que convocarían rápidamente elecciones. Como si Vox y PP convencieran a Junts de tirar al gobierno, nombrar a Feijóo -o a Puigdemont, ¿por qué no?- con el único objetivo de votar un nuevo Parlamento. La «sanjuanada» fracasó en 1926 y Miguel Primo siguió de dictador hasta que se cansó, que fue pronto.
Tampoco cambia el pesimismo irredento de los columnistas. Mis colegas del 26 pensaban, como algunos de los de hoy entre los que me incluyo, que el mundo iba a estallar en confetti, derrotado por la vulgaridad de las modas y costumbres, que otros tiempos pasados, no cualquiera, fueron mejores y qué pereza daba el futuro. Cambiando el léxico, hay columnas de 1926 que las podría firmar sin mayor desdoro este indignado burgués. Supongo que si algún curioso investigador se toma la molestia de escanear este diario en 2126, viviría experiencias semejantes, si es que antes no nos hemos extinguido como civilización y el planeta está dominado por los simios.
Aunque si se fijan bien, puede que eso ya haya sucedido, que no hay nada más gorilesco que Trump golpeándose el pecho. En fin, a ese colega del futuro que me estará leyendo en la versión moderna del mamotreto lector de microfilm, le diré que aquí bien hasta ahora, si no entramos en detalles, y que si se piensa que son más listos en 2126 que en mis días, van dados. Y si busca el anuncio que inició el año en todas las televisiones españolas, fue el de Coca-Cola, la chispa de la vida. Quizá dentro de un siglo también lo sea. Recuerdos al futuro.
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