Opinión | Tribuna
El rey

24/12/2025 El rey Felipe VI hace balance de un año que ha sido complicado en la política tanto nacional como internacional y en el que se ha conmemorado el 50 aniversario de la restauración de la monarquía y los inicios de la transición a la democracia. POLITICA DESDE ESPAÑA POOL / POOL / Europa Press
Reyes hay muchos y cada vez más candidatos a serlo, por más que el depuesto rey Faruk de Egipto llegara a predecir en los años cincuenta que en breve sólo existirían los de la baraja y el de Inglaterra. A ver quién era el guapo que privaba a los británicos de una marca tan generadora de divisas como la monarquía. Al socaire de la corte de Saint James (antes se llamaba así, no sé si ahora), hay plebeyos que pretenden dar brillo a su linaje con una corona, como el anaranjado emperador del medio oeste y el cinturón de la Biblia.
Pero hay más reyes. Por ejemplo, el rey de Alicante, Enrique Ortiz, dueño del Hércules y al que los periplos judiciales no han hecho ni un arañazo en su bien blindada carroza. Está el emérito, al que, al parecer, le encanta cantar a voz en grito, rodeado de amigotes, la ranchera donde sigue siendo el rey por más que no tenga trono ni reina ni nadie que le comprenda. Putin es el zar de todas las Rusias, con mucho más poder que Catalina la Grande. Puchi es el rey de Waterloo, que, como sabemos, fue una batalla que perdió otro emperador efímero. Sánchez tiene graves problemas de protocolo porque no ha interiorizado que España tenga un rey además de él mismo. Ayuso es la reina de Sol y la leyenda de Ícaro deja muy claro que cuando te acercas en exceso al astro rey se derrite la cera de tus alas y te desplomas en Feijóo, ay, perdón, quería decir en el vacío. Y, que no se me olviden, también están los Reyes Magos de Oriente y sus satánicas majestades los Rolling Stones.
Yo diría que la única que no se cree reina es la reina Letizia, que lo es de verdad quizá a su pesar, pero aquí cualquier mindundi es como los locos que se hacían pasar por Napoleón en el patio de los frenopáticos. Para un borracho de poder la monarquía tiene un no se qué y un qué sé yo, un aura sobrenatural que proviene de la divinidad. En las monedas se dejaba claro que Fulanito XXVII era rey por la gracia de Dios. Una gracia que no hacía ninguna gracia a la mayoría, todo hay que decirlo.
Diría yo que lo único que reconozco de Franco, aparte de los pantanos, es que nunca quiso plegarse a los consejos de una legión de aduladores y otra de familiares, empezando por su mujer, que le incitaban a coronarse e iniciar una dinastía. El general no era tonto, se miraría en el espejo y pensaría que entre ser el caudillo o Paco I no había color. Tampoco es que fuera ni demasiado monárquico ni demasiado religioso, por más que se aprovechara de entrambos mundos. Y que le sobraría trono por todas partes.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, al teléfono en el despacho oval de la Casa Blanca. EPA/MICHAEL REYNOLDS. Sustituye el texto / MICHAEL REYNOLDS / (EPA) EFE
Trump, contrariamente a Franco, quiere coronarse como Donald I, usurpando el puesto al auténtico pato de Disney. De momento ha decidido que toda Hispanoamérica le pertenecerá como derecho de conquista. Empieza por Venezuela, sigue por México, Cuba, Panamá y Colombia, sube hacia Canadá y Groenlandia y, ya puestos, se come el norte de Europa que está a tiro de piedra.
Contando con el resort que se va a hacer en Gaza y alguna cosilla más que pille, se queda una parte no despreciable del mundo. Como los chinos absorberían todo Asia y el Oriente y los rusos lo que les dejen, empezando por la Europa central y el sur, me temo que no nos va a quedar ni un rinconcito en el que plantar la sombrilla.
¿Pueden ser reyes los payasos? Evidentemente. Recordemos a Fernando VII, el insuperable felón, o a Felipe V que pensaba que era una rana y allá que iba por los jardines de La Granja croando y dando saltos. Trump sin duda tiene una personalidad mezcla de los dos: es malo para aburrir y le falta el sombrero de cascabeles para parecer un bufón en horario de máxima audiencia. ¿Es peligroso?, pues un montón. No sé si habrán leído a Stephen King, pero Pennywise, el payaso de “It”, a mí me da pavor.
No tiene buena pinta este principio de año, para nada. Mira que Maduro es un tipo despreciable, pero secuestrarle en su país para robarles el petróleo a los pobres venezolanos, acojona a los que un día estudiamos Derecho Internacional y nos lo creímos. He decidido quemar los libros en la chimenea, a lo Carvalho. Total, ¿para qué?
La ultraderecha mundial y los antisistema están de enhorabuena. Querían la ley de la selva y ya tienen a Tarzán dando alaridos. Bravo.
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