Opinión | Tribuna

Laura Soler Azorín es diputada autonómica por Alicante del PSPV-PSOE
Adiós, cultura. Hola músculo

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Esta semana, quienes adoramos la cultura recibíamos una triste noticia: la FNAC, la cadena francesa experta en cultura y tecnología donde las haya, cerrará para siempre sus puertas en nuestra ciudad tras un cuarto de siglo de presencia en pleno corazón de Alicante.
La FNAC ha sido un oasis para quienes disfrutamos de la cultura en todas sus formas. Un espacio que supo adaptarse a las demandas de la sociedad y que —puesto que no cierra hasta final de mes— aún ofrece una inmensa variedad de tecnología, juegos para niños, libros y artículos de papelería. Un auténtico motor en la avenida de la Estación, que dinamizaba la zona y donde siempre había rincones para sentarse a leer o tomarse un café tras la compra de rigor o un paseo sin objetivo concreto, de esos en los que acababas comprando gracias a la amabilidad y el buen hacer de absolutamente todos sus empleados y empleadas.
En este establecimiento había una premisa que nunca fallaba: el conocimiento. Conocían absolutamente todo lo que vendían y, además, según mi experiencia, siempre recomendaban lo mejor en relación calidad-precio, especialmente en tecnología, literatura o juegos educativos, adaptándose a la edad de los niños y niñas para los que buscabas un regalo diferente. La sección de papelería, sencillamente, es inigualable; no la vamos a encontrar si no nos desplazamos a otra ciudad donde vuelva a instalarse esta cadena francesa.
El título de este artículo se le ocurrió al hermano de un amigo mío al anunciarse el cierre: vivían en Torrevieja y, durante años, venían expresamente a Alicante para ir a la FNAC. Y es que esta ciudad se está quedando sin cultura para llenarse de músculo. No cerebral, precisamente.
Resulta descorazonador comprobar cómo quienes gobiernan esta ciudad no hacen absolutamente nada para evitar que una cadena de tanto prestigio se marche del centro, dejando a Alicante un poco más huérfana de cultura a cambio de un gimnasio. Un gimnasio que, sin duda, ayudará a muchas personas a ganar músculo y apariencia física, pero que evidencia la escasa importancia que se le concede al músculo más importante que tenemos los seres humanos: el cerebro. Ese que se fomenta, se cultiva y se expande gracias a la cultura.

Puerta principal del Fnac de Alicante, en una imagen de este jueves / Jose Navarro
Por todo ello, quiero reiterar mi agradecimiento a este establecimiento que tantos buenos ratos me ha hecho pasar, con actividades culturales y sociales, y que tanto me ha enseñado y permitido disfrutar. El centro de la ciudad no será lo mismo sin cada uno y cada una de vosotras. Gracias por hacernos sentir que llegábamos a casa. La casa de la cultura.
No debe ser casualidad que, cuando tenía cuatro años, recibiera de mi padre el regalo que más ha marcado mi vida: un cassette Fisher Price irrompible, especial para niños. A partir de ese momento, jamás dejé de escuchar música ni de amar la cultura. Curiosamente, mi padre me lo trajo de París y lo compró en una FNAC. De casta le viene al galgo.
En este momento tan particular de mi vida, la FNAC era una de las pocas salidas que realizaba de vez en cuando. Aprovecharemos este último mes y después nos conformaremos con la web, sin la cercanía ni la amabilidad de su personal. Pero resulta profundamente triste que nada ni nadie haga nada para evitar que se diga adiós a la cultura y hola al músculo, sin tener en cuenta la importancia que la cultura tiene para una ciudad.
Solo me queda dar las gracias a quienes aún apuestan por la cultura y lamentar que no tengamos gobernantes que la defiendan con firmeza y apoyen que este tipo de espacios no desaparezcan. Tal vez porque, como reza el título, son otros músculos los que les interesan: los que generan riqueza económica inmediata y no la cultura, que genera pensamiento crítico y discernimiento ciudadano.
Alicante, cuando este establecimiento cierre, será menos cosmopolita. Pero, como dice la película, siempre nos quedará París, las grandes ciudades o la web para seguir comprando. Eso sí, sin la sabiduría y la cercanía de quienes atendían con tanta amabilidad esa isla de cultura.
Gracias, FNAC. Ojalá te quedes en nuestra ciudad. Y si no, te quedarás para siempre en el corazón de miles de personas que este mes te dicen adiós de corazón.
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