Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tribuna

Cuidado con Delcy

La presidenta en funciones de Venezuela, Delcy Rodríguez, anteriormente, vicepresidenta del gobierno de Nicolás Maduro

La presidenta en funciones de Venezuela, Delcy Rodríguez, anteriormente, vicepresidenta del gobierno de Nicolás Maduro / Europa Press/Wei Neirui

En junio de 2018 el Parlamento Europeo emitió un listado de personas sancionadas a las que se les prohibía pisar suelo de la UE. La lista incluía nombres del gobierno venezolano por políticas que violaban los derechos humanos y por la represión a la población civil y la oposición. En dicha lista figuraba el nombre de Delcy Rodríguez.

En la fría madrugada del 20 de enero de 2020, con vientos en contra, un avión procedente de Caracas aterrizó sobre las 00:00 en el aeropuerto Adolfo Suárez para realizar una parada técnica, donde permaneció varias horas. En el vuelo viajaba la vicepresidenta del gobierno de Maduro, la señora Delcy Rodríguez. Al tener conocimiento de semejante hecho, el presidente Sánchez, en plena noche, llamó a su entonces ministro de Transportes, señor Ábalos, para que se presentara inmediatamente y atendiera el contratiempo surgido y así evitar que la tal señora pusiera sus piececitos en suelo español.

Ábalos, cumpliendo las órdenes recibidas, lo hizo a su estilo, al estilo Ábalos. En consecuencia, aquella fría madrugada de enero, con vientos que seguían en contra, se produjeron demasiados interrogantes hoy sin resolver. La prensa fantaseó lo que pudo sobre el encuentro. Pero a ver, ¿cómo se le ocurre a Sánchez soltar a Ábalos en plena noche para atender a una mujer sola, venezolana, pequeñita, con seductores encantos y dulce sonrisa? En principio la cosa prometía.

El encuentro desató la polémica que se pretendía evitar. El hecho, que debía desarrollarse en el sigilo del secreto, con total discreción, ocupó grandes titulares cargados de incógnitas, tal fue el escándalo que lo llamaron «caso Delcygate».

Como si de una novela de espías se tratara, el susodicho caso tomó más relevancia por la pretensión secreta del Gobierno que por el asunto en sí, porque fuentes periodísticas publicaron imágenes difusas de Ábalos en la oscuridad de la noche por los pasillos solitarios del aeropuerto. Yendo más allá dijeron que lo vieron sospechosamente portando dos maletas al salir de la terminal, acompañado por Aldama, el de hidrocarburos, o sea, un desastre de secreto. La pregunta que se hacían los medios: ¿qué contenían aquellas maletas? ¿Era una, dos, o ninguna? ¿Estaban destinadas a él… a Sánchez? ¿Pisó suelo español la señora Delcy? Y la pregunta del millón: ¿dónde estaba Koldo?

Un misterio sin resolver protagonizado por una peligrosa mujer llamada Delcy que sin pretenderlo fue portada no solo en este país, también en medios europeos. ¿Pero quién era aquella mujer menudita, morena de mestizaje? Hoy es la presidenta encargada del gobierno de Venezuela en funciones, de profesión abogada y diplomática. Ostentó varios cargos en el otrora gobierno de Chaves y por aquel entonces novia de un maromo de gimnasio, un bello galán de telenovela.

Después del bombardeo de los EE. UU. contra Venezuela, tras matar a unas cien personas y capturar a la esposa y presidente de este país, Trump decidió que la vicepresidenta Delcy, y ministra del Petróleo y Exteriores, era la persona adecuada para tomar el mando del país hasta que él decida lo contrario, o cuando decida decidir lo contrario de lo contrario, sine die.

Las derechas españolas entraron en parada cardiorrespiratoria cuando el invasor no se cortó en reconocer que el objetivo no era restablecer la democracia, ni liberar a presos políticos, solo le interesaba de Venezuela sus medios naturales como el petróleo y el agua, porque a EE. UU. no le quedan recursos a medio plazo y el agua es vital para mantener la alta tecnología y la demanda incipiente producida por la IA. Por otro lado, China, su mayor competidor comercial, se había convertido en su mejor cliente y encima no pagaba ni en dólares. Conclusión, la señora Delcy había demostrado ser conocedora de los recursos de su tierra, diplomática, negociadora comercial y la persona idónea para evitar la sublevación de la población chavista.

Sus primeras declaraciones oficiales tras la invasión fueron de rebeldía: «Venezuela es un país que no se rinde, no estamos subordinados…». «Venezuela está abierta al comercio energético donde todas las partes se beneficien y va a seguir trabajando con China, Rusia e Irán». EE. UU. respondió: no. Poco después aflojaba el discurso en favor de las relaciones de consenso.

Pero ojito con Delcy, ella no se subyuga al imperialismo, el imperialismo acatará el socialismo participativo. Nunca de rodillas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents