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Adéu a Ricard Pérez Casado

Ricard Pérez Casado en una fotografía tras una entrevista por el décimo aniversario de la Copa América de Vela.

Ricard Pérez Casado en una fotografía tras una entrevista por el décimo aniversario de la Copa América de Vela. / Eduardo Ripoll

Es muy difícil escribir sobre la muerte de un ser querido y muy cercano, como me sucede tras conocer que ha sido incinerado el cuerpo de Ricard Pérez Casado, fallecido el lunes pasado en su Valencia natal tras una larga enfermedad. Se recordará que fue alcalde de Valencia entre 1979 y 1988, cuando dimitió por discrepancias con la política municipal del PSPV-PSOE en la Comunitat Valenciana. También su gran peso en el municipalismo español -fue vicepresidente de la Federación Española de Municipios y Provincias-, mediterráneo -fue uno de los impulsores del foro de alcaldes de todas las riberas del Mare Nostrum-, europeo -ocupó la alcaldía de la ciudad de Mostar (Bosnia) como administrador de la Unión Europea para reparar la ciudad y supervisar las elecciones municipales de 1996- y mundial, pues fue presidente del Comité Español de la Federación Mundial de Ciudades entre 1979 y 1982. O su paso por Congreso de los Diputados como parlamentario en la legislatura que se inició el año 2000 o la presidencia del Colegio de Sociólogos en la Comunidad Valenciana cuando ya no ostentaba cargo público.

Tras el ordenador en que escribo están muchos de sus libros: “L´estructura económica del País Valencià” (1970), del que fue coautor; “Els preus del sol industrial al País Valencià” (1973), donde elogiaba la innovación que supuso entonces el polígono de Altabix, en Elche, y el papel que tuvo nuestro común amigo Fernando Martínez Ramos; “País Valencià: geografía i historia” (1980); “El socialismo posible” (1983), unos ensayos sobre el proyecto y pensamiento socialista; “Estudis i reflexions: el caso valencià” (1984); o “El miedo a la ciudad” (1987), entre otros que conservo y a los que vuelvo con frecuencia.

Ricard Pérez Casado fue el autor para el Círculo de Economía de Alicante, presidido entonces por el constructor Juan Bautista Torregrosa, presidente del Banco de Alicante y de Calpisa y Gran Alacant, de “Un Plan de desarrollo para Alicante ciudad y su comarca”, una obra de 1974 con muchos puntos de vigencia. Esta obra fortaleció nuestra relación personal pues como consecuencia de la misma, y con el amparo económico de Torregrosa, creamos un gabinete de estudios en Alicante, NAU S.A., similar a SIGMA, el que años antes Pérez Casado había fundado en Valencia con el periodista Viçent Ventura. Todas las semanas Ricard hacía el viaje en tren de ida y vuelta Valencia-Alicante que nos permitía a José Ramón Navarro Vera y mí enriquecernos con sus conocimientos y experiencias. Pero, sobre todo, fortalecer unas relaciones personales que ya nunca se perderían, bien en Valencia, Náquera, Serra, en su refugio en la sierra de Teruel o en nuestros desplazamientos familiares por tierras alicantinas (Xàbia, Benimantell, La Torre de les Maçanes,…), con Julia, Emilia, su hijo y los nuestros. Siempre recordaré la noche del 23-F de 1981, cuando Ricard, alcalde de Valencia y yo teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Alicante, me contaba por teléfono que un tanque enviado por Miláns del Bosch, apostado frente al Ayuntamiento de Valencia, apuntaba a su despacho, de luces encendidas y ventanales abiertos hacia la plaza, donde aguardaba con gran parte de su Corporación, como representantes democráticos del pueblo, el desenlace de aquel golpe de Estado, finalmente, frustrado.

Benvolgut Ricard, adéu! T’ estime i t’estimaré sempre, amic i company.

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