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Opinión | Tribuna

La enseñanza del belén

Así se ha inaugurado el Belén Municipal de La Glorieta, en Elche

Matías Segarra

Entre las muchas atracciones propias de los días navideños, siempre me ha atraído de modo especial visitar los tradicionales belenes. Con el matiz de que, como dice el refrán, "hasta San Antón, Pascuas son". En alguna ocasión he publicado en este diario que la contemplación de un belén me parecía una clase de historia contada de una forma muy sencilla. La escena esencial es la del Nacimiento de Jesús en un pesebre y en esa historia adquieren un gran protagonismo la gente sencilla desarrollando las tareas cotidianas y no solo los personajes que ostentan el poder y así entre las figuras del belén encontramos la de la mujer que lava la ropa, el pastor que cuida el ganado, el agricultor, el comerciante y con frecuencia todo ello enmarcado en el paisaje nostálgico de nuestros propios pueblos y ciudades.

En los belenes suelen aparecer elementos emblemáticos de nuestra ciudades que debido a eso que algunos llaman el progreso han desaparecido; entre ellos podemos citar a aquellos para los que el progreso incluye a los que se enriquecen debido a la especulación del suelo. Recordar es especialmente necesario en nuestro tiempo en el que tanto nos quieren robar la memoria. Pero ciertamente en la narración del belén no solo nos trae recuerdos del pasado, también en la sencillez con la que se nos ilustran los pasajes bíblicos encontramos las situaciones más sangrantes del presente. La figura del posadero que se niega a abrir la puerta a María y a José nos evoca las imágenes en las que se les niega a los pobres la posibilidad de un refugio. La crueldad que hemos visto estos días en un municipio de Cataluña es uno de tantos ejemplos de ello.

La enseñanza del belén

La enseñanza del belén / INFORMACIÓN

En la escena de la huida de la Sagrada Familia a Egipto contemplamos el problema de tantos emigrantes hoy día a los que se les cierran las puertas, no tanto por provenir de otro lugar, sino sobre todo por ser pobres. Sor Isabel de Villena, una de las figuras más preclaras de la literatura clásica valenciana, escribía que las mayores dificultades de la Sagrada Familia en Egipto las padecieron porque eran emigrantes pobres. La escena de la matanza de los inocentes no nos es hoy extraña; tal vez inmunizados por tanta información como tenemos, ya no sabemos mirar la crueldad de tantos conflictos a los que estamos asistiendo.

No podemos dejar de pensar especialmente en este caso en la muerte de tantos inocentes en la tierra de Palestina, la tierra en la que florecieron las tradiciones que contemplamos en el belén. Parece que personajes como el de Herodes no son solo fruto de la ficción. Ojalá encontremos unos Magos que nos descubran un camino de huida de estos Herodes. El espacio arrasado de la tierra de Palestina, la desaparición de tantos lugares emblemáticos de esa tierra, una tierra que vive en nuestra imaginación y entre nuestros más profundos sentimientos, es la imagen más acabada del mundo que nos quieren imponer esas mentes totalitarias cuyo único dios es el dinero. La alegría que se manifiesta en nuestras ciudades llenas de luces en las fechas de Navidad no nos puede deslumbrar y ocultar el mensaje profundo del belén. En algunos lugares de los EE UU los belenes de las parroquias se están convirtiendo en un grito de protesta ante la actitud que se está adoptando ante los emigrantes. Este año he optado por poner en mi casa un nacimiento de madera muy sencillo fabricado por los cristianos palestinos y que Cáritas estaba comerciando. Contemplar un belén nos puede iluminar sobre el mensaje de la Navidad mucho más que las luces con las que se adornan nuestras ciudades. La simple contemplación de un belén puede convertirse en un acto de protesta.

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