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¡O César o nada!

Donald Trump, presidente de EEUU

Donald Trump, presidente de EEUU / Agencias

“Son cosas que se dicen en campaña, pero que cuando se ocupa el poder se moderan, y queda lejos lo que se hace de lo que se dice”. Así se justificaban en prensa, a menudo, las autoritarias y demagógicas declaraciones del candidato Donald Trump antes de convertirse en el 45º presidente de los Estados Unidos de Norteamérica en el período 2017-2021. La verdad es que las conclusiones a las que yo llegaba eran que me recordaba a la figura de Hitler, o de Nerón, y me parecía tan exagerado que había que repensarlo constantemente. El 6 de enero de 2020 el asalto al Capitolio por fuerzas fascistas paramilitares alentadas desde la Casa Blanca, y organizadas desde el entorno presidencial, fue la confirmación terrible y sangrienta de que Trump era un peligro para su propio país y para el resto de la humanidad.

Hace un año Donald Trump, reelecto, tomó posesión del cargo de 47º presidente de los Estados Unidos de Norteamérica rodeado de los oligarcas de las seis grandes tecnológicas, la corte de los plutócratas y multimillonarios. Desde entonces el mundo está en un caos continuo, en una incertidumbre radical. No solo en el plano internacional, también en el interior, donde las reforzadas milicias paramilitares de ICE campan a sus anchas.

“No lo dudemos. Nuestro mundo es más peligroso y controvertido ahora que en décadas anteriores. Los conflictos evolucionan y la confianza se erosiona, al igual que las nuevas tecnologías impulsan la competencia y la dependencia. Nos vemos sometidos a una competencia desde el mar hasta el espacio, desde el campo de batalla hasta la sala de juntas. E incluso nuestros cerebros, a medida que la desinformación manipula nuestra comprensión mutua y de nosotros mismos. En todo el mundo, nos enfrentamos no a un solo peligro, sino a una red interconectada de desafíos de seguridad —militares, tecnológicos, sociales e incluso éticos— que se configuran mutuamente de forma compleja”. Estas palabras son del discurso de Blaise Metreweli, Jefa del SIS, anteriormente M-16 el pasado 15 de diciembre de 2025. En palabras de la nueva directora de los servicios secretos británicos es difícil pensar en una exageración: “Actualmente operamos en un espacio entre la paz y la guerra”, añadió. La invasión de Ucrania por Rusia no es solo una guerra, es un nuevo concepto de guerra en el que la IA cambia el combate, en que los drones proliferan a bajo coste; y la desinformación debilita las democracias desde dentro.

Durante el último año Canadá ha hecho silenciosamente lo que pocas democracias se atreven a hacer públicamente: ha avanzado una fuerza de defensa y resistencia civil de 300.000 personas; inició la campaña de reclutamiento militar más grande de la historia moderna de Canadá, aceleró las adquisiciones de defensa, reforzó la seguridad en el Ártico, avanzó decididamente hacia la soberanía satelital y de las comunicaciones. En definitiva, en defender la soberanía y democracia canadiense. No quieren ser el estado 51 de los Estados Unidos de Norteamérica.

En su discurso, la jefa de los 007 hace referencia a China y Rusia directamente, pero por discreción, o porque nadie se lo esperaba, es que el mayor ataque a Europa, a la OTAN y al derecho internacional, procede de los Estados Unidos. No exageramos en absoluto cuando, hace nueve años, calificamos de aspirante a dictador a Donald Trump durante su primera legislatura. En este segundo mandato está superando incluso lo que pregonaba durante la campaña. Si Chaplin viviera, haría una segunda parte de “El gran dictador”, como lo hizo en vida de Hitler, en 1940, en pleno apogeo nazi, y le costó la expulsión de Estados Unidos. Cuando Heinkel, el dictador de Tomeinia pregonaba que “la democracia apesta, la libertad es odiosa, la libertad de expresión es perjudicial” y contaba “con el ejército mas grande del mundo” y jugando con el globo terráqueo lanzó aquello de “¡O César o nada!”, ahora se titularía “El gran emperador”. ¿Hay hoy quien se atreva con una defensa de la democracia como la de Chaplin en el discurso final: “Mientras el hombre exista, la libertad no perecerá”.”Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de crear felicidad, de hacer de esta vida una maravillosa aventura”. “Garantizar a los hombres trabajo, a la juventud futuro y a los viejos seguridad. Liberar el mundo, derribar las barreras nacionales, el odio y la intolerancia, luchemos por el mundo de la razón”. “En nombre de la democracia debemos unirnos todos”.

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