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Opinión | BOLOS

Joan-Carles Martí

Joan-Carles Martí

Director de Levante-EMV

Adamuz: verdad antes que trinchera

Tras meses de duras lecciones, la catástrofe recuerda la importancia de la ayuda inmediata y la coordinación para la confianza pública

Así han quedado los vagones de los trenes accidentados en Adamuz

Lucía Feijoo Viera

Nunca se está listo para una tragedia que llega de golpe. Tampoco para la que se intuye. Uno cree que la previsión protege, pero no: el impacto desborda igual. Y cuando el accidente ocurre en transporte público —autobús, avión o tren—, el golpe se vuelve de todos. En Adamuz, además, el recuento de víctimas rompe cualquier distancia. De pronto aparece el inventario íntimo: el último viaje en AVE, el tramo por el que hemos pasado, el mensaje a quien está desplazándose. La vida se encoge en una noticia.

Y casi al mismo tiempo se activa otra maquinaria: la disputa. Se buscan culpables antes de conocer hechos. Se lanzan hipótesis con prisa. Se reparten responsabilidades por afinidad. Se convierte el dolor en argumento. La indignación es legítima; la especulación interesada, no. Menos aún cuando cada frase puede agrandar el ruido y reducir a las víctimas a un pie de página.

Venimos de meses en los que la catástrofe ha dejado lecciones duras; la dana, aquí, es memoria reciente. Conviene reconocer lo que funciona: ayuda inmediata, coordinación espontánea, mano tendida sin preguntar. Eso no es un gesto: debería ser norma. El problema es que dura poco. Pasan los días, se apagan los focos y regresa la lógica de trincheras: relato contra relato, acusación contra defensa, “lo tuyo” frente a “lo mío”. Esa dinámica degrada el debate y erosiona la confianza pública.

Precisamente por eso hace falta una respuesta institucional clara. Investigar no es un trámite: es un deber. Y rendir cuentas no es una caza: es una garantía. Si los primeros indicios apuntan a un suceso extraño —en recta, con visibilidad adecuada— la exigencia es mayor: datos, cronología, causas probables, medidas inmediatas. Los usuarios del AVE y de todos los demás servicios ferroviarios no necesitan consuelo retórico; necesitan certezas verificables.

Después vendrá el debate estructural: un modelo ferroviario que gira alrededor del centro y que, en cuanto falla un punto, contagia a toda la red. Ahí encaja el corredor mediterráneo: no como eslogan, sino como alternativa estratégica. Pero hoy toca lo básico: verdad, responsabilidad y respeto.

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