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Opinión | Tribuna

Mario Francisco Ruiz Igual

Mario Francisco Ruiz Igual

Presidente de la Federación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de Crevillent

Evolucionar sin perder el alma

En los últimos años, la Semana Santa de Crevillent vive un debate que no es nuevo, pero sí cada vez más insistente: el de su sonido. Se habla de evolución, de modernización, de nuevas corrientes musicales que llegan desde fuera y que algunos consideran inevitables. Y ante ese ruido —externo y a veces interno— conviene detenerse y reflexionar con calma.

Crevillent posee una Semana Santa singular. No solo por la magnitud de sus desfiles o por la implicación de su pueblo, sino por algo más sutil y profundo: su carácter sonoro. Un sonido antiguo, sobrio, austero, que ha acompañado durante generaciones a nuestras procesiones y que no busca el aplauso fácil ni el espectáculo, sino el recogimiento y la emoción contenida.

Ese sonido no es fruto del atraso ni de la falta de evolución. Es una elección cultural. Una identidad. Y, sobre todo, un patrimonio inmaterial que ha sabido mantenerse firme frente a modas pasajeras que hoy entusiasman y mañana se olvidan.

El cierre del Viernes Santo en Crevillent resultó muy emotivo con la participación de los coros

El cierre del Viernes Santo en Crevillent resultó muy emotivo con la participación de los coros / INFORMACIÓN

Evolucionar no puede ser sinónimo de imitar. Andalucianizarse —con todo el respeto que merece la Semana Santa andaluza— no es evolucionar, es homogeneizar. Y cuando todas las Semana Santa suenan igual, dejan de decir quiénes somos y empiezan a repetir lo que ya existe en otros lugares.

La verdadera evolución no rompe, afina. No sustituye, profundiza. Se puede crecer desde dentro: mejorando la formación musical, cuidando tempos y silencios, recuperando marchas antiguas, impulsando nuevas composiciones pensadas para nuestro estilo propio. Eso sí es avanzar. Eso es evolucionar con raíces.

Como sociedad debemos preguntarnos qué queremos legar a las próximas generaciones. ¿Una Semana Santa reconocible, con personalidad propia, o una más dentro de un molde común? La historia demuestra que los pueblos que renuncian a su singularidad rara vez ganan identidad; la pierden.

Defender lo nuestro no es cerrarse al futuro. Es, precisamente, garantizarlo. Porque solo quien sabe de dónde viene puede decidir con criterio hacia dónde va.

Crevillent no necesita parecerse a nadie para emocionar.

Crevillent ya tiene voz propia.

Y merece ser escuchada.

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