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Opinión | Tribuna

Aprobar por dinero

Aprobar por dinero

Aprobar por dinero

Aun a riesgo de ir a contracorriente e incluso de tirar piedras en mi tejado, no comparto la filosofía del último paquete de ayudas anunciado por el Consell de Juanfran Pérez Llorca para reintegrar el importe de la matrícula universitaria a quienes aprueben todas las asignaturas de primero. La medida, es de suponer, será recibida con entusiasmo por las familias con buenos estudiantes en casa, y me alegro, sobre todo, por aquellas cuya renta no les permite acceder a otras becas, pero que han de hacer malabares para pagar estos estudios. Sin embargo, si el objetivo es estimular al alumnado y premiar su esfuerzo, considero que la fórmula es inadecuada.

Pienso que en esos niveles de enseñanza quienes se esfuerzan por aprobarlo todo suelen tener ya motivaciones de sobra: las intrínsecas, como la propia satisfacción por el logro, que es una de las más poderosas y duraderas, y las extrínsecas, como terminar la carrera a tiempo para encontrar trabajo e independizarse. Se me dirá que en el mundo universitario hay mucha desidia y desmotivación, y que un incentivo económico podría hacer que quienes hoy no estudian con constancia cambien el chip, pero lo dudo. El dinero es un motor, sí, pero este estímulo tiene pies de plomo: es puntual, finito y sólo actúa, en el mejor de los casos, durante un curso.

Si de motivar se trata, quizá sería más eficaz invertir en algo menos vistoso, pero más estructural: profesorado bien formado y, a su vez, motivado para conseguir que el estudiantado se enganche de verdad a las materias. La motivación que nace de una buena experiencia educativa es mucho más sólida que la que depende de un ingreso eventual. Cuántas profesiones, si no, han sido inspiradas por un buen profesor o profesora.

Y luego hay una cuestión de justicia. Estas ayudas olvidan la casuística social de quienes han llegado a la universidad sorteando entornos familiares complicados, precariedad económica o contextos poco seguros. No todo el mundo parte del mismo punto ni tiene las mismas condiciones para aprobarlo todo, por muy motivado que esté. Por eso, vincular la devolución de la matrícula a un expediente perfecto puede acabar premiando solamente a quienes, de origen, tienen las mejores cartas: la falsa meritocracia que tanto gusta a la derecha. No dudo de que la medida tendrá el viento (electoral) de cara, pero está lejos de responder a una política educativa que piense en grande.

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