Opinión | El indignado burgués
¿Y si tenemos que retroceder para avanzar?

Y si tenemos que retroceder para avanzar
No sé si les pasa a ustedes, pero yo tengo la impresión de que el estado de bienestar se rasga por las costuras y amenaza con venirse abajo. Es verdad que es atacado desde muchos frentes y odiado visceralmente por los terraplanistas de la ultraderecha trumpista, pero no toda la culpa del desmoronamiento del sistema es suya. A ver si es que hemos ido demasiado lejos sin prever que, en un momento dado, nos quedaríamos sin recursos, no ya para seguir avanzando, sino para consolidar lo que ya teníamos.
Los militares vienen estudiando desde las guerras púnicas, y probablemente antes, cómo los avances en territorio enemigo tienen que ir acompasados por el movimiento de la línea de suministros. De nada sirve conquistar una ciudad alejada del cuerpo principal del ejército si no tienes alimentos para los soldados de vanguardia ni munición para sus armas. Le pasó a Napoleón en Rusia y mira que era buen estratega, pero un soldado que no bebe, no come y carece de balas es tan eficaz en el combate como una muñeca Nancy.
Tengo la sensación de que nos está pasando lo mismo con la sanidad y con las infraestructuras. Está muy bien que, después de China, seamos el país donde tengamos más kilómetros que nadie en el mundo de alta velocidad ferroviaria y que incluso exportemos tecnología AVE por esos mundos de Dios. Es genial que para viajar de Alicante a Madrid podamos elegir un montón de opciones diarias, en tres trenes distintos que van por la misma vía y a un precio regalado. Hasta 9 euros he pagado, que es diez veces menos de lo que traga mi todoterreno para llegar al mismo sitio, y eso sin contar el peaje y la posibilidad de que te casquen una multa por pasar de 120, que es una birria de velocidad si tienes un montón de caballos debajo del capó.
Pasa lo mismo con la sanidad universal, que está muy bien como principio y es un lujo si eres español o vives en España, una diferencia fundamental, que no afecta a los hospitales públicos: una vez que entras por la puerta, procedas de Mali o de Noruega, tienes derecho a lo mismo que si tu antepasado fuera el Cid Campeador. Ojo, que me parece bien, no les vamos a dejar morir como perros -es un decir, los canes españoles, los "perr-hijos", viven muchísimo mejor que la mayoría de los humanos de este planeta. La cuestión es si podemos pagarlo sin que quiebre el sistema y a qué sacrificios estamos dispuestos a llegar.
Muchos no se han enterado de que la sanidad y las infraestructuras las pagamos con nuestros impuestos, se creen que provienen de un "Deus ex machina" que soluciona todas nuestras necesidades con chasquear los dedos. Pues no, siento sacarles de esa percepción, pero tenemos lo que pagamos y si tenemos más tendremos más y si menos, menos. Así es la vida, injusta, ya lo sé.
Cuando piensas en el accidente del AVE, en el colapso de las Cercanías, en las listas de espera de la sanidad pública, en la crisis de la educación, en las pensiones y etcétera, te preguntas si no es que hayamos avanzado más deprisa de lo que podemos digerir, como Napoleón. Está muy bien que me cueste diez euros ir a Madrid y que en un hospital me faciliten un tratamiento que vale miles de euros por ser ciudadano español, pero ¿de verdad es necesario llegar a ese nivel de bienestar? Los españoles pagamos de media entre un 20 y un 30 % de nuestros salarios en impuestos, ¿es mucho, es poco? Pues depende de lo que tengas y a lo que te dé derecho, pero está claro que no podemos mantener lo que tenemos con lo que generamos.

Valencia .Personas mayores en la entrada del Centro de Salud de Russafa . Falta de geriatras en el sistema de salud publica. SANIDAD . CENTRO DE SALUD DE RUSSAFA . PERSONAS MAYORES . ANCIANOS / Francisco Calabuig / LEV
Ahora llegará el demagógico que planteará que la parte del león de los impuestos se la lleva el Falcon de Sanxe o el sueldo de los diputados o los gastos de representación y mariscadas de los de más allá y que, por tanto, prefiere quedarse el dinero a que se despilfarre en lujos asiáticos. Son los mismos que les dicen que las pensiones para todos los trabajadores son una rémora y que tienen que acudir a planes privados, o dejan hundirse la sanidad para que los quirones hagan su agosto y la baronesa tenga un ático de caerse de espaldas. Si les creen, allá ustedes, dentro de poco tendremos al ICE patriótico llevándose, a tiros, a su vecino negro de San Vicente del Raspeig.
Si consideran que pagar impuestos es incómodo, pero necesario, están en otra trinchera. Eso es el estado del bienestar, amigos, pero el universal, no el de unos pocos. Pero volviendo a la tesis de que hemos ido demasiado lejos, nos quedan dos alternativas: o seguimos invirtiendo para aumentar cada vez más ese bienestar, y que todo vaya como la seda, o nos replegamos y dedicamos el dinero a mantener lo que ya tenemos.
Personalmente, no quiero para nada un AVE a diez euros si eso supone un riesgo de descarrilar a trescientos kilómetros por hora. Piénsenlo, que hay examen.
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