Opinión | El mundo por de dentro
Oligarquía o democracia

Archivo - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, antes de emprender un viaje a Florida. / Europa Press/Contacto/Chris Kleponis - Archivo
Las decisiones políticas impulsadas principalmente por el lucro personal o el interés propio socavan el crecimiento. El Nobel de Economía de 2024 se otorgó por una investigación que demostró cómo la concentración de poder, recursos y oportunidades en manos de una pequeña élite política limita el desarrollo y la prosperidad. Los galardonados ese año en ciencias económicas —Daron Acemoglu, Simon Johnson, los dos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Cambridge, y James Robinson de la Universidad de Illinois— han demostrado la importancia de las instituciones sociales para la prosperidad de un país. Las sociedades con un Estado de derecho deficiente e instituciones que explotan a la población no generan crecimiento ni cambios positivos. La investigación de los galardonados nos ayuda a comprender por qué las políticas basadas en intereses personales generan incertidumbre y obstaculizan las inversiones, ya que se confunden las reglas que rigen las decisiones y los contratos. (Patricia Cohen."Qué es el "neomonarquismo" y qué dice de Trump". The New York Times 5-II-2026)
“Desde que Donald Trump fue elegido presidente, en noviembre de 2024, la fortuna conjunta de los milmillonarios del planeta ha crecido tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores. Aunque el mayor crecimiento corresponde a los milmillonarios estadounidenses, la riqueza de los milmillonarios de otras partes del mundo también ha experimentado incrementos de dos dígitos. Las medidas adoptadas en lo que llevamos de mandato por Trump han beneficiado a las personas más ricas del mundo, ya sea defendiendo una mayor desregulación o frenando la puesta en marcha de acuerdos que supondrían una mayor tributación efectiva de las grandes corporaciones”. ("Contra el imperio de los más ricos". Informe de Oxfam Intermón, publicado en enero, durante el Foro de Davos). El informe muestra cómo la acumulación de riqueza permite influir en normas, decisiones públicas y prioridades colectivas, dejando fuera a la mayoría social. Ya no hablamos solo de desigualdad económica, sino de una amenaza directa a la calidad democrática.
El control y la influencia de los más ricos sobre la política no es nada nuevo, sino que es habitual en la mayoría de los países del mundo. Desde hace un año eso no solo es más visible y descarado, sino que han acumulado más riquezas y utilizan esa riqueza para asegurarse el poder político necesario para dirigir las economías y los países mientras retroceden los derechos civiles y políticos. Más de la mitad de los medios de comunicación más importantes del mundo son propiedad de milmillonarios y seis de ellos dirigen nueve de las 10 principales redes sociales del mundo y ocho de las diez empresas mayores de IA.

Trump pide tratado nuevo y "modernizado" tras expirar el pacto nuclear New START con Rusia / MATTHEW PUTNEY / Agencia EFE
El Parlamento Europeo, a pesar de las amenazas de Donald Trump, ha regulado las redes sociales y está multando a las empresas que incumplen las normas establecidas en la UE. Ahora países como Canadá, Australia, Francia, y en España lo acaba de proponer Pedro Sánchez, limitan el acceso a las redes a los menores. Este ha sido el desencadenante de los ataques del hombre más rico del mundo, Elon Musk, tachando al presidente español de "tirano" y "traidor", al que se ha sumado Pável Dúrov -fundador y CEO de Telegram- en nombre de la "libertad de expresión". La democracia sometida a los milmillonarios como ha demostrado el Nobel de Economía de 2024 que citamos al principio socava la economía y limita gravemente la prosperidad y el desarrollo económico. Por eso precisamente, en 2024, la libertad de expresión empeoró en una cuarta parte de los países del mundo. Según Freedom House, 2024 fue el decimonoveno año consecutivo en el que este indicador retrocedió a nivel mundial, ya que más de 60 países experimentaron un retroceso en derechos políticos y libertades civiles. Tanto Musk como Durov, ambos están relacionados con figuras de la extrema derecha norteamericana y europea a la que financian para defender sus intereses. Los algoritmos de sus redes propician la desinformación, la polarización política y social y no limitan los bulos e injurias, e incluso difunden contenidos ilícitos de manera sistemática -imágenes sexualizadas aplicando la IA, por ejemplo- que se vierten en las mismas sin que nadie sea responsable, hasta el momento.
Hace ya un siglo, ante la entonces abrumadora desigualdad en Estados Unidos, el juez del Tribunal Supremo Louis Brandeis afirmó: "Tenemos que elegir: podemos tener una riqueza extrema concentrada en manos de unos pocos o podemos tener democracia, pero no podemos tener ambas cosas", citado en el Informe Oxfam. Lo dicho, oligarquía o democracia.
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