Opinión | Corto y al pie
Ana Botín se adelanta a todos: la jugada en EE UU que nadie vio venir

Archivo - La presidenta del Banco Santander, Ana Botín, a 5 de febrero de 2025, en Boadilla del Monte, Madrid (España). / Marta Fernández - Europa Press - Archivo
Ana Botín ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: leer el momento, identificar la oportunidad y moverse por sorpresa antes que los demás. La presidenta del Banco Santander ya actuó así el año pasado al hacerse con la filial británica del Banco Sabadell cuando BBVA intentaba comprarlo con una opa hostil que después fracasaría. Ahora ella repite el modus operandi. Botín llevaba tiempo diciendo que quería crecer en Estados Unidos, el mercado bancario más grande y competitivo del mundo. Comprar un banco allí no es un gesto impulsivo ni coyuntural, sino una apuesta estratégica.
EE UU sigue siendo un destino atractivo para la inversión financiera, con oportunidades que ni siquiera el errático presidente Donald Trump puede borrar. No es un mercado para improvisar y quizá algunos bancos salieron de él demasiado pronto. Quien actúa con criterio marca la diferencia sobre todo si, además, puede permitírselo, como en el caso de Santander, apoyándose en el colchón que le da haber logrado los mayores beneficios de su historia en 2025 y en tener ya una filial allí.
El banco adquirido, Webster Financial, aporta ventajas claras. Su posición en el noreste del país, una de las zonas con mayor poder adquisitivo y densidad empresarial, permite a Santander acceder a una base de clientes amplia y diversificada, tanto particulares como corporativos. Además, lo coloca entre los diez grandes bancos de EE UU, que se convierte en su tercer mayor mercado por activos, por detrás de España y Reino Unido.
Crecer de forma orgánica, en solitario, habría sido más lento que hacerlo con esta compra, con la que el Santander gana tamaño de forma inmediata, evita años de curva regulatoria y gana credibilidad frente a clientes y autoridades. No es solo crecer, es acelerar. También es una jugada defensiva. Si el Santander no compra Webster, lo harán otros, ya sean fondos estadounidenses, rivales locales o grupos asiáticos.
La adquisición, sin embargo, no está exenta de riesgos. Integrar culturas bancarias distintas, cumplir la normativa estadounidense y competir con gigantes locales no es fácil. Alcanzar altas cotas de rentabilidad tampoco lo es. Pero Santander tiene experiencia y ahora también escala para asumir esos riesgos.
La operación no garantiza el éxito absoluto, pero sí asegura al banco estar en primera línea del mercado estadounidense. Por mucho que Ana Botín diga que no prevé más compras, surgirán más entidades como Webster en el camino. Gracias a su historial de visión y anticipación, el Santander estará un paso por delante y podrá pujar por ellas, diferenciándose de los que solo se limitan a reaccionar.
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