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Opinión | Esto no es un cuaderno

Acompañad al alcalde

Que el alcalde ilicitano, Pablo Ruz, es un consumado influencer y un dicharachero reportero en redes sociales es algo ya sabido y asumido por buena parte de la población que sigue estas cosas, y en especial los que siguen las cosas del infatigable alcalde. Pero hay quien considera que, pese a ese bombardeo de reels sobre la más rabiosa actualidad socio-político-comercial en Elche, quizás el primer edil no trabaja todo lo que debería y no dedica tanto tiempo a su ocupación como sería menester. Y que por eso hay falta de limpieza en algunos barrios, retrasos en las obras y escasez (todavía) de flores en plazas, calles y jardines.

Una apreciación a todas luces led injusta sobre alguien que se desvive por su ciudad y sus pedanías, y por el bienestar de sus conciudadanos empadronados. De ahí que Ruz haya dado un paso adelante y estrenado una nueva modalidad de reality show (o docuserie, porque al parecer va a tener varios capítulos e incluso temporadas), con el título de Un día con el alcalde. «Venid, acompañad al alcalde», invita en su primer episodio el regidor, que ya adelanta lo que se verá en el programa: entrevistas, visitas, ruedas de prensa, deporte, agua, agricultura, medicina, ciencia... y hasta llamadas espontáneas y sorpresivas a los funcionarios que cumplen años para felicitarles. Eso sí que es un magazine y no el de Jorge Javier Vázquez.

La desenvoltura, el garbo y el donaire con los que Ruz nos muestra su jornada ante la cámara (una mejor dirección escénica y encuadres más cuidados vendrían bien, pero todo se andará), en un no parar de idas y venidas, de arriba y abajo, de esto y lo otro, es digno de elogio. Desde luego sin comparación posible con la desaborida sección del Pleno en menos de un minuto de su previsible futuro contrincante para la Alcaldía, el socialista Héctor Díez.

El alcalde, además de mostrar su intensa agenda, quiere también interactuar con su público, al que le pide que le proponga temas de Elche sobre los que hablar, en lo que al parecer aspira a ser un serial que conjugue los comentarios de rabiosa actualidad con la divulgación y el entretenimiento familiar. De momento, cuentan algunas fuentes con chorritos, que ya hay quien le ha pedido que explique en uno de los programas el tasazo de la basura sin mencionar a Pedro Sánchez ni una sola vez, si ello es posible.

Otro tema ameno e instructivo para la población del centro y alrededores, y con mucho juego visual, sería un vídeo del alcalde comentando in situ el retraso en la retirada de la uralita de la techumbre del edificio racional-funcionalista del antiguo Mercado Central, en su proceso de rehabilitación y transformación en centro gastronómico-comercial.

Tras acumular esta obra estrella del actual tándem gobernante PP-Vox un considerable retraso en su ejecución y no pocos quebraderos de cabeza para el ídem, el alcalde había recuperado buena parte de su habitual sonrisa. El trabajo de desamiantado se había ejecutado, por una vez, en menos tiempo del previsto, pese a tratarse de un material peligroso para la salud si no se manipula siguiendo estrictas medidas de seguridad.

La primera autoridad y cargos adyacentes se las prometían muy felices con este adelanto del plazo cuando surgió un problema inesperado e imprevisto a la vez. A las dificultades de acceso al lugar que tenían los camiones que debían cargar las placas de asbesto se unió la indisciplina, cuando no el incivismo, de peatones y conductores que deambulan por el lugar. No hacían caso a las señales que indican los lugares y horarios de paso, para evitar exponerse a eventuales fugas de materiales dañinos. Hasta el extremo de que la empresa responsable de la retirada advirtió de que sin presencia policial no reanudaba los trabajos.

¡Pero bueno, ¿esto qué es lo que es?!, vino a exclamar el alcalde (sin cámaras en ese momento), según comentó uno de sus asesores mientras tomaba un café en el Damasol, en una rápida escapada aprovechando que su jefe había ido al aseo a peinarse el tupé después de la ventolera. El funcionario de empleo se quedó pasmado al ver al dueño del bar equipado de pies a cabeza con un equipo de protección (EPI), a causa de la proximidad al lugar de eventos y a los amenazantes montones de uralita frente a su terraza (no pudo conseguir más equipos para los clientes, aunque lo intentó). Un claro ejemplo de ciudadano concienciado y que sabe cómo reaccionar ante sucesos que pueden impactar en la salud de uno y de los demás.

Sin embargo, por desgracia no ha sido esta la norma. Dada la persistente obstinación de ciertos individuos en incumplir los preceptos municipales y en deambular por el lugar ajenos a los peligros que sobre ellos se ciernen, tal vez el bipartito debería haber sido más previsor. En tal sentido, quizás habría sido oportuno colocar a funcionarios del grupo C (que podrían ganar así puntos para la recién aprobada carrera profesional, e incluso horas extras) repartiendo EPIs en los alrededores del mercado entre los transeúntes. O incluso, para no afectar al plan de ajuste municipal, se podía haber despachado el asunto con un material de protección más modesto, como equipos de bata, gorro y patucos sanitarios desechables, además de unas mascarillas tipo FFP3.

La cuestión es que ha habido retraso en la operación amianto, demora que se une a las ya acumuladas en la obra de rehabilitación propiamente dicha. Contrariedades que a no ser que se dé un fuerte achuchón trastocarán el plan de Ruz de vestirse de tendero e inaugurar el recinto en agosto, en plenas celebraciones patronales, posiblemente con el disparo de una coetà y otra palmera de la Mare de Déu (con silueta mariana flameante incluida) desde la azotea del ya rehabilitado edificio. Evidentemente, con el reel correspondiente del acontecimiento.

Todo ello acontece mientras crecen los indicios y sospechas de que no habrá el prometido aparcamiento subterráneo en la plaza de las Flores, según se infiere de algunas confidencias no confirmadas desde el gobierno local. Según cuentan algunos por lo bajini, se están buscando otras alternativas que no molesten a vecinos, comercios, terrazas y, sobre todo, al Icomos (por lo de la afección al Misteri, ¿se acuerdan?).

Pero no todos son malas noticias para Ruz. Por fin ha podido hacerse fotos y los correspondientes vídeos junto a los trabajos de demolición del primer bloque ruinoso del barrio de San Antón, otra de las actuaciones demoradas más de lo esperado. Quizás hubiese deseado subirse a la excavadora y haberle dado el primer golpe con el martillo hidráulico. Porque no se ha sacado (aún) el carnet de operador de maquinaria, que si no...

El alcalde, además de mostrar su intensa agenda, quiere también interactuar con su público.

Coinciden en el tiempo y el espacio (urbano) esta rehabilitación de San Antón con la del grupo Porfirio Pascual, en Carrús. Dos formas muy diferentes de actuar de las administraciones en barrios levantados en la misma época (finales de los años 50 y los 60 del pasado siglo) y con similares características constructivas. El primero se levantó como promoción privada mientras que el segundo el segundo fue de iniciativa pública, dentro de los programas franquistas de vivienda desarrollados en esos años. En uno se actúa construyendo nuevos bloques y derribando los antiguos, con la oposición de parte de sus propietarios, y en el segundo, rehabilitando los existentes, con la aceptación mayoritaria de sus vecinos. El paso del tiempo dirá cuál es el más efectivo urbanística y socialmente, y el menos traumático para sus moradores. Expectantes quedamos.

Sigan también atentos al próximo episodio de Un día con el alcalde, a ver cómo arregla las quejas y protestas de vecinos y comerciantes de Arenales por la supresión de un carril de circulación en el principal vial de la pedanía costera para ganar más aparcamientos. ¡Eso es to... eso es to... eso es todo amigos!

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