Opinión | Desde la calle

Exconcejal del Ayuntamiento de Elche
Pintan bastos

El pleno municipal que se celebró el pasado 26 de enero en el Ayuntamiento de Elche, que fue el primero de este año. / Áxel Álvarez
El pleno del Ayuntamiento de Elche celebrado el 26 de enero de 2026 dejó una imagen que, desde hace tiempo, viene siendo perceptible: la oposición de izquierdas parece atrapada en el ruido político, cada vez más desconectada de la fiscalización del Gobierno. Lo sucedido no fue un ejercicio de control democrático, sino más bien un espectáculo teatral cargado de consignas, dramatismo y escasa concreción.
Las intervenciones prolongadas y broncas, repletas de palabras grandilocuentes y acusaciones genéricas, carecieron de propuestas reales para abordar los problemas cotidianos de la ciudad. La izquierda habla mucho sobre Elche, pero su discurso cada vez refleja menos la realidad municipal, mostrando un evidente desgaste, así como una clara desconexión con la gestión efectiva que lleva a cabo el Gobierno municipal, con el alcalde, Pablo Ruz, a la cabeza.
Durante la sesión, los grupos de izquierdas reclamaron más gasto, más recursos y más servicios, sin explicar cómo se sostendrían esas demandas ni cuáles eran sus prioridades concretas, demostrando una clara falta de rigor económico e irresponsabilidad. La política municipal exige soluciones tangibles; los discursos maximalistas solo generan ruido y disminuyen la credibilidad de quienes pretenden representar a la ciudadanía.
La oposición parece no comprender que la política local se mide por resultados, no por titulares llamativos. En lugar de abordar los problemas concretos de la ciudad, eleva el debate a un plano ideológico abstracto que aporta poco a la vida diaria de los ciudadanos. Esta desconexión se hizo evidente durante todo el pleno, dejando claro que la prioridad es el conflicto y no la acción.
Otro problema recurrente es la incoherencia histórica. La oposición pretende presentarse como defensora incansable de lo público, pero la memoria de su gestión pasada muestra decisiones improvisadas, lentas y con escasos resultados tangibles. Hoy, su discurso ha cambiado poco, pero la confianza en su capacidad de gestionar se ha deteriorado notablemente.
Además, importar debates nacionales y trasladarlos al pleno municipal genera un efecto contraproducente. Los problemas de Elche son locales y requieren soluciones concretas; la política municipal no se beneficia de debates generalistas ni de confrontaciones ideológicas, que podrían darse en cualquier otra ciudad. Esta práctica evidencia la desconexión de los plenos municipales con la gestión local, y con la definición de prioridades, que deberían ser su principal cometido.
El tono bronco y cercano a la descalificación personal tampoco contribuye a mejorar la percepción de la labor de la oposición. Las intervenciones que buscan confrontar permanentemente o descalificar sin aportar alternativas degradan la institución y convierten el pleno en un espectáculo, en lugar de un espacio de deliberación y construcción de consensos. La política local debería centrarse en resolver problemas concretos y mejorar la vida de los ciudadanos, no en exhibir superioridad moral o protagonismo personal.
Mientras la oposición se recrea en el conflicto, el Gobierno municipal de Pablo Ruz gestiona proyectos uno detrás de otro que no admiten demagogia ni distracciones, como si un tren estuviera pasando por encima del PSOE y Compromís, incapaces de reaccionar ante este brutal dinamismo en ejecución de proyectos para Elche.
El pleno dejó claro que la oposición de izquierdas no solo carece de una alternativa sólida de gobierno, sino que también ha perdido conexión con la práctica política necesaria para gestionar un municipio. La política local exige seriedad, coherencia y compromiso tangible con la resolución de problemas concretos. La protesta permanente y las consignas sin soluciones efectivas convierten a la oposición en un obstáculo para la ciudad que pretende representar.
Una ciudad no se construye desde trincheras ideológicas ni con gritos constantes. Se construye escuchando, priorizando y tomando decisiones fundamentadas en hechos y necesidades reales. La labor de la oposición debe ser útil, responsable y conectada con los retos concretos del municipio, en lugar de centrarse en la confrontación y el maximalismo. Lo visto en el pleno de enero evidencia que la izquierda sigue apostando por la forma más que por el fondo: hablar mucho, escuchar poco y aportar aún menos.
Si la oposición pretende recuperar credibilidad y legitimidad, deberá abandonar el recurso fácil de las consignas y el dramatismo, demostrando que puede contribuir de manera constructiva a la mejora de la ciudad. Los ciudadanos no buscan debates épicos ni conflictos nacionales trasladados al ámbito local; buscan soluciones reales que mejoren su día a día. Por ello, la oposición debe replantear su estrategia, abandonar la teatralidad y asumir que su papel no es solo hablar, sino también proponer, escuchar y construir.
En suma, hablar mucho y escuchar poco es un camino seguro hacia la desconexión con la gestión y con la ciudadanía. La política municipal no se construye desde la confrontación ni desde la ideología: se construye con trabajo, propuestas concretas y atención real a los problemas de la ciudad. Elche necesita una oposición que cumpla estos criterios, y lo sucedido el 26 de enero demuestra que la izquierda aún tiene un largo camino por recorrer para ser efectiva y creíble. Hasta pronto.
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