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Opinión | Tribuna

Redes y conejos

Los algoritmos escogen los contenidos que visionamos. Los que provocan más rabia se viralizan tres veces más.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la clausura de un congreso sobre industria celebrado este jueves.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la clausura de un congreso sobre industria celebrado este jueves. / LUIS TEJIDO / EFE

Pedro Sánchez se ha sacado de la chistera un conejo que andaba canturreando por los parajes parlamentarios desde hace más de un año y medio, como si de una novedad se tratara: prohibición del acceso a los menores de 16 años a las redes sociales, obligación de que las plataformas implementen la verificación de edad, responsabilizar penalmente a los propietarios de los contenidos y veto a la amplificación de contenidos ilegales.

¿Dieciséis años es una buena edad para limitar el uso de redes? Los algoritmos escogen los contenidos que visionamos. Los que provocan más rabia se viralizan tres veces más. Discursos de odio, pornografía y desinformación. Las redes nos polarizan política y psicológicamente. Obviamente, los adolescentes son mucho más vulnerables. La exposición a vidas idealizadas y a métricas como los 'likes' afectan a su autoestima. El ciberacoso, con insultos y hostigamiento, les genera un fuerte impacto emocional. La necesidad de sentirse validados por otros adolescentes y el diseño adictivo de las plataformas puede generar dependencia y aumento de ansiedad, depresión y trastornos alimentarios.

Claro que aprobamos el desafío que constituye regular el diseño y la navegación para mitigar los efectos de las redes sobre la salud mental de nuestros niños y jóvenes. Pero, en realidad, ¿será aplicable el anuncio presidencial?

La Comisión Europea ya ha avisado al Gobierno de que no puede poner condiciones adicionales a las descritas en la ley europea de servicios digitales, la DSA. Pero lo que sí que ya ha conseguido Pedro Sánchez es que Elon Musk le dedique dos tuits, insultándole brutalmente. Y que el propietario de Telegram, Pável Durov, también le critique: "España podría convertirse en un Estado de vigilancia … con sobrecensura, silenciando opiniones políticas, periodísticas o de voces disidentes". La importancia de un hombre se mide por la talla de sus enemigos, atribuimos a Churchill o a Nietzsche.

A nadie se le escapa que el objetivo último de los repetidos anuncios del mago Sánchez tiene apariencia de fecha: 2027.

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