Opinión | Espejo

Laura Soler Azorín es diputada autonómica por Alicante del PSPV-PSOE
Cucarachas

Trabajadores de la residencia de Santa Faz han denunciado la presencia de ratas en las instalaciones / Pilar Cortés
Esta semana hemos conocido una situación vomitiva. Hay calificativos mucho más desagradables, pero serían poco adecuados para este medio de comunicación por lo insultantes que podrían llegar a ser. La denuncia apareció en TikTok —red social que no utilizo— y en INFORMACIÓN, que por suerte se hace eco de los más vulnerables. Nos mostraba la asquerosa y angustiosa situación en la que se encuentran las personas usuarias dependientes de la residencia Santa Faz.
Personas que, como yo, no pueden salir corriendo a denunciar injusticias porque dependen de otras para absolutamente todo: que les cambien el pañal después de haberse hecho caca o pipí, que las levanten, las acuesten, las ayuden a comer. Y aquí solo estoy hablando de lo más básico. Por no hablar de algo tan simple como salir a dar un paseo o realizar una mínima actividad de ocio.
Por ello quiero dar la enhorabuena y las gracias a los cuidadores y cuidadoras que siguen yendo a trabajar y apoyando a estas personas, a pesar de llevar muchísimos meses sin cobrar. Lo hacen porque saben que las personas a las que atienden viven y sobreviven gracias a ellos. Yo vivo una situación similar, pero por suerte tengo voz. Y hoy la uso para denunciar que es inhumano e incalificable que seres humanos estén viviendo entre una plaga de cucarachas, moscas y ratas.
Según relatan, hay tal cantidad de insectos que llegan a subirse por el cuerpo de las personas. Se anuncia que esta semana se va a fumigar, pero mientras tanto estas personas, además de ser ultra vulnerables, tienen que soportar los efectos de la fumigación y, literalmente, tragarse moscas porque el lugar no cumple las mínimas normas de salubridad. No hay derecho.
La deshumanización que estamos viviendo por parte de quienes nos gobiernan es insoportable. Políticos que, claramente, no se preocupan por la ciudadanía, sino únicamente por ellos mismos. Y por eso me voy a permitir hacer una sugerencia. Después del escándalo de los pisos de lujo —que de protección oficial tenían solo el nombre y que acabaron siendo enchufismo para cuatro ricos bien conectados—, asignados por la derecha recalcitrante que gobierna esta ciudad, tanto desde el Partido Popular como desde Vox, me pregunto: ¿de verdad esta es la sociedad que queremos?
La extrema derecha avanza, se normaliza y se expande, mientras la gente parece no abrir los ojos ante semejantes barbaridades. Yo no quiero esta sociedad. Y lo digo como persona dependiente. Podría haber estado allí. Hoy no lo estoy por suerte, pero siento como propias las vivencias de mis iguales, obligados a sobrevivir en condiciones terroríficas.
No puedo intervenir en el pleno por mi situación de reposo obligatorio, así que aprovecho esta ventana para ponerme a disposición de las familias y, sobre todo, de los trabajadores que llevan meses sin cobrar y que, aun así, continúan cuidando a estas personas en condiciones infrahumanas. Pero también quiero pedir, con lágrimas en los ojos mientras escribo este artículo, que esos pisos de lujo, indebidamente asignados a determinados políticos, se cedan para que estas personas puedan vivir dignamente mientras se fumiga, se desparasita y se adecuan las instalaciones de la residencia.
Y sí, por un par de días —solo dos, ya sé que es una fantasía—, me gustaría que quienes se asignaron esos pisos vivieran en el centro de Santa Faz, entre ratas, hormigas y cucarachas. Como ellos.
Porque cualquiera puede llegar a ser dependiente. A cualquiera nos puede cambiar la vida en un segundo. Y como persona con discapacidad y dependencia, no me queda más que dar nuevamente las gracias a los trabajadores, a las personas dependientes y a sus familias por resistir y por lanzar un grito al cielo diciendo: basta ya. Las personas dependientes estamos aquí. No nos vamos a callar. Y no vamos a dejar de luchar por nuestros derechos, y menos frente a las cucarachas que nos gobiernan.
No los animales. Las personas.
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