Opinión | En la barra del Café Época
Esta para ti, esta para mí y la que queda para la prima de Paco

El Mig Any, que se celebró el pasado fin de semana en la ciudad de Elche. / MATIAS SEGARRA
«Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho». Francisco de Quevedo
¡Ole, ole y ole! Lo que ha pasado en Alicante y en la adjudicación de viviendas de una promoción pública se merece una ovación cerrada. Qué digo una ovación, se merece una ola de esas que hace el público del programa La ruleta de la fortuna al grito: «¡A por el bote, oe!». Qué maestría, qué arte, ¡qué les den las dos orejas, el rabo, el Nobel y al menos dos medallas de oro bien grandes! Porque eso de aprobar y ejecutar en suelo público una promoción de vivienda pública y que, según informaciones publicadas, se las adjudiquen supuestamente entre otros la concejala de Urbanismo de Alicante, familiares de esta, funcionarios municipales, familiares de notarios y de otros cargos públicos vinculados a la Administración autonómica y miembros de familias nobles y pudientes de Alicante es de premio. Qué digo de premio, es para sacarlos a hombros y ponerles una estatua en cualquier rotonda, con la leyenda «¡A los más grandes!», y todo ello, no crean, sin que nadie se enterara, así sin más, ni el alcalde de Alicante, ni los organismos administrativos que se supone que debían inspeccionar o supervisar las adjudicaciones, nadie, una operación limpia, que ya le gustaría habérsela apuntado la CIA o el Mossad, para que luego digan que si los españoles no sabemos hacer las cosas, que si somos Mortadelo y Filemón, ¡vamos y vamos!, con esta operación hemos dejado en enaguas a Dan Bronw.
Teórica y técnicamente, según refiere Belén Esteban, Ramón, que es albañil de toda la vida, y aquellos que entienden de estas cosas de la construcción de vivienda, de la promoción pública y de sus entresijos, la promoción pública de vivienda está justificada por la necesidad de garantizar el acceso a un hogar digno a sectores de la población que no pueden obtenerlo en el mercado libre, funcionando como un mecanismo de equidad social y regulación económica. La promoción pública de vivienda no es solo un servicio social, sino una intervención estructural necesaria para asegurar la equidad, la estabilidad económica y la dignidad ciudadana.
Según estas fuentes, las viviendas de promoción pública están dirigidas principalmente a personas y familias con recursos económicos limitados, jóvenes que buscan su primera vivienda, mayores de 65 años y colectivos en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión social. Estas viviendas buscan garantizar el acceso a una residencia habitual y asequible. Por lo tanto, las viviendas de promoción pública, son viviendas (nuevas o usadas) cuyo acceso está regulado por la Administración pública para facilitar que personas con menos recursos puedan comprar o alquilar a un precio más asequible.
Partiendo de estas premisas técnicas, lo épico de la operación llevada a cabo en Alicante es que nadie sospechara nada en relación a la misma, y eso que todo en ella tiene tintes sospechosos o al menos inquietantes. En primer lugar, es llamativo que se lleve a cabo una promoción pública de vivienda en una zona vip de Alicante como la playa de San Juan, donde el precio del suelo es elevadísimo; en segundo lugar, que dichas viviendas no se limiten a ofrecer un espacio y servicios suficientes y adecuados para servir de vivienda digna, acorde con la premisa de ofrecer un precio de adjudicación asequible para personas con pocos recursos, sino que lleven aparejados servicios en zonas comunes como pistas de pádel y piscinas, vamos, algo normal y habitual en cualquier promoción pública de vivienda que se precie; y en tercer lugar, que el valor de la vivienda sea superior a medio millón de euros, y el importe de adjudicación supere los doscientos veinte mil euros, vamos, un precio asequible para cualquier persona o familia con recursos económicos limitados, y si no que se lo digan a Manolo, jubilado que cobra una pensión de mil doscientos euros al mes; o a Silvia, que acaba de terminar la carrera universitaria y ha encontrado su primer empleo como becaria; o a Ramón, que trabaja como reponedor en el Consum.
Además de todo lo anteriormente dicho, nadie se sorprendió al leer la relación de ciudadanos agraciados en la adjudicación de estas viviendas, donde, según refieren las noticias publicadas en la prensa, supuestamente hay funcionarios municipales, profesionales liberales como arquitectos, notarios, médicos, cargos públicos y familiares de todos ellos, lo cual es de todo normal y es que la crisis económica de 2007 y el malísimo de Pedro Sánchez han hecho mucho daño a la clase media y a las profesiones liberales, hasta tal punto que hoy en día son personas en peligro de exclusión social. ¡Hijos de mi vida! ¡Qué por nadie pase!
Parece ser que al hacerse pública la información de la adjudicación de estas viviendas se ha montado la mundial, que dimisiones, que denuncias a la Fiscalía, que plenos extraordinarios, que declaraciones de unos y otros, que yo no sabía nada, ¿que qué me estás diciendo?, que a mí que me registren, pero de asumir responsabilidades y lo de devolver las viviendas o anular las adjudicaciones, de eso nada, ¡por favor, eso no se le ocurre ni al que asó la manteca!, que en un par de días algo ocurrirá y el foco de la atención pública se desviará hacía otras noticias y esto pasará a engordar la lista de hechos que justifican aquel refrán que dice «hecha la ley, hecha la trampa».
Mi padre, que en paz descanse, siempre me decía: «¡Pepe, al final siempre el pez gordo se come al pequeño», y qué razón tenía el pobre, pues este tipo de despropósitos del que hoy hablamos, a los que nada o poco tenemos, no solo nos dejan atónitos, defraudados y enfadados con aquellos que se supone que deben evitar estos excesos, por ser benévolos y no calificarlo de otra forma más radical, sino que nos dejan indefensos y con cara de tontos ante los listos de los peces gordos. Luego se quejan de que la gente no vaya a votar o voten posiciones antisistema o radicales. Como decía el Papa Francisco, «cuando la política no sirve para proteger a los más pobres, se convierte en una maquinaria de exclusión».
Menos mal que aquí, en el pueblo, hasta ahora no conocemos hecho igual, aquí seguimos celebrando el primer corte de la alcachofa, el Mig Any de los Moros y Cristianos y las ofertas del Dialprix, todo un lujo para los que solo aspiramos a vivir. Carpe Diem.
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