Opinión | Europa a través del espejo
Cuota de pesca en el Mediterráneo para 2026: de la alerta a la esperanza

Activistas cortan las líneas de pesca que atrapó a un tiburón. / © Pedro Armestre / Greenpeace
A finales de cada año se pactan las cuotas de pesca para el siguiente ejercicio. Como tuve ocasión de explicar en estas mismas páginas, (La pesca en el Mediterráneo: garantizar un horizonte de futuro, 26/12/2024), con el acuerdo del 11 de diciembre de 2024, el ministro Planas logró mantener 130 días de faena frente a los 27 que entonces reclamaba la Comisión para 2025, con la finalidad de ayudar a la regeneración del lecho marino y la recuperación de determinadas especies. Por esta razón, el pacto incluyó compromisos relativos a la mejora de la sostenibilidad ambiental de prácticas como el arrastre.
En diciembre de 2025, la Comisión volvió a la carga con una inefable e inasumible propuesta de partida de 9,7 días por año, es decir, menos aún que lo inicialmente proponía para el año pasado, y que hubiera condenado al sector al cierre, incluyendo la flota alicantina, pues nadie puede vivir trabajando apenas diez días al año. La flota de la provincia de Alicante es, en su mayoría, artesanal y familiar, por lo que su desaparición no solo afectaría al PIB, sino a la identidad misma de nuestro litoral.
Una vez más, España ha logrado darle la vuelta a este aciago punto de partida, consiguiendo incluso más días de faena para 2026 en comparación con 2025, 143 jornadas, y sin incluir nuevas medidas compensatorias de carácter ambiental a las ya acordadas en 2024, y que se están aplicando satisfactoriamente, como el ancho de mallas, las puertas voladoras, y las vedas espacio-temporales. Una vez más, como en el episodio anterior, se ha mantenido la alianza estratégica con Francia e Italia, lo que ha resultado determinante para este éxito.
El ministro Planas ha destacado que tanto la Comisión como el Consejo han reconocido los esfuerzos realizados por los pescadores en la aplicación de las medidas selectivas acordadas en diciembre de 2024, y que tienen resultados positivos en el mantenimiento de las especies que ya reflejan los informes científicos. "Los pescadores españoles del Mediterráneo han demostrado que es posible pescar y conservar", ha concluido el veterano responsable del ramo.

A la izquierda, el «Long Xiang 607», con licencia suspendida por pesca ilegal. A la dcha., buque extranjero en aguas de Senegal / EJF
Y esto es un punto fundamental, ya que sin conservación no hay futuro a largo plazo para la pesca. Pero sobre todo, la obtención de estos 143 días de faena para el arrastre mediterráneo no debe leerse solo como una cifra, pues se ha logrado romper la inercia de recortes lineales que amenazaba con dejar a nuestros marineros en tierra durante la mayor parte del año. Además, el ministro ha informado de que el comisario de pesca se ha comprometido a reformar el reglamento de pesca del Mediterráneo, para que la población que se utiliza como referencia para el establecimiento de las posibilidades de faena deje de ser la especie que está en peor situación biológica, porque la realidad es que se trata de una pesca multiespecies y existen situaciones muy diversas. Si bien el acuerdo de diciembre nos otorga un balón de oxígeno y estabilidad para este ejercicio, como sociedad no podemos caer en la autocomplacencia. De cara al futuro, debemos trabajar en tres ejes fundamentales:
- Impulso al relevo generacional: Los 143 días de 226 deben servir como estímulo para que los jóvenes vean en la pesca un sector de futuro. No habrá sostenibilidad si no hay manos que manejen las redes.
- Digitalización sin burocratización:. La tecnología debe ser una ayuda para el pescador, no una carga administrativa que les impida centrarse en su labor en el mar.
- Investigación científica compartida: Debemos seguir impulsando que los datos sobre el estado de las poblaciones de peces se recojan de manera transparente y en colaboración con las cofradías. La confianza entre ciencia y sector es la única base sólida para evitar futuros recortes drásticos.
- Mayor estabilidad plurianual. Si bien es correcto evaluar cada año el estado del mar y las especies, los días de faena no pueden verosímilmente oscilar entre 130 y 10 de un año a otro, pues somete al sector a una incertidumbre que impide planificar las inversiones y la contratación de la mano de obra.
En definitiva, hemos pasado de un escenario de alerta máxima a uno de esperanza. El acuerdo de diciembre es un buen punto de partida, pero el objetivo final debe ser el de asegurar que el Mediterráneo siga siendo un mar vivo, capaz de alimentar a nuestras mesas y de sostener el modo de vida de nuestras comunidades pesqueras con tranquilidad y estabilidad.
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