Opinión | Tribuna
No incomoden al presidente

Sara Fernández
Entre las feas costumbres del actual presidente de los Estados Unidos, muchas más de las tolerables en alguien que tiene el mundo en sus manos, está la de faltar a la cortesía debida al prójimo. Hay que reconocerle que a la hora de repartir desplantes no distingue géneros y dignidades, ni entre enemigos ni aliados, pero cuando quien le planta cara es una mujer, ay, la testosterona se adueña de él.
Donald Trump ha demostrado reiteradamente su antipatía por las mujeres que lo cuestionan, especialmente las periodistas. «Eres una mujer joven, creo que nunca te he visto sonreír». Esa fue la contestación que recibió la responsable de la información de la Casa Blanca para la CNN Kaitlan Collins esta semana, cuando se interesó por las víctimas de las agresiones sexuales de Jeffrey Epstein y sus amigos -huelga decir que Donald Trump mantuvo con él una estrecha amistad-. Trump descalificó su aspecto y su desempeño profesional: «Eres la peor reportera», y se zafó de la pregunta.
No era la primera vez y no será la última. En noviembre del año pasado Donald Trump reprendió a Mary Bruce, de ABC News, por preguntar al príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, durante una visita institucional a los Estados Unidos, por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Como a una niña deslenguada, Donald Trump le recordó, ahora sí, que estaba siendo descortés con su invitado, que le estaba avergonzando y que su pregunta era «horrible». Tampoco esta vez hubo respuesta. El presidente solo dejó escapar un inquietante «las cosas pasan».
Por aquellas fechas ya había cerrado la boca a otra reportera con un nada sofisticado «Silencio, cerdita». Esa vez la destinataria de sus procacidades fue Catherine Lucey, de Bloomberg News, que quería saber por qué aún no se habían publicado los archivos del caso Einstein. Es oír ese nombre y Donald Trump se pone a mil.
Sexista, paternalista, agresivo y maleducado. Si el presidente de los Estados Unidos, una nación orgullosa de su democracia que presume de su defensa incondicional de la libertad de prensa, se comporta así con mujeres profesionales en el ejercicio de su trabajo, qué no hará cuando las cámaras se apagan y las puertas se cierran.
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