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Opinión | A contracorriente

L. Gil López

L. Gil López

Jefa de sección de INFORMACIÓN

El Campello o cuando abstenerse es un bofetón a la igualdad

Los festeros rechazan que una mujer sea embajadora y siguen anclados en lo que consideran tradición y no es más que discriminación

Votación de uno de los puntos en la asamblea, en una imagen proporcionada por la Junta Festera de El Campello

Votación de uno de los puntos en la asamblea, en una imagen proporcionada por la Junta Festera de El Campello / INFORMACIÓN

La gente que me conoce bien lo sabe, no me gustan las personas grises. Tengo a mi alrededor, en mi familia, en mi círculo de amistades, a quienes son así: no opinan, llevan la neutralidad por bandera, no toman decisiones.

Sé que no todo en la vida es blanco o negro, hay una amplia paleta cromática, pero hay circunstancias en las que hay que mojarse. No se puede ser gris.

Esto viene a cuento de que en El Campello los festeros han celebrado una votación para dirimir una cuestión no menor en pleno siglo XXI: si podía haber una mujer que ostentara el cargo de embajadora. Pues bien, el resultado de la votación ha sido 74 votos en contra, 61 a favor y ni más ni menos que 26 abstenciones.

Hace diez años, la iniciativa fue rechazada en otra reñida votación por 61 de los 113 compromisarios y presidentes de comparsas frente a 49 a favor y tres abstenciones.

¡Qué poco hemos avanzado en una década! Quienes han votado «no» a que una mujer sea embajadora han dejado pasar otra oportunidad de cambiar la historia y modificar una norma claramente discriminatoria.

Pero ¿y los que se han abstenido?, ¿qué pasa con estos grises?, ¿de verdad no son capaces de tomar una decisión sobre esta cuestión? Que no se estaba decidiendo sobre el inicio de una guerra, no había vidas en juego, solamente tenían que elegir entre la igualdad o la discriminación. Los grises optaron por lo segundo.

Los Moros y Cristianos harían bien en entender que la fiesta es de todos, no solo de los festeros. La fiesta está en la calle, necesita a los vecinos, o corre el peligro de quedarse cada vez más encajonada, más apartada.

La Junta Festera de El Campello, tras la votación de la vergüenza, ha recordado que, desde su fundación, los Moros y Cristianos han mantenido un carácter paritario en los cargos festeros principales: cada bando (moro y cristiano) cuenta con dos capitanías (un capitán y una capitana) y los cargos de embajador y banderera, «configurando así una representación equilibrada de dos hombres y dos mujeres en los puestos más representativos».

Esta estructura «paritaria», añaden, se ha «consolidado como uno de los sellos distintivos de la fiesta local, garantizando la igualdad de género en la mayoría de las figuras principales».

Bien es cierto que en los últimos años se le ha dado más protagonismo tanto a la banderera, con un acto propio de entrega del estandarte en el castillo, como a los capitanes en la embajada. Y que todos participan en los actos como máximos representantes de la fiesta, pero es el embajador quien interviene de forma más activa.

Por ello, llamar equilibrada y paritaria a una fiesta es como decir que Vox es un partido que respeta a los inmigrantes y reconoce la violencia machista. Es decir, un ejercicio de hipocresía que solo busca justificar una decisión impropia de la sociedad actual.

Pero los festeros también tienen sus luchas de poder y claro, que una comparsa -en este caso fue Tercio de Flandes, hace diez años Cavallers de Conquesta- llevase la propuesta parece ser motivo más que suficiente para que los miembros de las otras comparsas entierren la propuesta. Muy lógico todo.

También están los que se aferran como lapas a las tradiciones, los que piensan que la fiesta debe mantenerse como está, sin ningún cambio. Como si llevasen siglos representando estos festejos cuando acaban de celebrar los 40 años.

Educo a mis hijos en la tolerancia, el respeto y la igualdad. Por eso me resulta tan difícil explicarles, cuando me preguntan, que hay personas que sí, que están en contra, y que hay otras que prefieren ni opinar.

Ahora bien, todos estos y estas festeros y festeras que fueron tan valientes para votar «no» o abstenerse no lo fueron para dejarse fotografiar mientras alzaban su mano. Ahí sí que se ocultan.

¿Son estos quienes queremos que representen la fiesta?, ¿de verdad tienen que pasar otros 10 años para que se produzca una votación en El Campello para elegir si puede ser una mujer embajadora?, ¿de verdad tienen que pasar otros diez años para que haya otro «no»?, ¿de verdad se puede ser gris en esto y aceptar la discriminación?

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