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Opinión | Oído, visto, leído

Es la comunicación, estúpido

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián.

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián. / Chema Moya / EFE

1. Desenredado. Me apunto a la guerra contra los tecno-oligarcas, claro que sí, presidente. A las barricadas digitales, compañeros, desenredémonos. Bloqueo mi Twitter, dejo de enviar fotitos a Instagram, me doy de baja en las listas de amigotes de wasap y mantengo las de mi familia (o al revés, casi mejor). Incluso me pongo el control parental, por si acaso, para que mis hijos aten en corto a esa persona adicta a TikTok, sin criterio propio y alienada en la que me he convertido por la repetición continua de jugadas de Maradona con taconazos, de consejos de pseudo-psicólogos con frasecitas para entender el sentido de la vida si tienes ya casi sesenta añitos, de tablitas de ejercicios, a cada cual más estúpido, que te aseguran que esculpirán tu cuerpo (de casi sesenta). Una vez hecho todo eso constato la cantidad de tiempo que me queda para pensar, reflexionar y meditar conmigo mismo, disfrutar de estar aquí y ahora y aprovechar el momento presente. Y siento una tristeza, un vacío, una aflicción, un aburrimiento…

2. Rufián. El hombre del momento. La verdad es que es impresionante: de aparecer en el escaño con una impresora a color a posar para los fotógrafos como si fuera un modelo para la portada de la revista Man. Tiene el humilde objetivo de querer unir a los partidos soberanistas y estatales de izquierda para luchar contra el fascismo, pero estaría bien que se acordara de que no hace tanto que se presentó como candidato a la alcaldía de Santa Coloma de Gramanet obteniendo la impresionante cifra de cuatro concejales (de un total de veintisiete). Naturalmente, al año y medio dejó su puesto de concejal y con gran sacrificio se dedicó a ser portavoz de su formación en el congreso.

A Rufián, al igual que a su admirado Pablo Iglesias, le obnubila el poder de la comunicación y cierto desdén por los periodistas, perniciosos elementos que les traban en su relación directa y fraternal con sus potenciales votantes. Prefieren siempre el fulgor de una buena frase antes que gestionar, pactar, ceder, desgastarse (lo que es la política, vamos) en el día a día. Ser vicepresidente es un rollo, ya lo dijo el fundador de Podemos. Pero para estar en tertulias, enviar tuits, presentar programas o hacer entrevistas, se bastan y se sobran. Hoy la política es comunicación. Aunque no solo: Rufián ya está viendo que, dado que ha empezado él solito la casa por el tejado, puede que le pase lo de Santa Coloma, o ni eso. Puede que vuelva otra vez con la estrategia de la impresora, quién sabe.

3. Las cabezas. El PP, ni idea de qué hacer con Vox. Felipe dice que no votará al PSOE. El Atleti le mete cuatro al Barcelona antes del descanso. Pablo Motos pide perdón a la audiencia por las palabras de una colaboradora. Florentino, obligado a cerrar la Superliga. Los trenes AVE, en el psicólogo. No vamos a participar en Eurovisión. Yolanda Díaz lleva (casi) cinco días sin decir ninguna tontería. Y una catástrofe natural como la de Grazalema se gestiona por parte de todas las administraciones de la mejor manera posible. Como decía mi abuela, «cómo están las cabezas…».

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