Opinión | Tribuna
Con la vacunación nos protegemos todos

Archivo - Imagen de archivo de vacunas contra la gripe, en un centro de salud, a 14 de octubre de 2024, en Madrid (España). / Alberto Ortega - Europa Press - Archivo
Desde que el covid-19 dejó de ser noticia diaria y se normalizó la situación parece que se ha ido reduciendo la idea de que la vacunación es fundamental como una práctica normal que deberíamos tener asumida en nuestras vidas en una época como la presente donde proliferan las enfermedades por contagios de virus. Y es que parece que solo había que vacunarse en aquellos dramáticos momentos para evitar las consecuencias de un virus letal que quitó muchas vidas a las que no les había llegado su hora, pero que ese maldito virus ejecutó literalmente.
Pero hay que recordar que los virus siguen entre nosotros y el covid no se ha marchado y sigue aquí, al igual que todas las variantes de la gripe, que pueden tener efectos graves en nuestra salud, lo que debería llevar a la gente a tomarse más en serio la necesidad de vacunarse para evitar que un virus haga estragos en nuestras vidas y las de nuestro entorno familiar.
Sin embargo, no parece una práctica extendida la de convencerse de que debemos proteger a nuestra familia recordándoles que deben vacunarse, sobre todo a nuestros hijos que, quizás, no tengan asumido las graves consecuencias que supone coger una enfermedad respiratoria y lo que ello puede llevar en nuestra salud. Y como prueba, que le pregunten a muchas personas que todavía arrastran secuelas del maldito covid que cambió nuestras vidas en este tema. Y una de las ventajas que deberíamos haber tenido de aquella época es la de darnos cuenta de que la vacunación salva vidas y no vacunarse y transmitir el mensaje a nuestro entorno familiar de que no hay que hacerlo lo que supone es incrementar el riesgo de que se contraiga una enfermedad para la que una persona no esté protegida. Y en esto los jóvenes deberían recibir el mensaje de sus progenitores de que deben acudir a vacunarse y no al revés, que no deben hacerlo, porque de esa manera se transmite la idea de que no pasa nada y no dan importancia a la necesidad de vacunarnos para reducir los riesgos de contraer una enfermedad que nos puede hacer daño.
Personalmente, sigo llevando mascarilla en viajes en avión y en tren que es donde más posibilidad de cogerlo existe, porque la gente viaja enferma y tosiendo sin importarles que pueden contagiar a otras personas. Y esta medida me ha permitido que desde la época del covid no he cogido ni un constipado ni virus alguno en cinco años, siguiendo la regla de vacunarme y usar mascarilla en lugares de concentración de gente como grandes establecimientos o medios de transporte.

Vacunas contra el Ebola / INFORMACIÓN / Associated Press/LaPresse
Además, Sanidad está ofreciendo a mayores ahora la vacuna del herpes zóster y otras como el neumococo, por lo que es recomendable que a quienes les llegue la notificación puedan acercarse a su centro de salud y se vacunen. Y no son válidas las alegaciones de que la vacuna les puede deparar consecuencias negativas, porque pese a que se pueda uno pasar uno o dos días mal sigue mereciendo la pena protegerse gracias a la eficacia de las vacunas.
El problema es que hay personas que olvidan con facilidad aquellos malos momentos del covid y ahora han dejado de vacunarse. Y habría que vacunar a personas de todas las edades y convencer a los jóvenes de las ventajas de las vacunas, crearles una costumbre de que lo hagan por sí solos acercándose a su centro de salud y que éstos no rechacen a nadie porque no les toca hacerlo por su edad, porque vacunarse es un derecho de todo ciudadano, por lo que no debería haber impedimento alguno de que quien se acerque a un centro de salud pueda vacunarse. Y ello, porque a buen seguro ese día fallarán muchos de los que pueden hacerlo y si al final del día se acerca alguien debería ser vacunado si hay vacunas sobrantes de ese día. Y habrá un adulto o niño más vacunado y, por ello, protegido.
Sobre todo es fundamental la vacunación a colectivos vulnerables como niños y ancianos. Y a aquellos introducirles la vacunación como una "obligación periódica" para introducir el mensaje en los centros escolares a los chicos/as de que se trata de algo que deben seguir haciendo toda su vida, ya que frente a los que siguen insistiendo en que no hay que vacunarse, haciéndose un grave daño a sí mismos y a su entorno familiar, hay que contrarrestar esas ideas, o creencias, con el mensaje de la vacunación como una filosofía de vida a seguir para siempre. Porque cuando pase algo grave es cuando se acordarán los afectados del momento en que no quisieron vacunarse. Y es entonces cuando ya es demasiado tarde para rectificar por haber contraído la enfermedad. Pero todo ello, hasta la siguiente ocasión en la que le ofrezcan la vacuna…
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