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Opinión | Tribuna

Anna Grau

Anna Grau

Anna Grau es periodista, escritora y exdiputada en el Parlament de Cataluña

Contra el virus de la estupidez

Las vacunas de Pfizer fueron unas de las más comercializadas contra el virus del COVID-19

Las vacunas de Pfizer fueron unas de las más comercializadas contra el virus del COVID-19 / BRENDON THORNE / EFE

Acabaríamos antes reconociendo algunas verdades incómodas. No mintiendo a sociedades adultas como se miente (a veces) a los niños… Con el peligro de que acaben comportándose igual.

Ahí van unas cuantas verdades incómodas: sí, es verdad que durante la crisis del covid nadie se ocupó de curar ni de prevenir nada más. Cualquiera que enfermara entonces de otra cosa, sea un sarampión o un cáncer, a efectos médicos retrocedió un año entero a la Edad Media. No es metáfora mía, saben. Me la susurró al oído un epidemiólogo el 14 de marzo de 2020.

Y sí, es verdad que había vacunas del covid que no eran del todo seguras. Para empezar, porque no eran ni vacunas propiamente dichas, aunque las llamáramos así. Eran bombas farmacéuticas de emergencia, una línea Maginot levantada a toda prisa para activar la misma respuesta del sistema inmune que una vacuna de verdad, de esas que puede llevar décadas testar y aprobar.

Pero tiene narices, con perdón, que las crisis de confianza siempre se resuelvan pagando justos por pecadores. Que fuera más fácil obligar a la gente a inyectarse vacunas inciertas contra el covid que vacunas fuera de toda duda como la del sarampión, la rubeola y otras lacras felizmente extinguidas en el mundo próspero… Hasta ahora. Sin duda, los antivacunas han sabido sacar tajada de los errores del sistema. Pero no para mejorarlo, sino para empeorarlo.

Ya ven que quien esto firma no es muy oficialista ni complaciente. Pero tengo claro que quien no vacune a sus hijos del sarampión nos está devolviendo a la Edad Media no por un año sino para siempre. Si sus hijos enferman, porque enferman. Si no enferman ellos, pero hacen enfermar a otros, porque serán como okupas de la salud ajena. Y no me vengan luego a decir que la culpa es de "esos cochinos inmigrantes que vienen aquí a traer virus que nosotros ya no teníamos". ¿Quieren que nos vuelvan a confinar a todos para no contagiarnos ni contagiar a nadie del virus de la estupidez?

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