Opinión | El indignado burgués
Los miserables

El antiguo hotel Palas, sede de la Cámara de Comercio, que fue alquilada al Ayuntamiento de Alicante. / Pilar Cortés
No hay más tonto que el que no quiere oír. Sí, ya sé que el refrán no es así, pero a mí me vale. Imbécil es un término latino que significa ausente de bastón, o sea, de apoyo, de ahí derivó a frágil de mente o de cuerpo. Podría servir, pero no del todo. "Tontos son los que hacen tonterías", decía la mamá de Forrest Gump, y es la definición que me viene al pelo para definir la última ocurrencia del presidente de la Cámara de Comercio, el increíble Voldemort.
Señoras y caballeros, niños y niñas, pongan atención, escuchen y rían. Antes les cuento otra, no se me pongan nerviosos. El anaranjado presidente de los USA tuvo la ocurrencia de renombrar el afamado Centro Kennedy para las Artes Escénicas como Centro Kennedy-Trump. Consecuencias: se ha cerrado por dos años porque ni los artistas querían actuar ni el público asistir.
Una más: el heredero de la faraón Hatshepsut borró de todos los cartuchos el nombre de su antecesora, esperando así aniquilar su memoria. Consecuencias: la reina es una de las más famosas de la historia y su sucesor, Tutmosis III, un miserable integral.
¿Qué se le ha ocurrido a Voldemort? Pues al no tener más remedio que recuperar la antigua sede de la Cámara en el Palas, por su ineptitud y chulería contra el ayuntamiento en general y Barcala en particular, ha hecho borrar la placa de inauguración del edificio. ¿Anda, y eso por qué? Pues muy sencillo, porque en la placa figuraban los nombres del Comité Ejecutivo de la Cámara en 2009 y alguno de los nombres le debían dar dentera.
Veamos. Había dos placas del mismo tamaño, una al lado de la otra, ambas de acero inoxidable, integradas en la losa de granito de la pared, diseñadas por el arquitecto del edificio, Juan Antonio García Solera, que cuidaba al milímetro los pequeños detalles. A la izquierda figuraban las primeras autoridades que inauguraban el edificio; en la gemela se leía lo siguiente: "Formando parte de su Comité Ejecutivo D. José Enrique Garrigós, D. Pedro Reig, D. Francisco Sala, D. Antonio Arias, D. Rafael Calvo, D. Pere Joan Devesa, D. José Tomás, D. Juan Zaragoza, D. José Forner, D. Andrés Sevila y D. Javier Mondéjar". Les he ahorrado los segundos apellidos, que también constaban en letras en bajorrelieve silueteadas en negro.
Pues el miserable ha tratado de robar el protagonismo de esa inauguración a los que la hicimos posible borrando de forma chapucera (con una pulidora) los nombres, en una especie de "damnatio memoria". Se supone que ahora pondrá su nombre en letras gigantescas para que el mérito recaiga en él, inventor de la Cámara, de la rueda y las sopas de ajo.

Los miserables ... art. Javier Mondéjar / Javier Mondéjar
Si no fuera lamentable, sería gracioso, pero no deja de ser patético y carente de toda moral tratar de dar la vuelta a la historia y robar un protagonismo que no le corresponde. Entre los miembros de esa placa censurada hay algunos nombres claves de la economía alicantina de finales de los noventa y los dos mil, algunos fallecidos, como Garrigós, Paco Sala, Pere Reig o Rafael Calvo. ¿Qué le habría hecho esa gente a Voldemort? Se supone que existir, porque no creo que le conocieran más que de referencias. Entre otras cosas porque el innombrable nunca había destacado en nada, ni siquiera como miembro del Pleno, sillón que heredó de su abuelo con la ayuda del que era su suegro. Hasta que Mazón le puso ahí, como presidente, a base de llamadas telefónicas a alcaldes, mandamases, gentes de su partido y particulares con interés en quedar bien con el presidente de la Dipu y candidato a la Generalitat, para que apoyaran la jugada/trampa/pinza contra Ximo Puig.
¿Entonces? Seguro que en la placa hay gente a la que odia, pero podía haber puesto una tirita o esparadrapo para borrarnos los nombres, algo reversible que fuera posible modificar cuando vengan tiempos mejores. Que vendrán, porque ningún mal es eterno.
Hay quien se retrata por tonterías que no llevan a ninguna parte, gestos que sólo alguien envidioso de un pasado glorioso, lejísimos del oscuro presente, puede apreciar, estupideces de niño de colegio enfadado porque el balón de reglamento no le pertenece y, si puede, lo pincha aprovechando que nadie mira.
Parece mentira, pero como decía en una cuarteta don Mendo: "No hay que emular a la ardilla/para saber/¡vive Dios!/cómo es el rey de Castilla". Por sus gestos, los conoceréis. Está en la Biblia.
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