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Opinión | En pocas palabras

Aquel portal de Elche

El quiosco del Portal de Elche, recientemente reformado, comenzó como heladería y fue oficina de turismo. | HÉCTOR FUENTES

El quiosco del Portal de Elche, recientemente reformado, comenzó como heladería y fue oficina de turismo. | HÉCTOR FUENTES

Alicante muda su piel constantemente. También el Portal de Elche, de actualidad por la presencia de roedores en la zona. El entorno que encontré cuando decidí habitar en él hace 35 años tiene poco que ver con el actual. Incluso el emblemático espacio central, que durante mucho tiempo había acogido la icónica estrella de Eusebio Sempere, pasó a recuperar el antiguo kiosco, que en principio albergaba una oficina de información turística. El edificio de La Aduaneta era un enorme solar. Tampoco estaba edificada la esquina con la calle Bilbao, donde hoy luce el restaurante El Portal. En la calle Manero Mollá todavía se levantaba el Hotel La Balseta, aunque a esas alturas ya estaba cerrado. Y en la zona donde han instalado los locales de moda resistió durante mucho tiempo la librería Laos.

La plaza Gabriel Miró estaba presidida por el edificio de Correos, lleno de vida a todas horas. Los correos electrónicos estaban por llegar y todavía se escribían muchas cartas. No había ni rastro de la espléndida sede del Colegio de Arquitectos. Y existían establecimientos tan pintorescos como el que regentaba José Ángel Guirao.

Pasarían tres décadas para que se crease el eje cultural de la calle San Fernando, que une el Instituto Juan Gil-Albert con la Fundación Mediterráneo y con el Colegio de Arquitectos.

Los establecimientos de ocio y restauración que acoge en la actualidad el Portal de Elche son relativamente recientes. La que no ha cambiado ha sido la ubicación del palco presidencial que se instala durante las fiestas de Hogueras.

La peatonalización de la calle Bailén ha modificado la perspectiva del Portal de Elche así como su paisanaje, que a algunos gusta y a otros disgusta. Pero en su evolución imparable el Portal de Elche y su entorno seguirán mudando la piel cada cierto tiempo. Es el sino de Alicante.

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