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La falta de mano de obra en el sector de la construcción

El empresario aborda la necesidad de la formación cualificada que incluye a los inmigrantes asentados y la apuesta por incorporar a la mujer en un ámbito donde la industrialización gana peso

Vivienda Industrializada en Alicante: el tortuoso camino hacia la sostenibilidad

Vivienda Industrializada en Alicante: el tortuoso camino hacia la sostenibilidad / Pilar Cortés

El sector de la construcción sufre desde hace un tiempo repetidas borrascas con un fuerte impacto en nuestra actividad. Aunque ninguna de ellas tiene nombre, sus efectos sí lo tienen: incremento de precios, dilatación de plazos, reducción de la oferta de vivienda, etcétera. Sus consecuencias se traducen en un déficit de viviendas disponibles que impide atender este derecho fundamental de acceso, especialmente entre los grupos de población que, por diferentes circunstancias, tienen más dificultades.

Una de estas borrascas que sufre el sector está vinculada a la falta de trabajadores y trabajadoras disponibles. Otra, a la falta de formación reglada específica. Así, la actividad tiene que lidiar con la complejidad de una realidad que a veces es difícil de sortear.

Y todo ello sucede a pesar de unas condiciones laborales que sitúan al sector de la construcción por encima de la media de las retribuciones, tanto en los puestos más técnicos y de mayor formación como en los niveles con menos cualificación y categorías inferiores. Unas condiciones que, en el caso de la provincia de Alicante, son especialmente buenas, como refleja el último convenio colectivo aprobado recientemente.

La incorporación de la mujer en todas las categorías debe ser una propuesta social y colectiva de todos los agentes implicados. La tecnificación de la construcción hace que la condición física ya no sea un factor excluyente.

El sector de la construcción ofrece estabilidad y puestos de trabajo con posibilidades de promoción. Existen diferentes especialidades que permiten incrementar la retribución, como es el caso de los encofradores, entre muchos otros perfiles. En la actualidad, los turnos de trabajo y sus horarios se han racionalizado, aunque aquí todavía puede haber margen de mejora, y las medidas de seguridad aplicadas han hecho que sea una profesión mucho más reglada, regulada y, por lo tanto, segura.

Pero necesitamos centros de formación para los chicos y, especialmente, para las chicas que quieran introducirse en el sector. La incorporación de la mujer en todas las categorías debe ser una propuesta social y colectiva de todos los agentes implicados. La tecnificación de la construcción hace que la condición física ya no sea un factor excluyente. Esta formación debe abarcar desde los trabajos básicos de albañilería hasta aquellos relacionados con la fontanería, la instalación eléctrica, la carpintería, la pintura, etc. La construcción es un trabajo colectivo que requiere perfiles muy diversos.

Además, es importante que esta formación sea continua, porque este sector está muy abierto a la innovación. En un horizonte muy próximo, observamos la tendencia hacia la construcción industrializada, que va a requerir perfiles muy definidos y altamente especializados para su ejecución.

Si la demanda de trabajadores y trabajadoras no se cubre con la población existente, será necesario recurrir a profesionales de otros países. Los procesos de contratación en origen son farragosos, complejos y muy largos. En los casos en que el sector lo ha intentado, se ha demostrado que resultan poco operativos. La firma de un contrato puede demorarse más de 16 meses desde que se inicia el procedimiento, se selecciona al personal por su cualificación y obtiene su documentación para trabajar y residir. Un plazo equivalente al tiempo de ejecución de una promoción media, lo que lo hace inasumible. En paralelo, existen muchos inmigrantes ya asentados en la zona que podrían beneficiarse enormemente si impulsamos políticas específicas para integrarlos en estos programas formativos. Es un colectivo con motivación, solo les faltan las oportunidades.

En definitiva, un sector como el de la construcción, que aprendió de crisis anteriores como la de 2008, ha sabido profesionalizarse y ha ganado en reputación, ética y prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras. Ahora tiene como reto seguir creando empleo y, sobre todo, construyendo hogares. Una tarea que debe ser el escenario donde lo público y lo privado colaboren de manera conjunta en el desarrollo de la economía y en la garantía de varios derechos: el del trabajo y el de la vivienda.

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