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Opinión | Tribuna

Cortina de humo digital

Prohibir es inútil sin recursos y formación que proteja a nuestros jóvenes

España prohibirá el acceso a las redes sociales a menores de 16 años.

España prohibirá el acceso a las redes sociales a menores de 16 años / Europa Press

El anuncio del Gobierno de España de restringir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, siguiendo la estela de países como Australia o Francia, ha sido recibido por muchos como la solución definitiva a una crisis de salud mental sin precedentes. Sin embargo, como alguien que vive el aula a diario, debo advertir que la prohibición es solo un parche en un sistema que hace aguas por la base. Bloquear pantallas es una medida necesaria pero insuficiente si no se ataca la raíz, que está en el vacío de recursos y formación en el que hemos dejado a nuestros jóvenes.

Los datos son demoledores: las ideaciones suicidas entre menores se han multiplicado por 23 en la última década. El acoso escolar no solo no remite, sino que ha subido al 12,3 % en el último curso y lo más preocupante es que el 14,2 % de estos casos ya utiliza la Inteligencia Artificial para generar contenido humillante, como vídeos o audios manipulados que destrozan la reputación de un adolescente en minutos.

Si prohibimos el acceso a redes sociales, pero no educamos en el pensamiento crítico y la ética digital, el acoso simplemente se trasladará a espacios más oscuros y difíciles de rastrear, como aplicaciones de mensajería cifrada o redes privadas (VPN). Así lo han advertido la ONU Juventud Australia y expertos de la Universidad de Sídney dos meses después de la entrada en vigor de la prohibición de acceso a redes sociales para menores de 16 años en Australia.

La asfixia de la primera línea

Para que una ley de protección sea efectiva, necesita brazos que la ejecuten en el terreno de juego: las aulas. Actualmente, los docentes somos la primera y, a menudo, la única línea de detección de conductas suicidas o casos de acoso. Detectamos la mirada vacía, el aislamiento en el recreo o el dibujo inquietante en un cuaderno. Pero la realidad de las trincheras es asfixiante. Gestionamos grupos de más de 25 alumnos donde conviven casos de TDAH, ansiedad y depresiones severas sin el apoyo necesario.

La figura del orientador está desbordada. Mientras que la UNESCO recomienda un profesional por cada 250 alumnos, en regiones como la Comunitat Valenciana nos encontramos con ratios de uno por cada 800 estudiantes. Es materialmente imposible realizar una intervención emocional efectiva con estas cifras. Cuando un docente da la voz de alarma y activa un protocolo, a menudo choca con un sistema sanitario colapsado donde la espera para una primera cita de salud mental infantil puede ser de hasta tres meses. ¿Qué hacemos con un alumno en riesgo durante ese tiempo? Los profesores sostenemos su día a día sin herramientas clínicas y bajo una presión burocrática que nos impide hacer lo más importante: cuidar.

Cortina de humo digital.

Cortina de humo digital. / Imagen generada con Nano Bana

Formación, recursos y tiempo

La solución real para reducir los casos de acoso y las ideaciones suicidas no se encuentra solo en la cartera de identidad digital (EUDI Wallet), que permitirá la verificación de edad a lo largo de este año, sino en un compromiso firme con el factor humano. No podemos seguir esperando que el profesorado sea el salvavidas emocional de la juventud mientras soporta una carga lectiva que apenas deja tiempo para la preparación pedagógica, mucho menos para el acompañamiento individualizado.

Necesitamos que el Gobierno y las autonomías hagan una apuesta real en estos tres pilares:

  • Formación real del profesorado en el uso crítico y ético de la IA. Actualmente, solo el 21 % del profesorado se ha formado. Es imperativo que tanto docentes como familias reciban formación específica para detectar señales de riesgo en el mundo digital y fomentar una pedagogía valiente que enseñe a los alumnos a usar la tecnología con propósito y respeto.
  • Refuerzo de especialistas para bajar las ratios e incorporar la figura del psicólogo clínico de forma estable en los centros educativos. Un orientador no puede ser un administrativo de la salud mental; debe ser un apoyo cercano y constante.
  • Reducir la carga lectiva del profesorado es fundamental para liberar tiempo que se dedique al cuidado emocional y a la tutoría activa.

Compromiso humano

La prohibición de acceso a redes sociales corre el riesgo de convertirse en una cortina de humo mediática que oculte las profundas carencias estructurales de nuestro sistema educativo y sanitario.

Resulta cómodo para la administración legislar sobre el papel, pero apagar el dispositivo no detiene el infierno que muchos jóvenes viven al llegar a casa, donde el acoso se ha vuelto híbrido y persiste 24/7 a través de grupos de mensajería o redes de las que ahora simplemente no tendremos rastro.  

Restringir sin dotar de recursos es una negligencia, es alimentar una nueva brecha digital donde solo quienes tienen recursos aprenden a navegar con seguridad. Prevenir no es solo sancionar o bloquear, sino educar en la ética y el respeto para que la tecnología deje de ser un arma bajo nuestro techo.

La última palabra debe ser siempre humana, pero para que esa palabra sea efectiva, el sistema debe dejar de mirar hacia otro lado y empezar a invertir en quienes habitan las aulas.

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