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Opinión | El teleadicto

Lágrimas sobre hielo

Olivia Smart y Tim Dieck durante su programa de la Danza sobre Hielo del patinaje artístico de los Juegos Olímpicos de Milán y Cortina d'Ampezzo 2026.

Olivia Smart y Tim Dieck durante su programa de la Danza sobre Hielo del patinaje artístico de los Juegos Olímpicos de Milán y Cortina d'Ampezzo 2026. / Fabrizio Carabelli/PA Wire/dpa

Sólo quedaban por salir a la pista de hielo tres parejas en la final de danza mixta de los Juegos de Milano Cortina, los canadienses, los estadounidenses y los franceses. Con anterioridad habían actuado otras 17 del total de 20 que lograron pasar a la final. Irrumpieron sobre la pista desde Canadá, interpretando la pieza ‘Vincent’ de Govardo, Piper Gilles y Paul Poirier. Realizaron una actuación apoteósica. En cuanto la acabaron Paul rompió en un llanto inconsolable. La pareja había sufrido muchos problemas y contratiempos antes de llegar hasta ahí. Conscientes de que podían alcanzar una medalla, su emoción era incontenible. La espera hasta que salió la nota fue tensa. Los jueces indicaron que se colocaban en primera posición, y con las dos parejas que quedaban por actuar tenían asegurado el bronce. Y así fue.

Les tocó el turno a Madison Chock y Evan Bates, de Estados Unidos, que recrearon ‘Paint black’, con coreografía de Antonio Najarro y mucho sabor español. Bordaron el ejercicio, haciendo fácil el dificilísimo alarde de sutilidad y elegancia. Se pusieron los primeros. Finalmente entraron en escena los franceses, Laurence Fournier y Guillame Cizeron, acompañados por el soundtrack de ‘The whale’. Hicieron el programa perfecto y después de pasar muchos nervios se colocaron en primera posición. De este modo los canadienses obtuvieron una medalla de bronce que les sabía a oro, bañada en lágrimas.

Los instantes de belleza que se están desarrollando en el complejo de hielo de Milán alcanzan cotas muy difíciles de superar. A ello contribuye una tecnología punta que permite que se sigan a través de la televisión con un alarde de precisión. No sólo vemos los ejercicios a cámara lenta, sino que podemos seguir las secuencias de pasos y los saltos como si fueran viñetas. Este deleite bien vale unos Juegos Olímpicos.

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