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Opinión | En la barra del Café Época

Mare meua, que vent fa

Les Velles de Serra en la edición celebrada el pasado año en Elche.

Les Velles de Serra en la edición celebrada el pasado año en Elche. / Matías Segarra

Yo no sé ustedes, pero yo llevo desde el sábado por la tarde buscando por las calles adyacentes a mi casa una camisa y un pantalón que puse en el tenderete de la terraza para que se secaran y me han desaparecido. Bueno, no solo ellos, también ha desaparecido el tenderete mismo, no queda nada de él, que, según mi vecina Vicenta, se lo llevó una racha de viento y nada se ha vuelto a saber de él, y, claro, tampoco de mis pantalones ni de mi camisa, que a estas alturas deben estar atravesando los confines de Guadalajara.

Los políticos, los tertulianos televisivos, los videntes y mi amigo Manolo, que tiene un puesto en la plaza donde vende calzoncillos a dos euros, gente que entiende de todo lo que hay que entender, discuten acaloradamente sobre si existe o no el cambio climático, unos que sí, que es evidente y así lo demuestran estudios científicos, y otros que no, «¡qué van a saber los científicos esos! ¡Todos unos vendidos a Pedro Sánchez», pero lo cierto y verdad es que desde el 7 de octubre de 2025 hasta el 15 de febrero de 2026, hemos padecido los efectos de las borrascas Alice, Benjamin, Claudia, Davide, Emilia, Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils y Oriana, una tras otra, sin descanso, y no se crean que esto ha terminado, qué va, esta esperando para entrar, calentando por la banda, la borrasca denominada Pedro. De seguir así, le van a tener que dar la vuelta al abecedario.

A consecuencia de los efectos de estas borrascas, han sido innumerables los actos que se han tenido que suspender en la ciudad, unos muy tradicionales como la Romería de la Virgen, la carrera de Cantó, ahora los Carnavales, y otros más particulares, pero no por ello menos importantes, como el partido de futbito entre Los de la Barra de los Sansanos FC y Destripaterrones del Ferriol CF, diecisiete cumpleaños y la lectura al aire libre en la plaza del Gallo de las Memorias de Capa Rota.

La última de estas borrascas ha sido lo más, la llamada Oriana, que, si no llevaba agua, tenía rachas de viento para aburrir y con una mala leche que pa qué. A consecuencia de ella, han caído árboles, palmeras, carteles publicitarios, cornisas, parte del techo del polideportivo adaptado, y eso que aún no se ha inaugurado a pesar del retraso acumulado en la finalización de las obras, las cuales, a la vista de lo acaecido, uno piensa que muy pero que muy bien hechas no tienen que estar. Y es que parece gafado el pobre, y es que han tenido que ponerle algún par de velas negras los de la oposición municipal, ya que se trata de un proyecto del anterior mandato que va a ser inaugurado por los que ahora mandan, que son los otros, los de enfrente y más allá, y que van a ser lo que se apunten el tanto. Esperemos que, para la inauguración, sea cuándo sea, porque ni los más atrevidos u osados del Ayuntamiento se atreven a aventurar una fecha, no elijan como mascota del recinto a Wile El Coyote de los Looney Tunes o a Kenny McCormick de South Park, porque ya es lo último que le faltaba.

Pero Oriana no solo ha provocado estas molestias, por su culpa el día de San Valentín se convirtió en el día de «no hace falta que vayas a la peluquería, pa qué», donde volaron las rosas y clavellinas de los ramos de flores rotos por el viento, donde mi camisa y mi pantalón desaparecieron sin avisar y se fueron a vivir su propia vida y donde no había una terraza puesta donde tomar un café o una cerveza con un plato de torraos, y del Carnaval qué decirles, se tuvo que suspender, no quedó otra. Algunos, los más atrevidos y desafiantes, a los que no les da miedo nada, ni siquiera disfrazarse, no pudieron contenerse y salieron a la calle envueltos en sus variopintos disfraces, eso sí, con piedras en los bolsillos para no volarse y cogiéndose con grapas las pelucas, ¡qué por nadie pase!, lo que provocó que más de uno tuviera que pasar por el servicio de urgencias, el cual sufrió un pequeño colapso en el tiempo de espera habitual para ser atendido, pasando de tres horas y media a tres horas y cuarenta minutos, una nadería de nada. Luego dice mi primo el conseller de Sanidad de la Generalitat Valenciana, don Marciano, que la sanidad va muy bien. Sí, igual de bien que el servicio de cercanías de los trenes, igual.

Pero dejando atrás a la dichosa borrasca Oriana y sus consecuencias, este miércoles comienza la Cuaresma, tiempo litúrgico de 40 días que va desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, cuyo objetivo es la preparación espiritual para vivir el Misterio Pascual, recordando el ayuno de Jesús en el desierto. Es un tiempo dedicado a la conversión, penitencia, oración, ayuno y caridad, una invitación para todos, para los altos, para los bajos, para los flacos, para los gordos, para los guapos y también para los feos, que ya es decir, y por supuesto también para los que les gusta el programa de Telecinco ¡De viernes! y para los que les gustan los documentales de La 2, para todos sin excepción, pero no a comer, no, qué va, sino a renovar la fe y a procurar un cambio interior, que mucha falta nos hace a todos. 

La Cuaresma en Elche tiene sus propias peculiaridades, como es la celebración de la sátira popular de Les Velles de Serra a mitad del periodo, y una gastronomía de ayuno con arroces, bacalao y buñuelos. Les Velles de Serra (Viejas de Sierra) se celebra el miércoles central de la Cuaresma y consiste en colocar monigotes disfrazados de ancianas («ninots») en balcones y calles, a menudo satirizando a políticos o famosos, representando un respiro a mitad del ayuno. A nivel gastronómico, la cocina tradicional de Cuaresma evita la carne, basándose en productos del campo y mar, destacando entre otros el arroz con cebolla y bacalao (arròs amb ceba i bacallà), los guisos de trigo picado (grayons), la sardina de bota y los huevos con tomates secos, y a nivel de dulces, destacar los buñuelos, las monas o fogasetas y las farinetes amb arrop. 

En resumen, la Cuaresma es un camino espiritual de conversión hacia la Semana Santa, la semana grande para muchos ilicitanos. Pero si usted es alguien al que no le va mucho eso de reflexionar, hacer penitencia y abstención, no se preocupe, ni se ponga triste, también puede celebrar y conmemorar grandes momentos en los próximos días que de eso se encarga el inigualable e insuperable personaje que elige los días internacionales y nacionales, para mí un héroe sin igual, y de esta forma puede usted festejar el día internacional de la pipa, el día mundial del pangolín (acuérdese, el pobre animal al que le quisieron endiñar lo del covid), el día mundial del barman y del pistacho, porque recuerde lo que siempre les digo y lo que dijo la Madre Teresa de Calcuta: «La vida es una oportunidad, aprovéchala».

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