Opinión | Ver, oír y gritar
El mundo libre de las motosierras

Sara Fernández
El mundo libre de Ayuso es el de la libertad de la motosierra de Milei y el de vulnerar los derechos sociales y laborales. La erosión del estado de bienestar y un canto a la represión en honor de otras de sus aclamadas estrellas. Es decir, Donald Trump, quien se levanta de la cama, rompe el orden mundial y se acuesta feliz para hacer lo mismo al día siguiente. Feijóo se inclina ante la baronesa y estas cuestiones. Asume su papel contra los principios de la democracia con plena impunidad y en próspero hermanamiento con la ultraderecha.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, ese títere infantiloide que solo suelta sandeces, galardona al fascismo con medalla al presidente de Argentina y a Trump. Los movimientos reaccionarios y el «principal faro del mundo libre», el estadounidense, se lo merecen. Martínez-Almeida no se queda atrás. Aplaude las acciones de esta señora y fue el responsable de premiar, indirectamente, el genocidio israelí en Gaza. Ella le obsequia chuches y el alcalde se emociona por tan noble acción. Todo esto es romper cadenas en favor de la convivencia, la seguridad y la prosperidad. No de la gente de a pie ni de los migrantes.
He ahí la pésima exaltación de los valores universales que defienden algunos. Otro de los objetivos es atacar siempre a Sánchez con métodos sucios y desinformación a tope, a ver si en las próximas elecciones generales ganan las dos extremas derechas y pueden dar rienda suelta a la oscuridad que tienen reservada a la población que incluso las ovaciona inocentemente. Y no se trata de criminalizar al elector. Sea como fuere, los partidos a la izquierda del PSOE se plantean unirse y hacer frente a esta seria amenaza que requiere transversalidad.
El asunto exige mayor democracia, no menos, y medidas que arreglen problemas o los pongan en vías de solución para despejar incertidumbres. ¿Por qué hay votantes inclinados hacia opciones autoritarias que no les favorecen ni un ápice? Son necesarios los compromisos rigurosos en materia de vivienda, que es un derecho y no un negocio. Más vivienda pública, alquiler asequible y mayor control de precios. Una política inexistente en las comunidades donde gobierna el PP. ¿Alguien cree que Vox haría algo en esta materia o en otras que beneficien al grueso de la población?
Reprobable es el escándalo de las 140 viviendas protegidas de la playa de San Juan y adjudicadas a cargos del PP, funcionarios o personas afines. El consistorio y el Gobierno valenciano se echan las manos a la cabeza. Pero saben que los controles han sido escasos y que Mazón, honorable expresidente y señor de El Ventorro el día de la criminal dana, subió hasta los 66.000 euros el límite de renta para acceder a las VPO. Que las investigaciones sigan con todas sus consecuencias.
En el marco de crisis habitacional con retraso en el levantamiento de un parque público de vivienda, el Gobierno anuncia nuevamente y con impostada actitud la creación de miles de viviendas anuales con fondos públicos y privados sin fines especulativos, aunque las competencias recaen sobre los gobiernos autonómicos. No obstante, en el último año, según los datos del Ministerio de la Vivienda, se han puesto en obra un total de 23.179 viviendas y se han terminado 14.317.

El residencial Les Naus, objeto de polémica por las adjudicaciones de vivienda protegida. / Héctor Fuentes
El plan «España crece» canaliza la inversión mediante los fondos europeos, a fin de producirse un cambio estructural en el modelo productivo. Verde, tecnológico y social. Un crecimiento sostenible y equilibrado en el futuro económico español. Recordemos el papel determinante de España en la creación de esos fondos como punto de partida de una transformación que podría frenarse con un Ejecutivo al servicio de unos cuantos.
En varios países europeos gobernados por las derechas se impone una presunta modernización en la que vuelve la austeridad. Trabajar más horas, cobrar menos y asumir más riesgos individuales. Lo habitual. Precariedad y retrasar la jubilación. Desinflar la negociación colectiva y las ayudas sociales. ¿Es lo que deseamos en nuestro país? ¿Queremos que las pensiones dependan más de los mercados financieros y que si estos caen, el pensionista pierda? Atraer la inversión y el aumento de productividad no pueden ser a costa de perjudicar vilmente a los trabajadores.
La situación aquí sería de este modo si gobernasen Feijóo y Abascal. Entre otras desgracias, se irían al garete las subidas del salario mínimo, como esta última teatralizada sin la patronal, y la revalorización automática de las pensiones conforme al IPC. Menor intervención pública y más peso privado en detrimento de la mayoría. Reformas flexibilizadoras y recortes de derechos y del gasto social en contraposición a lo que hoy ocurre. No da igual votar a cualquiera. El terrible paisaje español, pintado por la insolencia verbal y la regresión de la derecha extrema y la extrema derecha, es una broma pesada de quienes defienden que los de abajo nunca suban peldaños.
¿Es la sociedad que se quiere y la manera equilibrada de repartir esfuerzos? Ahí tienen la reforma de Milei. Abaratar costos laborales, debilitar a los sindicatos o quitar derechos adquiridos. Una cucharada argentina de la misma sopa. La libertad, ¡carajo!
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